Trumpismo: culto a la personalidad y mesianismo
Una nueva polémica gira en torno a la figura del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Hace algunos días se masificó la noticia de la instalación de una estatua dorada en uno de sus campos de golf en Doral, Florida, situación que generó diversas repercusiones mediáticas y políticas. Lo más llamativo del episodio es que la ceremonia fue encabezada por un grupo de pastores simpatizantes del mandatario, reforzando la dimensión pseudo-mesiánica que ciertos sectores atribuyen a su persona.
Lee también... "No es un becerro de oro": pastor evangélico defiende inauguración de una estatua de Trump Sábado 09 Mayo, 2026 | 18:29 Este hecho no es aislado. Anteriormente, el propio Trump compartió en Truth Social una imagen suya en la que aparecía representado como si fuera Jesucristo.
Posteriormente, el contenido fue eliminado bajo la explicación de que habría existido una confusión y que, supuestamente, la imagen en realidad lo retrataba como un médico de la Cruz Roja. Sin embargo, más allá de la anécdota, lo ocurrido revela una tendencia mucho más profunda: la creciente sacralización de determinados liderazgos políticos contemporáneos. El culto a la personalidad por sobre el juicio crítico En efecto, la constante exposición mediática del mandatario norteamericano permite dilucidar cómo el culto a la personalidad continúa manifestándose de manera exacerbada en el siglo XXI.
Las plataformas digitales han amplificado este fenómeno, facilitando la construcción de imágenes idealizadas y, muchas veces, distorsionadas de los líderes políticos. Ya no se trata únicamente de propaganda en el sentido clásico, sino de la consolidación de figuras públicas convertidas en símbolos prácticamente incuestionables. El problema aparece cuando el entorno político y social que rodea al líder se vuelve incapaz de señalar sus excesos o contradicciones.
Lo anterior recuerda el cuento de Hans Christian Andersen titulado El traje nuevo del emperador, donde todos observaban que el emperador estaba desnudo, pero nadie admitía la evidencia por miedo, conveniencia o presión grupal, lo que terminaba generando aceptación sin juicio crítico. El peligro del mesianismo político Así, uno de los riesgos más complejos del culto a la personalidad es el surgimiento de una lógica mesiánica. El líder comienza a ser presentado —y a veces a percibirse a sí mismo— como un “escogido” destinado a salvar a un pueblo, restaurar una nación o incluso redimir una civilización entera frente a supuestas amenazas morales y culturales.
En el caso de Trump, esta narrativa ha sido particularmente visible en ciertos sectores del evangelicalismo estadounidense, donde parte de sus seguidores lo describen como un instrumento providencial. Ahora bien, el asunto de fondo no radica solo en la religiosidad de un líder o de sus partidarios, sino en la utilización de símbolos sagrados para legitimar proyectos personales o ambiciones sesgadas que distan de la realidad. Debido a que cuando la política adopta rasgos mesiánicos, el adversario deja de ser un simple opositor y pasa a transformarse en un enemigo al cual hay que derrotar a toda costa.
Un Nabucodonosor contemporáneo Si bien el grupo de pastores adherentes desmintió que la estatua fuera un “becerro de oro”, haciendo alusión al ídolo levantado en el desierto por los israelitas, no obstante, la Biblia retrata un patrón recurrente de líderes que mostraron un culto a la personalidad. Precisamente, uno de los casos más conocidos se encuentra en el libro de Daniel, donde el rey Nabucodonosor II erige una enorme estatua de oro con el propósito de recibir reverencia y adoración, lo que muestra cómo quien posee el poder suele absolutizarse a sí mismo. En este sentido, la célebre frase de Lord Acton: “El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente” tal parece que aún tiene vigencia.
Ya que cuando una figura política alcanza altos niveles de influencia, fácilmente puede surgir la tentación de situarse por encima de toda crítica, como si estuviera más allá del bien y del mal. Por supuesto, Trump no es el primero ni será el último líder en representar este fenómeno. El culto a la personalidad atraviesa ideologías, partidos y épocas históricas, logrando encontrarse tanto en movimientos de izquierda como de derecha, en democracias o regímenes autoritarios.
El problema no es solamente político, sino profundamente antropológico: la tendencia a convertir personas falibles en ídolos contemporáneos. Sacralización de la política Asimismo, el apóstol Juan advertía en sus epístolas sobre el peligro de los ídolos y de los falsos cristos. Y, aunque estas palabras poseen un sentido teológico, también pueden leerse desde una perspectiva política y social, pues las epístolas fueron escritas en medio de tensiones imperiales, disputas de poder y fuertes crisis colectivas.
Lee también... Trump lanza nuevo dardo al Papa y se muestra como Jesús: fue criticado incluso por el presidente iraní Lunes 13 Abril, 2026 | 11:09 Aun cuando, el cristianismo ya no es objeto de persecución -como lo fue durante los primeros siglos por parte del Imperio romano- eso no quita que actualmente se encuentre inserto en un escenario de enorme pluralismo religioso, ideológico y mediático, que lamentablemente tiende a tergiversar su auténtica esencia. En ese contexto, resulta interesante observar cómo el apoyo a Trump proviene de sectores muy diversos: neopentecostales, protestantes tradicionales e incluso algunos grupos de católicos conservadores.
La consecuencia es una peligrosa hibridación entre convicciones religiosas y preferencias políticas, donde la fe deja de orientar críticamente la acción pública y pasa a funcionar como un mecanismo de legitimación partidista. Evidenciando el verdadero riesgo, ya que la política pasa de ser un espacio de deliberación a transformarse en una forma de devoción emocional hacia líderes convertidos en figuras virtualmente sagradas.
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