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"Un problema crónico": Las deudas del Estado con la ciencia y el complejo "acomodo" del ministerio
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04:03 · Chile

"Un problema crónico": Las deudas del Estado con la ciencia y el complejo "acomodo" del ministerio

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La ciencia en Chile se ha transformado en el centro del debate en las últimas semanas, a raíz de los recortes encargados por Hacienda a los ministerios, además de los dichos del Presidente José Antonio Kast respecto a las investigaciones. El pasado 6 de mayo, durante una actividad en Puerto Montt, el Presidente sostuvo que "a veces $100 millones, $500 millones, para una investigación que termina en un libro precioso, empastado, en la biblioteca. ¿Cuántos trabajos generó?

Ninguno". En la instancia, el Mandatario también sostuvo que los recursos destinados a la investigación deben tener un "encadenamiento productivo", y planteó que se revisara el resultado de los fondos entregados a centros de educación. Los dichos activaron la molestia de científicos e investigadores.

El 10 de mayo, más de 30 sociedades científicas publicaron una carta titulada "Ciencia, conocimiento y medio ambiente: bienes que Chile no puede sacrificar", donde enfatizan que el concimiento científico "no se sostiene por la inercia", sino que requiere financiamiento estable, instituciones sólidas y trabajo acumulado durante años. También hubo reparos entre académicos, organizaciones de investigación, y rectores universitarios. Otras voces del área, consultadas por Emol, respaldan los tres puntos clave de la carta, señalando que además de los pocos recursos destinados a I+D en el país -Chile invierte cerca del 0,34% al 0,39% del PIB, muy por debajo del promedio OCDE de 2,7%-, sino que también en poner los incentivos en el carril correcto.

El problema trasciende a los gobiernos de turno: pasa por una suerte de indefinición o dificultad del Estado para potenciar la ciencia, pero también por una mirada de la sociedad en su conjunto -cultural, si se quiere-, a la que le cuesta visualizar la investigación como un elemento pivotal para el tan codiciado desarrollo. Anil Sadarangani, director de Innovación U. Andes, plantea así el escenario: "Es un tema más macro, que abarca más de un gobierno de turno.

El caso tiene que ver, más que nada, con un país que que nunca ha apostado por la innovación, ya sea al sector privado, sobre todo el empresariado, obviamente, ni al sector público. La clase política, también no entiende la importancia de la ciencia, y la ciudadanía tampoco lo pide como condición de desarrollo". En la misma línea, Rodrigo Gutiérrez, director alterno del Instituto Milenio de Biología Integrativa, iBio, subraya que "el Estado de Chile falla frente a la Ciencia porque aún no la trata como una política estratégica de Estado, estable, suficiente y de largo plazo.

Sin ciencia, enseñamos y vivimos en el pasado. Con ciencia, inventamos nuestro propio futuro". Ministerio de Ciencias en gobiernos anteriores Un ejemplo reciente e ilustrativo es el breve pero significativo escenario que ha tenido el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, creado el 13 de agosto 2018 en Chile, y cuya puesta en marcha formal no comenzó hasta octubre de 2019.

El primer titular de la cartera fue Andrés Couve. Durante el gobierno del ex Presidente Gabriel Boric la cartera de Ciencias enfrentó una serie de complejidades, marcadas -entre otros elementos- por la alta rotación de autoridades. En cuatro años, hubo cuatro ministros: Flavio Salazar, quien estuvo seis meses en el cargo; Silvia Díaz, quien también alcanzó a estar sólo seis meses; Aisén Etcheverry, quien enteró 1 año y 4 meses en la cartera, para luego pasar a ser asesora de Presidencia; y Aldo Valle, quien completó los 8 meses hasta el término del gobierno.

La alta rotación de autoridades entregó una mala señal a nivel de estabilidad institucional, sino que también abrió cuestionamientos en torno a la posibilidad de implementar políticas de largo plazo, y el debilitamiento del rol estratégico de dicha cartera para el desarrollo del país. "El Ministerio de Ciencia no puede seguir siendo una promesa inconclusa. Debe ser consolidado como articulador del desarrollo justo y sostenible que Chile necesita", planteó en una carta en El Mercurio el exministro Flavio Salazar a fines de julio del año pasado, en el contexto de la salida de Etcheverry.

La salida de Etcheverry es, para algunos, una muestra del uso de la cartera de Ciencia más como un trampolín que como un compromiso real con el área. Leonel Rojo, director de la Unidad de Vinculación con el Medio de la Facultad de Química y Biología de la Usach, subraya que "la ex ministra de Ciencia terminó cambiándose de cartera, pasó a estar ocupando otras posiciones en el gabinete, lo cual habla del interés político que tenía para ser parte de un gabinete, y luego usar ese trampolín de ministra de Ciencia para adquirir otros roles y abandonar derechamente la ciencia; no defendió tampoco el presupuesto de Ciencia y Tecnología, por lo tanto, este siguió siendo paupérrimo". Complejo arranque de Lincolao Con el cambio de gobierno, asumió en Ciencia la ministra Ximena Lincolao, quien tuvo un complejo arranque, tras resultar agredida por alumnos de la U.

Austral. Parte de las consignas que se gritaron en su contra apuntaban a los recortes de presupuesto que había anunciado el Gobierno. Días antes, Lincolao había señalado en Comisión de Ciencia de la Cámara de Diputados una baja en el presupuesto de la cartera -que pasaría de $588 millones a $565 millones-.

En ese sentido, explicitó que "la reducción que estamos haciendo es para este año, lo que no implica que no podamos discutir en forma diferente el presupuesto para el año que viene,(... ) eso depende de como esté la economía. Y una de ellas van a ser las becas del magíster y posdoctorado en el extranjero".

La reciente renuncia del subsecretario Rafael Araos está cruzada por dos versiones. Primero, se conoció que se habría negado a despedir a 40 personas por encargo de Lincolao -esto, en el contexto de la conocida baja de recursos-, y la ministra aludió a "diferencias de estilo y trabajo". El oficialismo, en tanto, defendió el periodo de "ajustes" en la nueva administración.

Ambos versiones, de todas formas, vuelven a reforzar las complejidades al interior de la cartera que en ocho años de existencia no ha logrado consolidarse con una narrativa y un quehacer consistente, ni ocupar a cabalidad el rol para el que fue creado. "El ministerio de Ciencias se creó por un tema de presión, va a cumplir 10 años en un par de años más, y todavía no tiene el peso específico que tienen otros ministerios, y no tiene ningún músculo presupuestario propio, entonces es complejo articular necesidades que defiendan al país", cuestiona Sadarangani. Financiamiento e incentivos: "Un problema crónico" "La ciencia en Chile tiene un problema crónico, y es que no tiene importancia para el Estado", dice el académico Leonel Rojo, de la Usach.

Esto lleva a que la ciencia sólo sea "vista" cuando ocurren eventos como pandemias, desastres naturales, eventos climáticos, u otras, situaciones de índole sanitaria o agrícola, ente otras. El problema, dice Rojo, radica en que si bien Chile tiene una respuesta muy buena, no tiene desarrollo de tecnología. Los expertos plantean que cuando se compara Chile con la OCDE, la comparación más incómoda es con los países que partieron, parecidos a nosotros, y que decidieron cambiar.

"Corea del Sur en los 70's, Israel en los 80's. Ambos hicieron una decisión deliberada, con consenso transversal y que se se ha sostenido por décadas, independiente del gobierno, transformar su matriz productiva a través de la ciencia. Chile todavía no ha tomado esta decisión, y es la conversación que creo que que nos falta como país", destaca Sadarangani.

Rojo advierte que además del financiamiento, es clave poner los incentivos correctos, "y en este momento no están en el camino correcto, ya que actualmente están más centrados en la carrera académica; es decir, en publicar un artículo científico que tiene un costo aproximado de $3 millones, para aumentar los indicadores de entidades como universidades, y ese es básicamente es hoy el indicador primordial". Eso lleva a que otros indicadores, como la posible transferencia de tecnología a la sociedad, no sean puestos en valor. Esto lleva, como consecuencia, que "la ciudadanía no conozca el resultado de las investigaciones científicas y tampoco las valore demasiado".

"Si el sistema de ciencia y tecnología en Chile pudiera transitar al desarrollo de tecnologías basadas en conocimiento universitario, podríamos volver a apreciar la investigación", subrayó.

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