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Una historia de amor y migración: el polaco que llegó a Chile en 1948 y dio origen a Condi, la cafetería de Ñuñoa que por tres generaciones ha marcado la pastelería local
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08:17 · Chile

Una historia de amor y migración: el polaco que llegó a Chile en 1948 y dio origen a Condi, la cafetería de Ñuñoa que por tres generaciones ha marcado la pastelería local

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En 1948, el barco Marco Polo arriba a Valparaíso. El transatlántico traía a cientos de migrantes europeos que buscaban, en el sur del mundo, comenzar una nueva vida, lejos de la escasez y la incertidumbre de la posguerra. Uno de ellos era Michal Kurasz, polaco de la ciudad de Przemyśl, cerca de la frontera con Ucrania.

Ese viaje marcó el futuro de una de las pastelerías más tradicionales y longevas de Ñuñoa: Condi. El local fue fundado originalmente en 1939 y posteriormente sería adquirido por Kurasz, quien trabajó allí tras su paso por el Hotel Carrera, su primer empleo en Chile. Con una base europea y su cruce con la cultura chilena, la cafetería se ha ganado reconocimiento tanto por su pastelería como por sus sándwiches, entre ellos el Pollo Almendrado.

A pesar de que su sólida identidad se sostiene en la familia y la tradición, el negocio no ha dejado de modernizarse. Hace algunos años, decidieron dejar atrás el emblemático local de Irarrázaval —que colindaba con la casa del patriarca y fundador de la nueva etapa de Condi— y apostaron por un nuevo espacio en Capitán Orellana. Un lugar que, desde la calle, parece desentonar con las pequeñas cafeterías tradicionales de Ñuñoa, esas que funcionan con pocas mesas y un par de garzones.

Condi se alza como un edificio luminoso en medio de la calle. Fue diseñado por la oficina Schwember García-Huidobro Arquitectos y parece sacado de una comuna más al oriente de la capital. Sus escaleras conducen a una terraza, y una mampara da acceso a un cuidado salón con vitrinas donde se exhiben tortas, pasteles, galletas y, por la época, también huevos de Pascua.

Todo se elabora en el segundo piso del local. Con el cambio de local también llegó la expansión del equipo. Hoy son 50 personas las que trabajan en el lugar y, además, el nuevo espacio permitió diseñar desde cero un área de producción para la pasteleria de Condi.

En tortas, una de las más solicitadas es la Tartaleta Saint Honoré, una milhojas francesa rellena de manjar y crema de chocolate y vainilla, decorada con profiteroles rellenos. A más de 60 años de que Michal Kurasz comprara Condi, hoy son su hijo y su nieto quienes están al mando de la operación. Michal se mantuvo trabajando en el local hasta sus últimos días, y su filosofía de trabajo hoy forma parte de los lineamientos de su descendencia: “Me di cuenta de que, trabajando honestamente con tus propias manos, se puede mejorar mucho la existencia”, reflexionaba el patriarca en el libro “Los vaivenes de la historia: Memorias de los polacos en Chile”.

Un nuevo aire Sentado en una mesa redonda del local de Ñuñoa, su hijo Arturo Kurasz Zajaczkowska, cuenta también su historia en Condi, donde comenzó a trabajar en 1978. “Yo fui a trabajar y hacer prácticas en pastelería. Estuve un tiempo entre Suiza y Alemania, y cuando volví entré de inmediato a trabajar en producción, porque eso era, en el fondo, lo que había aprendido”.

“También insistí en potenciar la cafetería. Había estado dos años en Europa y me di cuenta de que allá era fundamental: cualquier negocio de pastelería tenía cafetería. Eso no solo acompañaba la experiencia, sino que además ayudaba a la rotación de los productos, porque se consumía mucho en el lugar”, dice Arturo sobre el sello que intentó darle a Condi.

“En ese sentido, ampliamos el espacio. Como antes eran casas, fuimos sumando metros cuadrados y desarrollando más la cafetería, y ahí empezó a tomar vuelo. Eso debe haber sido alrededor de 1998.

Desde entonces, la cafetería fue creciendo de manera gradual”, dice sobre el giro que comenzó a tomar la pastelería. Ese aumento de metros y el cambio en el servicio también los fue empujando a elaborar otros productos: “Al principio ofrecíamos pasteles, pero no teníamos nada salado. Fueron los mismos clientes quienes empezaron a pedirlo: querían un sándwich a la hora del té, por ejemplo.

Entonces tuvimos que incorporarlos. Después pasó lo mismo con el almuerzo: la gente decía que no podía comer solo algo dulce y que necesitaba una opción salada primero. Y así fuimos ampliando la oferta”, cuenta sobre cómo ha evolucionado la cocina del lugar en los últimos años.

De los primeros años de Condi, el hijo recuerda que predominaban las preparaciones de Europa Central, como recetas con amapola y otros productos que consumía la gente que llegaba. Había croatas, rusos, alemanes; venían de todas partes. Era, en esencia, un punto de encuentro de migrantes europeos.

“Por supuesto, también iba gente de acá, atraída por lo que se ofrecía. En esa época se hacía una pastelería de raíz europea, pero adaptada. Con el tiempo, nosotros incorporamos otros elementos, como el manjar, porque en Europa no existe como tal —allá lo más cercano es la Nutella—, pero acá es fundamental”, dice.

De la guerra a Chile “Michal, empezó la guerra”. Así recuerda Michal el inicio de la Segunda Guerra Mundial en el libro “Los vaivenes de la historia: Memorias de los polacos en Chile”.. Tenía dieciséis años.

“Me dolió que Polonia se convirtiera en un país esclavo”, relata. En 1942 recibió una notificación que le exigía presentarse en el cuartel en Przemyśl. Desde ahí nunca más pudo volver a casa.

Del cuartel —según cuenta— lo trasladaron en trenes de carga a un campo de trabajos forzados. En el campo lo alimentaban con hojas de nabo, a las que agregaban papas para espesar la mezcla. “Soy pastelero porque, después de tres años comiendo solo sopa de patatas, nunca más quise volver a sufrir hambre”.

El campo estaba situado en Flughafen, cerca de Plattling, en Baviera. Allí trabajaba en la construcción de búnkeres donde los alemanes protegían los aviones. Su liberación llegó cuando escuchó los tanques del ejército de Estados Unidos que avanzaban hacia la zona.

En ese periplo interminable de la guerra y la posguerra, conoció a su esposa, Aurelia Zajaczkowska, en 1948, en un campamento de tránsito en Alemania. Millones de personas que habían trabajado en campos de trabajos forzados esperaban salir de Europa y viajar, sobre todo, a América del Norte o del Sur. La profesora de inglés de Michal, en la Organización Internacional de Refugiados, le propuso migrar a Chile.

“¿Dónde queda eso? ”, preguntó, antes de que la profesora le mostrara un mapa y le señalara un país muy estrecho. Aceptó la propuesta.

En la fila para recibir una ración de alimento en el campamento transitorio, escuchó una voz de la que se enamoró. Le cedió su lugar a la mujer; ella le agradeció y eso fue todo. Solo supo que se llamaba Aurelia.

En un principio, ambos debían viajar en el mismo buque, pero a él y a un grupo de migrantes los dejaron abajo porque ya no cabía más gente. Ella subió y viajó a Chile. Él lo hizo en el siguiente transporte: cinco meses más tarde pudo zarpar desde Génova.

Luego volvieron a encontrarse con esa dulce voz, esta vez en un oficio religioso. La nueva generación Hace algunos años también se sumó a trabajar la tercera generación de la familia: Arturo Kurasz Suarez, ingeniero comercial, quien se integró al equipo de Condi. “Estoy en un periodo de aprendizaje, tratando de entender un poco de todo.

Desde lo que hace mi papá hasta la pastelería, aunque mi formación es en Ingeniería Comercial. Aplico mis conocimientos en gestión y en el desarrollo de algunos proyectos, pero también estoy aprendiendo del oficio. A corto plazo, la idea es ir creciendo de alguna forma.

No hablo de abrir muchos locales, sino de desarrollarnos un poco más”, explica. A eso, su padre suma otro momento difícil del antiguo local: en los años 80, la empresa a cargo de las obras de mejoramiento de la avenida Irarrázaval quebró y todo quedó paralizado. La calle permaneció cerrada por un largo tiempo, lo que provocó una abrupta caída en la clientela.

Tal como ha crecido Condi, pero siempre ligado a su historia, también lo ha hecho Ñuñoa, comuna con la que han generado un lazo inquebrantable, a pesar de que la pregunta de por qué no se trasladan a sectores como Vitacura o Las Condes la han escuchado más de una vez. Si Condi ha cambiado, Ñuñoa también lo ha hecho, y eso ha beneficiado al local. “Ha llegado una generación más joven, lo que es súper bueno, porque en algún momento —antes de la remodelación anterior del local— notamos que la clientela se nos estaba yendo y tenía un perfil más bien mayor.

Hoy, en cambio, al almuerzo y durante el día, se ve mucho público joven. Esa generación ha ido llegando y es algo que ya veníamos observando. Todo el sector se ha ido revitalizando: el edificio, el barrio, y ha llegado mucha gente joven”, dice Arturo Kurasz padre.

El padre, además, destaca que nunca han intentado vender el local. “Es una fuente de trabajo y, además, un negocio sano, sin deudas. Es bonito poder trabajar sabiendo que con tus propias manos puedes sostener a una familia”.

La base de Condi Ya en Santiago, Michal empezó a ver a Aurelia en los servicios religiosos del padre Skowronek, vicerrector de la Universidad Católica, quien ayudaba a los polacos y organizaba misas en su idioma. Solo se veían ahí; no había nada entre ellos. Cuando Michal volvía del trabajo, comenzaron a encontrarse en el paradero de bus.

Así empezaron a salir una vez por semana, los sábados o domingos, siempre acompañados por la hermana de Aurelia. Un día, luego de tres meses de salidas, ella le dijo que tenía “planes muy serios para el futuro”. Él no se sentía listo para el matrimonio y no quería defraudarla.

Su idea era trabajar, ahorrar dinero y recién después pensar en formar una familia. Creía que las mujeres buscaban una vida cómoda y, en ese momento, no podía garantizársela. Pero Aurelia lo sorprendió.

“No te preocupes, vamos a trabajar los dos juntos y así nos ganaremos la vida”. Se casaron el 19 de noviembre de 1951. Juntos sentaron las bases de Condi, y ella también trabajó durante toda su vida en el local.

“Nunca esperé un gesto tan espontáneo e inocente de una mujer tan delicada”, recordó Michal sobre el amor de su vida, que fue el pilar en la construcción de Condi.

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