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Ucrania: 1.500 días de una guerra sin final a la vista
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01:02 · Chile

Ucrania: 1.500 días de una guerra sin final a la vista

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Producto de la guerra que Estados Unidos, Israel e Irán están librando en el Golfo Pérsico desde hace más de un mes, muchos otros temas y conflictos de importancia mundial han quedado en un segundo o tercer plano. Y, lamentablemente, uno de ellos es que este 3 de abril se cumplen 1. 500 días desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala contra Ucrania, iniciada el 24 de febrero de 2022 por orden de Vladimir Putin.

Aquella madrugada, marcada por ataques con misiles sobre Kiev, Járkov y Odesa, fue concebida en el Kremlin como una operación breve destinada a decapitar al gobierno de Volodimir Zelenski y reinstalar una zona de influencia directa sobre Ucrania. Cuatro años después, esa apuesta no solo fracasó, sino que detonó una de las mayores transformaciones del orden internacional desde el fin de la Guerra Fría. En términos estrictamente militares, la guerra ha mutado desde una ofensiva de maniobra a un conflicto de desgaste industrial.

Tras el fracaso ruso en Kiev en marzo de 2022, el frente se desplazó al este y sur, donde batallas como Severodonetsk (2022), Bajmut (2023) y Avdiivka (2024) evidenciaron un retorno a dinámicas propias del siglo XX: artillería masiva, líneas de trincheras y altísimas tasas de bajas. Diversas estimaciones occidentales sitúan las pérdidas totales -entre muertos y heridos- por sobre el medio millón de efectivos en ambos bandos. Rusia tuvo que movilizar más de 300.

000 reservistas desde septiembre de 2022 y sostener un esfuerzo militar que en 2025 ya consumía más del 6% de su PIB, mientras Ucrania ha dependido crecientemente de la asistencia externa para sostener su capacidad de combate. Ese apoyo ha sido decisivo. Estados Unidos ha comprometido más de US$75.

000 millones en ayuda militar, económica y humanitaria, incluyendo sistemas como HIMARS, misiles ATACMS y defensas antiaéreas Patriot. La Unión Europea, por su parte, aprobó el Ukraine Facility por 50. 000 millones de euros para el período 2024–2027, además de programas de entrenamiento y suministro de municiones.

Este flujo de recursos no solo ha permitido la supervivencia del Estado ucraniano, sino que ha transformado a Ucrania en el principal laboratorio de la guerra contemporánea, donde convergen drones, inteligencia satelital y guerra electrónica en una escala inédita. Sin embargo, el impacto más profundo de estos 1. 500 días no está en el frente, sino en la arquitectura del sistema internacional.

La invasión rusa sepultó definitivamente la idea de una Europa post-conflicto. Alemania anunció en febrero de 2022 un fondo extraordinario de 100. 000 millones de euros para modernizar la Bundeswehr, rompiendo décadas de contención estratégica.

Finlandia ingresó a la OTAN en 2023 y Suecia en 2024, ampliando en más de 1. 300 kilómetros la frontera directa entre la Alianza Atlántica y Rusia. El concepto de “dividendo de la paz” quedó archivado.

Al mismo tiempo, la guerra aceleró la formación de bloques. Moscú ha profundizado su relación con Teherán -que le ha suministrado drones Shahed-136 utilizados contra infraestructura energética ucraniana- y con Pyongyang, que ha aportado proyectiles de artillería e incluso tropas. China, sin involucrarse militarmente, ha reforzado su vínculo económico con Rusia: el comercio bilateral superó los US$240.

000 millones en 2025, un récord histórico que ha permitido a Moscú amortiguar parcialmente el impacto de las sanciones occidentales. Este alineamiento configura un eje que desafía abiertamente el orden liderado por Estados Unidos (a pesar de la agresiva política exterior de Donald Trump). El impacto económico ha sido igualmente global.

En 2022, el precio del gas natural en Europa llegó a multiplicarse por cinco, forzando una reconfiguración acelerada del mapa energético europeo. Alemania, Italia y otros países redujeron drásticamente su dependencia del gas ruso, recurriendo a proveedores como Noruega, Estados Unidos y Qatar. En paralelo, la interrupción de exportaciones de granos desde el mar Negro -región que antes de la guerra concentraba cerca del 30% del comercio mundial de trigo- generó presiones inflacionarias y crisis alimentarias en países altamente dependientes de esas importaciones, especialmente en África y Medio Oriente.

A 1. 500 días del inicio de la invasión, la guerra en Ucrania ha dejado de ser un conflicto regional para convertirse en el eje estructurante de una transición global. No solo ha redefinido las doctrinas militares -con el uso masivo de drones y la centralidad de la guerra de desgaste-, sino que ha reconfigurado alianzas, acelerado la competencia entre grandes potencias y erosionado los principios que sustentaban el orden internacional posterior a 1991.

La pregunta ya no es únicamente cuándo terminará esta guerra, sino qué tipo de sistema internacional emergerá de ella. Porque si algo han demostrado estos 1. 500 días es que Ucrania no es solo el escenario de una guerra, sino el epicentro de una disputa mayor: la que definirá las reglas, los equilibrios y los límites del poder en el siglo XXI.

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