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Zanjas y muros: simbolismo o solución
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02:30 · Chile

Zanjas y muros: simbolismo o solución

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Dr. Juan Eduardo Mendoza P. Director Programa de Estudios Geopolíticos y de Prospectiva Estratégica Universidad de Concepción La reciente decisión del presidente José Antonio Kast de reforzar la frontera norte —con mayor despliegue militar, vigilancia tecnológica y barreras físicas— responde a un fenómeno que se ha intensificado en la última década: el aumento de la migración irregular, la presencia de redes de tráfico ilícito y la percepción de pérdida de control estatal en zonas fronterizas del norte del país.

Este escenario se inserta en un fenómeno más amplio que diversos especialistas denominan el retorno contemporáneo de las barreras fronterizas o “teichopolíticas”. El concepto, derivado del término griego teichos (muralla), describe las estrategias mediante las cuales los Estados construyen muros o sistemas de barreras para cerrar territorios en un contexto paradójico: un mundo económicamente abierto, pero políticamente cada vez más preocupado por el control de sus fronteras. Este tipo de respuestas estatales no es exclusivo de Chile.

En las últimas décadas, numerosos países han optado por reforzar físicamente sus fronteras. Estados Unidos amplió su sistema de barreras con México; varios países europeos levantaron cercos en respuesta a las crisis migratorias; e incluso en regiones de Asia y Medio Oriente se han construido extensos sistemas de control territorial. La proliferación de estos dispositivos refleja una tendencia global: mientras los mercados y las comunicaciones se expanden sin grandes obstáculos, los Estados buscan reforzar las fronteras para regular el ingreso ilegal de migrantes.

Algunas voces consideran que estas medidas son ineficientes. Sin embargo, los muros cumplen funciones múltiples. Primero, convierten en visible lo que antes era una línea legal, materializando la soberanía nacional.

Segundo, operan como dispositivos técnicos destinados a impedir o desviar movimientos considerados indeseables, como los de redes de narcotráfico. Y tercero, tienen una dimensión performativa: proyectan seguridad, orden y control a un público que demanda respuestas tangibles. Por cierto, las construcciones de barreras no resuelven por sí solas los problemas que pretenden solucionar.

Requieren inversión constante en vigilancia y logística; por ello deben ir acompañadas de una mayor presencia estatal —policial, militar, aduanas, SAG—. El reforzamiento en el norte expresa una demanda interna de control territorial que requiere una política fronteriza integral que combine control efectivo con gestión humanitaria, cooperación internacional para desarticular redes ilícitas y políticas públicas de desarrollo en las zonas afectadas. La decisión del gobierno, por tanto, debe trascender la retórica de “la zanja” o “el muro” y contemplar inversiones institucionales, cooperación regional y políticas públicas que aborden las causas y no solo los síntomas.

Solo así la frontera podrá dejar de ser escenario de gestos y convertirse en un espacio gestionado con eficacia y seguridad.

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