Una mirada al corto y mediano plazo en Chile
El conflicto en el Medio Oriente continúa, con el precio del petróleo WTI fluctuando en torno a entre US$ 90 y US$ 100, muy por encima del nivel preconflicto, y con condiciones financieras globales más estrechas. En este contexto, las proyecciones de crecimiento de las principales economías del mundo empiezan a revisarse levemente a la baja, aun considerando que el escenario base sigue asumiendo un conflicto transitorio. Con todo, la economía mantendría un ritmo de crecimiento algo por encima de 3%, similar al de años previos.
De persistir el conflicto, sin embargo, el mundo crecería menos este año, con más inflación, y presión alcista en las tasas de interés. ¿Y las perspectivas económicas en Chile? Bueno, vamos por partes.
En primer lugar, las recientes Cuentas Nacionales del Banco Central confirmaron un crecimiento del PIB algo superior al esperado en 2025 (2,5%), pero también evidenciaron una pérdida de dinamismo hacia fines del año y comienzos de 2026. El punto de partida para este año es exigente: el carryover estadístico alcanza solo 0,4%, muy por debajo de años previos (2025: 1,4%; 2024: 0,7%), y el Imacec de enero se revisó a una contracción mayor. En este contexto, estimamos que la actividad habría crecido en torno a 1,3% interanual en febrero.
“Estos factores sugieren una pausa –o incluso una moderada reversión- en las revisiones alcistas recientes de crecimiento para Chile, que habían llevado las proyecciones hacia 2,6%. Los fundamentos de mediano plazo siguen siendo favorables”. En segundo lugar, el impulso externo favorable observado a inicios de año comienza a moderarse.
Aun cuando una eventual resolución del conflicto podría reducir el precio del petróleo, es probable que este se mantenga por encima de los niveles preconflicto. A ello se suman mayores costos de fertilizantes y fletes, lo que tarde o temprano tenderá a presionar la inflación local, erosionando ingresos laborales y elevando costos de producción. La depreciación del peso y la elevada volatilidad cambiaria también podrían llevar a una reevaluación de decisiones de inversión y consumo.
En tercer lugar, el mercado laboral aún no muestra señales de una recuperación sostenida, mientras que la inversión fuera de los sectores minero y energético sigue sin despegar con claridad. En conjunto, estos factores sugieren una pausa –o incluso una moderada reversión- en las revisiones alcistas recientes de crecimiento para Chile, que habían llevado las proyecciones desde cerca de 2% hacia niveles en torno a 2,6%. Más allá del corto plazo, sin embargo, los fundamentos de mediano plazo siguen siendo favorables.
La inversión creció 7% en 2025 y debería mantenerse dinámica, apoyada por una agenda proinversión y nuevos proyectos mineros relevantes. Los términos de intercambio continúan elevados desde una perspectiva histórica y la productividad ha encadenado dos años el crecimiento, sugiriendo un mayor potencial de expansión. Así, aunque el corto plazo enfrenta presiones a la baja, la perspectiva de crecimiento de mediano plazo para Chile se mantiene positiva.
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