Trump, Kast y la lucidez de una niña: las amenazas en colegios y la salud mental
Me ha sorprendido este inicio de año el nivel de desregulación emocional con que han llegado mis pacientes, que suelen tener entre 4 y 12 años. Una niña de 12 me dio una clave para poder entender. Me preguntó, en medio de la sesión “¿El día martes, cuando se cumpla la advertencia de Trump a Irán, si ellos no hacen caso, se va a acabar el mundo?
” No me preguntó sobre sus papás, sus amigas o sus compañeros. Me preguntó si el mundo se acababa. Si pensamos solo en el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán, llevamos casi dos meses viviendo con un ruido de fondo permanente: un presidente de la primera potencia mundial que gobierna desde la furia y la desregulación emocional, amenazando países, destruyendo alianzas, normalizando la violencia retórica como herramienta política.
Ese ruido llega a Chile. Lo sienten los adultos, lo sienten las familias, y —por supuesto— lo sienten los niños, niñas y adolescentes. A ese contexto global, sumemos el nuestro.
El gobierno de Kast ha instalado una comunicación política basada en la urgencia permanente, mensajes que no solo hablan de crisis sino de una país falsamente destruido. A ratos, da la impresión que tanto Trump como Kast, funcionan con una estrategia deliberada de generar en la ciudadanía un estado de estrés crónico. Y más complejo aún, un estado de confusión por exceso y por amenazas que se hacen y luego, se deshacen.
Los datos más recientes que tenemos sobre salud mental infantil (Defensoría de La Niñez, 2023; Universidad Andrés Bello, 2024) hablan de más un un 50% de niños y niñas con sintomatología ansiosa y depresiva, cifras que llegan a un peak a los 12 años, la edad de mi paciente. La evidencia es clara, hay un aumento sostenido de ansiedad, depresión y conductas autolesivas en menores de 18 años, un sistema de salud pública que no da abasto y listas de espera en psicología y psiquiatría infantil que son una vergüenza sanitaria. Esto sí debería generar un estado de alarma permanente, eso si debería ponernos furiosos; basta de ignorar la salud mental de nuestras niñas y niños.
Desde la psicología del desarrollo sabemos hace ya mucho tiempo que nuestra mente crece en contextos de apego seguro, es decir vínculos estables y amorosos; condiciones de seguridad y predictibilidad ambiental; adultos que regulan nuestras emociones y que tienen capacidad para poner en palabras emociones complejas y ayudarnos a elaborarlas. Nuestros niños y niñas necesitan contextos de calma. Lo contrario a adultos en estado de alarma permanente, discursos de amenaza y respuestas autoritarias frente a la desregulación.
Si “escuelas seguras” se instala como un dispositivo de control, amenaza y vigilancia, no es una política de salud mental, es una política de contención de síntomas que ignora completamente las causas de la desregulación afectiva de nuestros niños y niñas. Genera más desregulación y finalmente más problemas. Desde este lugar, quizás no debería sorprendernos una ola de adolescentes proponiendo desafíos violentos y brutales a través de TikTok.
Quizás más bien, debería avergonzarnos. A quienes toman decisiones y tienen el privilegio de poder comunicar masivamente, por favor piensen dos segundos lo que sus comunicaciones generan en la salud mental de niños, niñas y adolescentes. Lo último que merecen es un mundo adulto que les enseña que se lidera desde la furia y el autoritarismo, que la emergencia es el estado basal y que la violencia se soluciona con detectores de metales.
Psicología y política en general no van de la mano, pero quizás lo que la experiencia me ha enseñando trabajando hace muchos años con niños y niñas emocionalmente desregulados, pueda servir de algo. Los límites claros y firmes son muy importantes para el desarrollo emocional infantil, sobre todo cuando vienen desde un lugar amoroso y protector. “Por ningún motivo te vas a subir al auto sin cinturón de seguridad porque te puede pasar algo malo y eso no lo voy a permitir”.
Esos límites cotidianos que tienen un rol formativo, son parte junto al apego seguro, de lo que genera condiciones óptimas para el desarrollo. Sin embargo, cuando en la consulta me topo con niñas y niños altamente desregulados y con muchas conductas agresivas o impulsivas, la firmeza punitiva jamás funciona. Ojalá funcionara, sería mucho más simple mi trabajo.
Niñas y niños responden cuando se les reconoce en su singularidad, cuando uno trata de entender sus mundos, cuando se generan condiciones que permitan pasar de la acción impulsiva a la reflexión, cuando se nombran sus afectos. Esto les devuelve la calma. Y aunque esté de más decirlo, les devuelve la calma, cuando los contextos en los que viven, micro y macro, no están permanentemente generando alertas y amenazas.
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