Una señal ambigua
Paula Barros McIntosh Vicerrectora Investigación, Innovación y Postgrado, U. Central El recorte de becas de magíster y postdoctorado en el extranjero es una señal política preocupantemente ambigua. Si la decisión se enmarca dentro de una estrategia deliberada de fortalecimiento del ecosistema CTCI, estaríamos ante un giro posible -aunque discutible- de priorizar la consolidación de capacidades internas.
Dialogar con las universidades y la comunidad científica enriquecería una propuesta en esta dirección, enfrentando estratégicamente el contexto de alta presión presupuestaria, sin perder posicionamiento y competitividad a nivel internacional. Pero ese no parece ser el escenario, al menos por ahora. Hasta el momento no hay anuncios claros en materia de fortalecimiento de capital humano avanzado o de generación de capacidades institucionales, ni de construcción de redes internacionales en I+D+i.
Sin ese complemento, los anuncios pierden potencialidad estratégica y se evidencian simplemente como una contracción. Y eso es grave. Porque las becas han sido un mecanismo clave de inserción en redes internacionales de conocimiento, de formación avanzada y de posicionamiento científico, contribuyendo directamente al desarrollo y crecimiento del país.
Reducirlas sin una política compensatoria debilita directamente nuestra capacidad para producir conocimiento de frontera. Por ello la ambigüedad genera alerta y preocupación. Si el recorte no viene acompañado de una señal clara de inversión en el sistema nacional, entonces no estamos frente a una reforma, sino frente a un retroceso.
Y en ciencia, retroceder no es sólo perder terreno: es quedar fuera en un mundo que está cambiando vertiginosamente.
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