Vuelve el culto a la delgadez en redes sociales: expertos alertan riesgos para la salud mental
Lo que parecía una tendencia superada vuelve a instalarse en la conversación pública. A través de plataformas como TikTok, la estética de la delgadez extrema reaparece con fuerza, impulsada por contenidos virales que combinan nostalgia, retos y discursos asociados al “bienestar”, pero que, según especialistas, pueden tener efectos perjudiciales, especialmente en adolescentes. Desde la Universidad de La Serena advierten que este fenómeno no es inocuo.
El psicólogo clínico, académico y coordinador del Centro de Atención Psicológica (CAPSI), Néstor González Durán, explicó que “la exposición reiterada a cuerpos normativos, altamente editados y presentados como alcanzables favorece la internalización del ideal de delgadez o fitness, incrementando la insatisfacción corporal, la auto-objetivación y la vigilancia constante del cuerpo”. En la misma línea, agregó que “Estudios longitudinales y meta-analíticos muestran que esta comparación no es neutra: se asocia a mayor restricción alimentaria, culpa post-ingesta y conductas compensatorias, especialmente cuando el contenido es consumido de forma pasiva y repetitiva”. El especialista también advirtió sobre los mecanismos propios de las plataformas digitales, explicando que “los sistemas de likes, visualizaciones y comentarios actúan como reforzadores intermitentes que consolidan conductas asociadas al control corporal.
Paralelamente, muchas personas utilizan el consumo de contenido corporal o alimentario como una forma de modular ansiedad, culpa o sensación de pérdida de control. El alivio emocional inmediato refuerza el uso, pero a mediano plazo mantiene el problema”. En cuanto a los grupos más expuestos, González subrayó que “la evidencia indica que los adolescentes son más susceptibles a internalizar normas corporales externas y a interpretar la aprobación digital como indicador directo de valor personal y en adultos, en cambio, las redes sociales tienden a desempeñar un rol diferente, menos asociado a la iniciación del trastorno y más vinculado a su cronificación o recaída”.
Frente a este escenario, el académico plantea la necesidad de estrategias más sostenibles que la simple restricción del uso. “desde una perspectiva clínica, la evidencia sugiere que las prohibiciones absolutas del uso de redes sociales son poco sostenibles y, en algunos casos, contraproducentes. Las intervenciones más efectivas incluyen estrategias de alfabetización emocional y digital, como el entrenamiento en detección de disparadores, la reconfiguración consciente del contenido, es decir, dejar de seguir cuentas dañinas, diversificar estímulos, y el fortalecimiento de fuentes alternativas de regulación emocional, ya que el objetivo no es eliminar las redes, sino devolver al paciente la capacidad de elegir cómo, cuándo y para qué las utiliza”.
Educación alimentaria en riesgo El impacto de estas tendencias también alcanza los hábitos alimentarios. La nutricionista del Departamento de Salud Estudiantil de la Universidad de La Serena, Angélica Henríquez Cerna, advirtió que “cuando seguimos una tendencia viral de alimentación, nos desconectamos un poco de nuestra realidad, dejando de escuchar nuestros indicadores de salud como salud digestiva, rendimiento físico, malestares y síntomas, ánimo y energía, etc. y se reduce a la alimentación sólo como una fuente de la cual obtenemos nutrientes y con la cual esperamos alcanzar un cambio físico en particular y no un medio por el cual ofrecemos cuidado, cariño, socializamos, potenciamos nuestras capacidades físicas y cognitivas y hasta celebramos fechas significativas”.
Asimismo, enfatizó la importancia de fortalecer herramientas educativas. “Lo mejor es fortalecer la educación alimentaria y la consciencia corporal, aprendiendo a conocer los indicadores de salud que indican que debemos mejorar; identificando las señales de hambre y saciedad, combinándolo con conocimientos de alimentación que promuevan cambios sostenibles y amigables a nuestra realidad; y priorizando conductas y alimentos que nos aporten salud y energía, versus el enfoque restrictivo que sólo fomenta la ansiedad y culpa”. La influencia de los algoritmos Otro factor clave en este fenómeno es el funcionamiento de los algoritmos de las redes sociales como Instagram, TikTok y X (ex Twitter).
El académico de la Escuela de Periodismo, Pablo Andrada Sola, explicó que “cuando una persona interactúa con contenidos sobre dietas o fitness, el sistema tiende a mostrarle versiones cada vez más frecuentes y extremas de ese tipo de publicaciones, generando burbujas de contenidos donde se normalizan cuerpos irreales y prácticas potencialmente dañinas”. En ese contexto, agregó que “los algoritmos de redes sociales son uno de los principales mediadores de socialización mediada, porque organizan qué vemos, con qué frecuencia y en qué orden, en función de lo que más retiene nuestra atención”. El experto advirtió que este impacto es especialmente crítico en jóvenes.
“Esto es especialmente delicado en la adolescencia, una etapa de alta vulnerabilidad en la construcción de la imagen corporal, porque el cuerpo deja de vivirse como espacio íntimo y pasa a ser evaluado bajo estándares estéticos estrechos, muy vinculados a intereses comerciales y a un modelo de éxito asociado a la apariencia”. Finalmente, Andrada apuntó a la responsabilidad de las plataformas digitales, señalando que “las plataformas tienen una responsabilidad clara, porque no son canales neutros, ya que sus decisiones de diseño, cómo priorizar la viralización y el contenido pagado, influyen en qué mensajes se hacen más visibles y repetitivos”. En esa línea, concluyó que “Esto implica reducir la circulación de contenidos que promuevan dietas extremas o trastornos alimentarios; ofrecer advertencias y recursos de ayuda cuando se detectan interacciones de riesgo; y dar visibilidad activa a contenidos que valoren la diversidad corporal, la salud y el bienestar por sobre el ideal de cuerpo perfecto.
En el caso de adolescentes, esto debería articularse además con herramientas de control parental, mayor transparencia sobre cómo funcionan los algoritmos y colaboraciones con expertos en salud mental y educación, para evaluar el impacto de estas políticas”, insistió.
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