Triple crimen de los carabineros en Cañete: el determinante relato del Testigo Protegido 2
“¡Éntrate, mierda! ”, fueron las únicas palabras que el Testigo Protegido 2 (como fue designado en el juicio) alcanzó a distinguir antes del triple crimen de los carabineros que fueron asesinados la noche del 26 de abril de 2024 en el sector Antiquina de Cañete. La frase, repetida varias veces en el juicio que culminó recientemente con una condena de cadena perpetua (además de otros penas) en contra de los hermanos Tomás, Yeferson y Felipe, evidencia no solo que estuvo cerca de los ahora condenados cuando estos se aprestaban a cometer el crimen, sino algo que recién emergió a la luz durante dicho proceso judicial: que el Testigo Protegido 2 (TP2) estaba en la patrulla de Carabineros cuando comenzó el ataque, cometido por sus sobrinos.
Según su relato, entre las 23:00 horas y la medianoche él estaba durmiendo cuando, como todas las noches, llegaron los carabineros a “sacarle la firma”, dado que cumplía una medida cautelar por un delito de menor gravedad, algo que sus sobrinos, especialmente Tomás y Felipe, sabían muy bien. De hecho, le habían preguntado varias veces al respecto e, incluso, en los días previos, Tomás le apuntó al pecho con una escopeta cuando él le dijo que no quería tener nada que ver con la idea de sus familiares, quienes le dijeron derechamente que pretendían emboscar a los uniformados, con el fin de robarle sus armas. Esa noche, cuando llegaron los policías a la parcela de Antiquina (20 kilómetros al sur de Cañete), escuchó el “pato” de los policías, es decir, la clásica sirena de las patrullas policiales.
Ante ello, dijo a los jueces de Cañete, con la misma voz temblorosa que la noche de los hechos llamó al 133: “Salí de mi casa y me acerqué al vehículo de Carabineros… y me abrió la puerta de detrás del copiloto para poder firmar una hojita que todas las noches tenía que firmar”. Fue en ese momento cuando “sentí un arma en mi cuello, entre mi cuello y mi cara”. Aunque dijo no saber detalles de ella, precisó que se trataba evidentemente del cañón de un arma larga y que, luego de ser conminado a irse de allí, “traté de darle aviso a Carabineros”.
Cabe recordar que una de las grandes incógnitas que planteaba este caso en sus inicios era cómo había sido posible que los asesinos accedieran al interior de la Nissan Navara blindada de los policías. Parte de la explicación se conocía: antes de la emboscada, los condenados vigilaron el sector por varios días y, de ese modo, la noche del ataque, cortaron los alambres púa del sector (a fin de poder escapar) y además cerraron la tranca de acceso a la parcela donde los carabineros debían acudir a sacar la firma, con el fin de obligarlos a bajar a abrirla, pero las cosas no ocurrieron de ese modo, pues al tocar el “pato” lo que sucedió es que el dueño de casa salió y caminó hacia el vehículo policial. Fue ese momento cuando los atacantes accedieron al móvil por la puerta trasera, aprovechando que el testigo protegido estaba firmando allí.
Luego de ser conminado a retirarse, el testigo relató con la misma voz temblorosa que “solo corrí hacia mi casa”, pero en realidad –como él mismo explicó– “quedé como bloqueado, choqueado” y, por ende, si bien corría en dirección a la vivienda, no entró de inmediato en ella. Ante eso su pareja salió y le gritó, preguntando qué sucedía, que por qué le disparaban. “Corrí hacia ella, la agarré, entré con ella, nos escondimos”, relató, agregando que mientras él trataba de resguardarse junto a su conviviente y uno de sus hijos, afuera “la camioneta seguía allí, se escuchaban disparos” y él pensaba que luego serían víctimas de lo mismo.
Ante ello trató de comunicarse con Carabineros y pedir ayuda, pero como en una película de suspenso nadie respondía. “Llamamos dos o tres veces, llamé, insistía”, pero no lograba que el 133 le respondiera. Finalmente, cuando le contestaron, “como que no me creían”, explicó ante los jueces.
De acuerdo con el registro de la Central de Comunicaciones de la Prefectura de Carabineros de Arauco, dicho llamado entró a las 23:25 del 26 de abril. El dramático audio de dicha llamada, sin embargo, revela más bien que al policía que atendió el llamado le costó entender el relato, dado el nerviosismo del denunciante. La siguiente es la transcripción inédita de dicha llamada: TP2: Buenas noches.
Carabinero: Dígame. TP2: ¿Me escucha? Carabinero: Sí.
TP2: Es que hay un tiroteo… afuera de mi casa, yo firmo en la noche. Carabinero: ¿En qué parte? TP2: En Antiquina, Las Vegas, amigo.
Carabinero: ¿De qué parte? ¿De qué parte está llamando? Antiquina… TP2: Sí, casi me dispararon.
Carabinero: Gánese en un lugar seguro, manténgase… TP2: Sí, sí estoy con mi señora, mi hijo, se pueden meter pa’ mi casa. Yo estoy firmando, amigo, estoy firmando. Carabinero: Ya.
Antiquina, ¿cierto? Algún… algún… ¿alguna cercanía, algo? TP2: Las Vegas, Las Vegas bajo.
Carabinero: ¿Las Vegas? TP2: Por la medialuna. Carabinero: La medialuna, la medialuna.
TP2: Sí. Amigo, por favor, apúrese que me (ininteligible). Carabinero: Espéreme un segundo.
TP2 (sic): Escúendete, escuéndete (ininteligible) mi hijo, mi amor. Ve a mi hijo, ve, hijo. TP2: Casi me dispararon, amigo.
Carabinero: ¿Le dispararon a usted o eran tiroteos afuera de la casa? TP2: No, no, no, (inteligible), al vehículo, casi me dispararon. Yo iba llegando al lado a firmar.
Carabinero: ¿Le robaron su vehículo? TP2: No, no, si es un vehículo… es la camioneta de los carabineros… no se ve nada, no se ve nadie pa’ fuera, amigo. Amigo, venga luego, por favor.
Estoy solo con mi hijo, amigo, me pueden venir a matar… Carabinero: Antiquina… ¿y quién disparó? ¿Carabineros? TP2: No sé, amigo, no sé, yo salí arrancando, Carabinero: Ya, cómo dijo que pasó la camioneta de Carabineros… TP2: No, si le dispararon a la camioneta de los carabineros, vengan a ayudarme.
Carabinero: Ya. TP2: No sé si hay carabineros heridos. La camioneta está ahí afuera estacionada, amigo.
Ayúdennos, por favor, oiga. Carabinero: (Ininteligible). TP2: Sí, una emergencia, no un juego, oiga.
De acuerdo con lo estampado en el fallo del Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Cañete, el ataque duró cerca de tres minutos. Luego de ello, el testigo “se asomó por la ventana a observar y pudo ver que había tres o cuatro focos alumbrando al suelo, como buscando cosas. Uno de los focos como que cayó el suelo.
Posteriormente escuchó que la camioneta se retiró al norte y los perdió de vista”. Llamada del TP2 a Carabineros: Los otros llamados Sin embargo, el telefonema del TP2 no fue el único que sirvió a los investigadores para determinar la forma en que ocurrieron los hechos, sino también destacan en ese aspecto las llamadas que Carabineros interceptó entre Wendy Quintre y su pareja, Tomás Antihuén, quien –hay que recordarlo– se mantuvo prófugo casi un año. Además de amenazas de muerte de este hacia ella y su padre, la sentencia también precisa que en una de ella la mujer “pone al tanto a Tomás que cerca de su casa andaba la policía con detectores de metales, que se escuchaba el dron que andaba en la bodega, arriba de la casa, y que había una gran presencia policial”.
En otro llamado, del 21 de mayo de 2024, “Wendy le recrimina a Tomás que si se va a Santiago lo van a pillar de inmediato, dando a entender que la policía lo estaba buscando”. A su hermano Yeferson, en tanto, le entró una llamada el 7 de mayo de 2024, efectuada por un hombre que no se pudo identificar, quien le dijo “conchetumadre, están aquí, huevón”. Algo parecido sucedió con los llamados entre el cuarto condenado (Nicolás Rivas Paillán, quien proveyó a los Antihuén con una escopeta que se usó en el atentado) y su padre, Belisario, así como entre este y la hermana de Nicolás, Alexandra.
Precisamente, en un llamado entre Belisario y Alexandra, el 29 de mayo de 2023, el primero le preguntaba a su hija si Nicolás “ha llegado por allí”. Ante ello, la mujer respondió que no y Belisario dijo que “para mí que anda hueviando en la reunión que íbamos a ir nosotros”, agregando que “cuando lo agarren los carabineros ahí va a quedar tranquilo”. Frente a ello, Alexandra le respondió que “déjalo nomás, hombre, déjalo que lo agarren un día y que lo tengan encerrado”.
“Que no se cabree el huevón, digo yo”, contestó el padre, agregando que “ya me tiene cabreao. Dan ganas de mandarle los pacos”, indica la sentencia. El 13 de junio, Nicolás llamó a su padre, a quien le preguntó si “las otras cuestiones las sacaste de ahí”, en referencia a la escopeta.
“No, las tapé con basura y cuestiones, ni se nota la huevá”. En otro diálogo entre el padre y la hija (del 2 de julio de 2024), esta, refiriéndose a su hermano, señala que “tenía la cuestión de escopeta escondida y la sacó el huevón, no sé para dónde salió con la escopeta, porque aquí andaba con un cabro de Lleu Lleu, un cabro Antihuén”, aseveró, confirmando de ese modo el vínculo que la policía ya sospechaba. Horrible delito En su testimonio ante el tribunal, Rivas Paillán aseveró que hacia 2023 “yo empecé a descargarme, esto es, a hacer mal las cosas” y que “en ese mismo tiempo empecé a tener malas juntas, malas influencias”, entre ellas, la de los hermanos Antihuén, de quienes dijo que “se sabía que andaban en malos pasos”, dijo, explicando que entre otras cosas robaban animales.
El 25 de abril, señaló (sic): “Tomás derechamente, en ese momento, me pidió la escopeta para un robo a unos carabineros y que por lo general esos carabineros iban a sacarle una firma a unos sujetos. La idea era robar el armamento a los carabineros, solamente eso, y se pretendía hacer al día siguiente en la noche”, pero, según él, se negó a participar “porque lo encontraba muy peligroso, ya que era un robo hacia personas que de por sí iban armadas”. Después calificó lo ocurrido como “este horrible delito”, asegurando que “lamento enormemente lo que le ocurrió a esas personas y a sus familiares”.
Pese a ello, el tribunal terminó condenándolo a una pena de 17 años como autor colaborador del homicidio de los suboficiales mayores Carlos Cisterna Navarro, Sergio Arévalo Lobo y Misael Vidal Cid, así como a otros cinco años y un día como autor colaborador de robo con violencia. Los jueces Marcos Pincheira, Ricardo Piña y Julio Ramírez condenaron a los hermanos Tomás, Felipe y Yeferson Antihuén Santi a presidio perpetuo calificado por el homicidio calificado de los carabineros, así como a otros 10 años y un día por robo con violencia y otros 5 años por el incendio de la camioneta. Tomás, además, recibió otros 10 años como autor de tenencia ilegal de arma de fuego, además de otras penas menores.
Yeferson, a su vez, recibió 19 años por una serie de delitos vinculados a un asalto a mano armada que cometió en Contulmo, en 2023. Felipe, en tanto, recibió otros tres años y un día por tenencia ilegal de arma de fuego. Cabe recordar además que, como informó El Mostrador, Yeferson y Tomás están imputados por el homicidio de su cuñado, a quien ultimaron de un disparo a quemarropa, perpetrado con un fusil, en 2022.
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