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Todos los papeles de Mara Sedini: el perfil de la vocera que fue hockeysta, actriz que soñó llegar a Broadway y opinóloga política con guantes de box
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08:05 · Chile

Todos los papeles de Mara Sedini: el perfil de la vocera que fue hockeysta, actriz que soñó llegar a Broadway y opinóloga política con guantes de box

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Suena la botonera de S. Q. P.

, el extinto programa de farándula de Chilevisión. La cortina musical no se detiene. Se repite en un loop pesado mientras las imágenes avanzan en la pantalla.

Es el 18 de marzo de 2016. Son las 13:07. En el generador de caracteres aparece un titular que promete escándalo —aunque en realidad no lo hay—: Alonso Quintero con una “amiga”: ex de Sigrid se divierte.

La escena es la de siempre. Una cámara que avanza rápido. Una periodista que persigue corriendo.

El micrófono en alto. El actor aparece a lo lejos acompañado por una mujer. —¡Ahí viene Alonso Quintero con una rubia bastante guapa!

—dice la notera, acelerando el paso—. ¡Vamos a abordarlos! La música sigue sonando.

La cámara se acerca. El micrófono entra al cuadro. —¿Un nuevo amor?

—dispara. Quintero sonríe, algo sorprendido por la emboscada. Pero responde con paciencia.

Simpático. —No, es mi compañera de elenco en Bodas de Sangre. Somos muy amigos… En ese momento aparece otro micrófono con un logo verde.

Es el de Intrusos, también extinto. La persecución mediática acaba de duplicarse. Las preguntas suben de tono.

—¿La vas a negar igual que a Sigrid? La mujer que acompaña a Quintero aparece por primera vez en cámara. Sonríe con cierta incomodidad mientras intenta seguir caminando.

—Somos compañeros de trabajo. Hacemos Bodas de Sangre juntos… vayan a verla al Mori del Mall Plaza Vespucio —dice mirando a la cámara. Logrando dar vuelta la situación.

La escena dura apenas unos segundos. Otro fragmento más de la televisión de farándula de los años 2010. En ese momento nadie repara demasiado en la mujer que camina junto a Quintero.

Ella se encarga de dejarlo en claro: –Me llamo Mara. Su nombre es Mara Sedini. Hoy, exactamente a 10 años de esa incómoda escena, es la ministra vocera de gobierno.

La frontal Mara Sedini Años antes de aparecer detrás de un podio en La Moneda, Mara Sedini ya parecía tener demasiadas cosas ocurriendo al mismo tiempo. Deportista, actriz de teatro —dirigida por Tito Noguera—, corista de Myriam Hernández, personaje de teleseries, periodista y panelista en Sin Filtros. Su anuario escolar del Santiago College —una página completa dedicada a ella, con fotografía de graduación y una larga lista de apodos— describe ese rasgo de su identidad: “Voy a llamar a la Mara: ‘¿dónde?

’ ‘A su casa…’ ¡Ja! Traten de pillarla! ”, parte uno de los mensajes, como si ya entonces fuera imposible ubicarla quieta en un solo lugar.

También, en tono de broma, aparece una especie de “maldición familiar”. Según el anuario, parecía tener una facilidad involuntaria para enamorar a compañeros de colegio, un fenómeno que sus amigas describen como recurrente. Otro rasgo que aparece de forma constante en la página es su relación con el deporte.

En la ficha de gustos está escrito de forma directa: “O. T. : Palo de hockey”.

El detalle no es menor. Durante esos años, el hockey era el espacio donde más destacaba. Era titular, jugaba en Alumni, equipo competitivo, y acumulaba torneos y giras.

Había algo ahí que parecía avanzar: una progresión más o menos clara para una joven de 18 años. Y jugaba realmente bien, no solo a nivel escolar. Sedini incluso llegó a integrar procesos de la selección chilena de hockey.

Así la recuerda Diego Amoroso, entrenador de la selección nacional, quien coincidió con ella en 2004 y en una gira preparatoria en Mendoza: “Era una delantera muy potente. Su mayor condición era su capacidad física. Era muy agresiva para ir hacia adelante.

Su fortaleza física era lo que más llamaba la atención. Sus características técnicas no eran lo más destacado, pero sí su verticalidad constante para llegar al arco contrario”. Una de sus antiguas compañeras, la medallista panamericana Michelle Wilson, la recuerda en la misma línea: “La definición que dio Diego está perfecta.

La Mara era full física, no se destacaba en lo técnico ni en lo fino, pero era pura potencia y tenía mucha intensidad dentro y fuera de la cancha. Era una galla llena de energía y alegría”. Esa misma pulsión —la de avanzar, insistir, empujar— siguió apareciendo incluso cuando las condiciones no eran favorables.

En el hockey primero. Después en el teatro, en la música, en los medios, en la política. Sedini no era de esperar el momento exacto: iba adelante.

En ese proceso, finalmente, Sedini no logró mayor protagonismo con la selección. Y, con eso, la primera vez que algo que parecía encaminado, se le corría lo suficiente como para no alcanzarlo. La vida en Estados Unidos En distintas entrevistas, Mara Sedini ha contado que, tras egresar del colegio, ingresó a Bachillerato (hoy College) en la Pontificia Universidad Católica de Chile y luego continuó en Ingeniería Comercial, carrera en la que no logró encontrarse y que términó por abandonar.

Allí tuvo una fugaz participación política participando del centro de estudiantes de su carrera, por el Movimiento Gremial, y en la campaña que llevó al gremialista Felipe Betancourt a la presidencia de la FEUC en 2007. A comienzos de la década de 2010, ya fuera de la PUC y mientras aún buscaba un rumbo, trabajó como brand manager en el laboratorio Garden House, participando en la comercialización de la crema Bellatamina. En el lanzamiento del producto, realizado en el hotel W —en un evento de estética sobria y con un público mayoritariamente adulto—, describía así su propuesta: “Bellatamina no pretende reemplazar cremas de belleza ni antiarrugas; es un complemento para cuidarse desde adentro, un regalo de Garden House para las mujeres que han sido el pilar de sus consumidores”.

Poco tiempo después Sedini dejó ese camino. Las ventas no parecían ser su pasión, sí el canto, de hecho tomó clases por varios años. Por lo mimo en 2014 decidió viajar a Nueva York para estudiar teatro musical en la American Musical and Dramatic Academy, una academia privada orientada a la formación intensiva de intérpretes para teatro y televisión.

“Yo estaba pololeando en esa época y le dije a mi pololo que mis sueños estaban primero”, dijo en una entrevista. En Estados Unidos maceró el sueño de llegar a Broadway. Se imaginaba allí, interpretando personajes y siendo aplaudida por el público.

“Gastaba toda mi plata en ir a ver obras de teatro y musicales”, dijo en una entrevista disponible en Youtube. En Nueva York participó en la webserie Phantom Soldier, una producción independiente de bajo presupuesto —cerca de 15 mil dólares— que seguía la historia de un hombre que despierta en las calles de Nueva York sin memoria y que, de forma involuntaria, termina convirtiéndose en una suerte de leyenda urbana que combate el crimen. Su papel fue el de una mujer apunto de ser abusada en un callejón, pero que terminó siendo rescatada por el héroe.

A ese paso por Nueva York se suman trabajos en cortometrajes como Under the Wings of Angels (2015), donde interpretó el personaje de esposa; también actuó en Carmen: El Corto (2014) y El Silencio. Además tuvo otros trabajos fuera de pantalla, según un artículo del Diario Financiero, Sedini vivió en la residencial de su insituto y trabajó cuidando niños. En sus años en Estados Unidos –cuenta un cercano a Sedini– llegó incluso a desempeñarse como corpóreo de M&M’s en Times Square, uno de los trabajos con los que complementó su estadía en la ciudad.

“Cuando estás en otro país, con una cuenta corriente al límite y endeudada, toda esa experiencia por algo que realmente te apasiona es tremendamente enriquecedora. Fue una experiencia que me dio todo, me dio tanto herramientas artísticas como humanas”, dijo Sedini sobre ese período al medio Muy Vesta. El regreso actoral y musical de Mara Sedini a Chile Al regresar a Chile, Mara Sedini siguió actuando, aunque en registros breves.

En 2015 lideró un taller extraprogramatico de expresión oral en la Universidad Gabriela Mistral. En 2016 tuvo una aparición menor en 20añero a los 40, la teleserie de Canal 13 donde interpretó a Jose, un personaje que apenas alcanzó a desplegarse en pantalla. Una sola línea —un comentario sobre lo linda que era su falda— y un beso a un personaje encarnado por Ariel Levy condensaron toda su participación.

No fue esa su única incursión en la televisión local. También apareció en la versión chilena de Lo que callamos las mujeres (2016), en un rol secundario donde interpretaba a una mujer de clase alta atraída por el “sirviente” de su cuñada. Y sumó otra breve intervención en el capítulo 29 de Irreversible (2017), la serie policial escrita por Carlos Pinto, donde dio vida a la nueva pareja de un hombre en pleno proceso de divorcio.

En paralelo a sus intentos en televisión, Mara Sedini se mantuvo en movimiento –hacía adelante como cuando jugaba hockey–. Hizo teatro, exploró la música, probó registros distintos. En todos esos espacios había algo en común, una idea fija al fondo, como una promesa que todavía no se concretaba.

En teatro, Mara Sedini encontró un espacio algo más estable. Participó en una reversión de Bodas de Sangre, de Federico García Lorca, donde interpretó a la novia en una lectura que desplazaba la tensión hacia una relación entre mujeres. La obra tuvo varias temporadas —entre ellas la de 2016, junto a Alonso Quintero—, en los mismos años en que su nombre circuló en la prensa rosa.

César Almonacid, quien coincidió con Sedini en dos temporadas (2015 y 2018), la recuerda así: “Tengo súper buenos recuerdos de ella. Es muy buena profesional, actriz y cantante. Súper matea, de las que llegaba con los textos aprendidos, preocupada del físico”.

En escena, agrega, tenía un rol central: “Ella era la protagonista, la novia. Yo hacía la contraparte, el hombre engañado”. Esa versión —donde su personaje era reescrito como una mujer bisexual— abría una línea que hoy vuelve a aparecer, aunque por otros motivos.

“Si hay una vocera de gobierno con pasado artístico, también se debiese hablar de las temáticas de género”, dice Almonacid. Parte de esa exposición reciente, sin embargo, ha pasado por otro lado: la circulación de antiguas imágenes suyas como actriz, sacadas de contexto y amplificadas en redes bajo una lógica más cercana a la cosificación. Un episodio que, aunque se presentó como “filtración”, correspondía a registros de su trabajo.

No es un caso aislado. Algo similar ocurrió con la exministra de las Culturas, Carolina Arredondo, cuyas escenas en teleseries —también disponibles hace años— fueron recortadas y viralizadas poniendo el foco en su cuerpo más que en su trayectoria. Al respecto, Almonacid añade: “Todo el mundo conoce el pasado teatral de Mara.

Más encima ella hacía un personaje homosexual, es una instancia artística. No puede borrar su pasado y creo que está orgullosa de lo que logró siendo actriz”. En una entrevista digital la propia Sedini se refirió a Bodas de Sangre: “Mi personaje es bisexual y tiene esta lucha de vivir en una sociedad donde no puede expresar su sexualidad ni tomar la decisión en base a lo que quiere, cosa que está muy explícita en mi canción Ser.

También hicimos una obra sobre la lucha de las mujeres en una sociedad machista para poder salir adelante y tomarse el poder”. La Pérgola de Las Flores y la gran frustración En el jardín de su casa, a pocos metros de sus padres, Mara Sedini corría y cantaba sin parar. Tenía cinco años y repetía escenas de La Novicia Rebelde como si estuviera sobre un escenario.

Con el tiempo, esa imagen quedó como anécdota —sus padres, dice, todavía la molestan—, pero también como una primera señal. Sedini ha planteado que su vínculo con la música no comenzó ahí, sino antes. Su bisabuelo, el argentino Natalio Sedini, aparece en el catálogo de Palmenia Pizarro.

No es un dato menor: fue el compositor de “Desprecio”, el icónico vals de tono arrastrado, casi tanguero —“me humillaste porque yo te amaba, pero ese desprecio me lo has de pagar”—, que quedó inscrito en ese repertorio. Su padre, además, tocaba teclado y ella, junto a sus hermanos, cantaba canciones de The Beatles y Elvis, repitiendo letras en inglés. Su canción favorita es Yesterday y en su casa además se escuchaba Silvio Rodríguez y Mercedes Sosa, según comentó la propia Sedini.

Mara no fue la única hija que derivó hacia lo artístico. Uno de sus hermanos apareció en el programa de TVN El mejor de Chile en 2012, interpretando a Bon Jovi; Mara lo acompañó a la grabación. Sus hermanas, Tara y Piera Sedini, en cambio, tomaron otro camino dentro del mismo campo: fundaron Autoras, una librería especializada exclusivamente en obras escritas por mujeres, con la que buscaron intervenir —al menos en una escala acotada— la desigualdad de género en la literatura.

Ese proyecto también las puso en el ojo público. Antes de la instalación del gobierno de José Antonio Kast, dieron una entrevista a Revista Efecto donde marcaron distancia con Mara: “A diferencia de nuestra hermana, nosotras sí nos identificamos como feministas y estamos en este camino desde antes de que ella tomara el suyo y seguiremos igual”. Contactados para este artículo, sus hermanos declinaron participar.

Más allá de esas definiciones, Sedini, quien dijo en entrevistas ser “súper feminista”, se movió siempre dentro del territorio de las artes. En ese recorrido, 2018 y 2019 aparecen como un punto de inflexión, o al menos como el momento en que algo empezó a tomar forma después de años más dispersos. Por esos años lanzó su propio disco.

“Ser” fue un intento por ordenar y condensar su mundo emocional en canciones, un proyecto que desarrolló junto a Rory Hernández, director musical de Myriam Hernández, cantante de la que Sedini había sido corista en 2016. Antes de eso, ya había tenido pasos por la música: integró la banda tributo a Pink Floyd, Brain Damage, y también formó parte de la agrupación española Amistades Peligrosas, donde fue una de las voces principales, participando incluso en una gira junto a Ella Baila Sola. Además, ese año fue la cantante principal de la obertura del Festival del huaso de Olmué.

“Esa obertura fue muy trabajada y recuerdo que habían varios movimientos que le indiqué para el trabajo de escena y cámaras, creo que ella se sintió un poco nerviosa porque a parte de cantar bien, expresar e interpretar, le sumamos un grado de dificultad, pero el resultado fue muy bueno, fue una obertura bella donde Mara se lució”, recuerda el director del Festival, Julio Acevedo. Era, en apariencia, un momento de consolidación. Teatro, música, escenarios más grandes.

Como si esa idea que había estado siempre un poco más adelante empezara, por fin, a tomar forma. En ese contexto, hizo un casting y quedó en el elenco de La pérgola de las flores en el GAM, uno de los clásicos del teatro chileno, bajo la dirección de Héctor Noguera. No era Broadway, pero era, probablemente, lo más cercano a una escala chilena de ese tipo.

The Clinic contactó a tres miembros del elenco y producción que aún trabajan en el GAM y en La pérgola de las flores. Desde el centro cultural señalaron que “no se sienten cómodas con representar la opinión del colectivo que es la obra de Tito Noguera” y que, en este caso, tampoco corresponde emitir declaraciones sobre procesos artísticos ocurridos hace siete años. Quien sí accedió a hablar fue la actriz Paz Granjean, que ya había comentado su experiencia con Sedini en La Voz de los que Sobran.

“Eran ensayos bien extenuantes. El Tito era bien exigente y preciso porque era una obra que él amaba mucho. Y ahí apareció esta mujer que era nueva y distinta, más obsesionada con el gimnasio, con la imagen.

Era distinta, pero cada cual con lo suyo”, recuerda al teléfono. Sobre el desempeño de Sedini, agrega: “A mí me pareció súper buena. No muy talentosa, pero mega trabajadora.

Y en obras como estas se necesita gente así. Era de las que empujaba, de las que sumaba disciplina”. Ese proceso, sin embargo, no alcanzó a consolidarse.

En octubre de 2019 vino el estallido social. El GAM cerró durante semanas, las funciones se suspendieron y la obra —como buena parte de la actividad cultural en Santiago— quedó en pausa. Luego vino la pandemia.

Los teatros fueron de los primeros en cerrar y de los últimos en reabrir. La gira que el elenco tenía proyectada continuar por distintas ciudades debieron congelarse. Para algunos, esa interrupción no fue solo laboral.

Granjean recuerda ese periodo desde otro lugar: durante una de las jornadas del estallido recibió el impacto de un proyectil policial en el rostro. Pasó meses en recuperación. “El elenco me sostuvo”, dice.

Mientras el circuito teatral quedaba paralizado y muchos de sus integrantes buscaban cómo sostenerse —con trabajos esporádicos o derechamente fuera del rubro—, Sedini empezó a moverse en otra dirección. El estallido interrumpió lo que hasta ese momento parecía su trayectoria más clara. El lugar al que había llegado —después de años orbitando— volvió a correrse.

Como ella misma ha señalado, ese momento redefinió su rumbo personal y profesional: “Fue un antes y un después en mi vida”. ¿Qué hacer cuando un elemento externo limita una actividad profesional? Mara Sedini hizo lo que ya había sabido hacer: se adaptó.

En el plano músical en 2020 lanzó el single “Todo lo que he vivido”, el que promocionó en distintos espacios: “Es una canción de amor, pero que habla principalmente del cuestionamiento que nos hacemos todos, de ‘si hubiese hecho esto distinto”, dijo. En la promoción también dio entrevistas en canales de Youtube orientados a un público femenino. Allí habló de sus sueños: dijo que el arte era su prioridad incluso con los costos que podía tener.

Allí, habló de feminismo con propiedad: “Decidí que la maternidad no era para mí. También he aprendido a tener que encontrarme con los prejuicios que eso conlleva. Para muchos tu no eres una mujer completa hasta que eres mamá.

Para mí no es tema. Me encantan los niños, de hecho tengo hijastros, pero me propuse que mis metas tenían que ver con mi desarrollo personal, con conocer el mundo y regalonearme yo y creo que es una definición válida”. Aunque no proyectaba la maternidad como parte de su vida, Sedini sí asumió otro tipo de vínculo con la infancia.

Según cercanos, ha sido familia de acogida de cuatro niños vinculados a programas del SENAME, una experiencia que ha entendido como una forma concreta de servicio y que dialoga con una preocupación sostenida por la protección de la infancia vulnerable. La boxeadora En paralelo a la promoción de Todo lo que he vivido, Mara Sedini hizo lo que sus compañeras ya habían anotado en su anuario escolar: un poco de todo. Estudió arte en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, donde presentó una tesis titulada Efectos del canto como terapia alternativa en el desarrollo cognitivo en niños de 0 a 3 años en residencias de protección asociadas a programas del SENAME.

Su profesor guía, el filósofo Hugo Osorio, la recuerda como una estudiante aplicada: “Trabajamos una tesis muy linda y muy necesaria (…) Era rigurosa, escuchaba y entregaba a tiempo”. Pero lo que Sedini comenzó a construir en ese periodo estaba fuera del campo artístico. Un taller en el medio El Líbero marcó un punto de inflexión.

Fue ahí donde empezó a destacar por sus intervenciones y donde llamó la atención en un entorno de derecha que buscaba nuevas voces. Desde ese mismo espacio surgió la invitación a participar en Box Populi, un programa digital que combinaba debate político y confrontación, jugando con la idea de “la voz del pueblo” y un ring de box. En el programa apareció junto a Javiera Rodríguez —hoy diputada— y Mica Andrada, todas con guantes de boxeo.

“Yo trabajaba en El Líbero, en el área audiovisual, y me encargaron hacer un programa disruptivo, contracultural a lo que estaba pasando en pleno estallido social. Me recomendaron hablar con una tal Mara Sedini”, recuerda Rodríguez. “Había destacado en talleres por sus opiniones y columnas.

La idea era hacer contrapeso al feminismo radical con mujeres que pudieran debatir con argumentos. Ahí surgió esta mezcla entre la voz del pueblo y un ring de box, y funcionó”. Y funcionó.

Algunos capítulos superaron las 180 mil reproducciones. La fórmula era explícita: crítica directa al gobierno y golpes simbólicos a sus figuras apenas asumieron. En uno de esos episodios, con guantes de boxeo y una polera de AC/DC, Sedini apuntó contra Gabriel Boric: “¿Dónde estuviste cuando un carabinero fue violentado y tuvo que defenderse mientras todo tu gabinete lo acusaba y pedía una refundación?

¿Dónde estuviste para pedir disculpas? ¿Dónde estuviste cuando se volvieron a hacer ataques violentistas a camioneros en la Araucanía —y sí, lo dije: A-R-A-U-C-A-N-Í-A—? ¿Dónde estuviste cuando Izkia Siches discriminaba a la gente por su color de pelo y su apellido, cuando tú eres un ejemplo de privilegiado que se salió con la suya después de haber cometido hurto?

¿Dónde estuviste cuando quemaron vivos al matrimonio Luchsinger-Mackay? ¿Dónde estuviste con tu gobierno el 29 de marzo mientras ardía Chile en el día del joven delincuente? Viendo el partido y tuiteando.

Ser presidente no es solo cortar cintitas, sino enfrentar los problemas”. Luego remató: “Ahora es con guitarra y no has tocado ni media nota”. Ese espacio no solo le dio visibilidad.

También le abrió una ruta. Tras su paso por El Líbero, Sedini comenzó a vincularse con la Fundación para el Progreso, donde pasó a desempeñarse en el área de asuntos públicos, consolidando un giro desde lo artístico hacia lo político. Además entró a estudiar Periodismo en la Universidad Gabriela Mistral y se integró a la radio Agricultura.

Otro paso fue la televisión. En Sin Filtros encontró un espacio que amplificó ese tono confrontacional que ya había ensayado en Box Populi. El formato —basado en la fricción, el cruce constante y el clip viral— le permitió instalar una presencia más reconocible, pero también más expuesta.

Ahí protagonizó algunos de sus momentos más tensos. En junio de 2023, en medio de un debate con la entonces candidata Valeria Cárcamo, la discusión escaló rápidamente luego de que se acusara a la derecha de amparar abusos. Sedini respondió cuestionando la “superioridad moral” del Frente Amplio y el intercambio terminó desbordado.

“¡Yo soy agnóstica! ¡Oye ignorante de mierda, yo soy agnóstica! ¡No tengo nada que ver con la iglesia!

¡Qué te pasa! ”, lanzó al aire, en uno de los momentos más viralizados del programa. Cárcamo analiza y recuerda ese momento: “Me llama la atención que una persona de la que han salido insultos de su boca en un debate sea una vocera del Ejecutivo.

Eso daña la investidura del cargo y la responsabilidad que debiese existir. Siento que los gobiernos no son juegos ni pasatiempos. Deben tener seriedad”.

La mano de Cristián Valenzuela en su llegada al equipo de Kast Su popularidad creciente en Sin Filtros hizo que en el Partido Republicano empezaran a mirarla con atención. Su perfil resultaba atípico dentro del sector: mantenía un tono firme y confrontacional, pero al mismo tiempo manejaba códigos y temas —como cultura, feminismo e infancia— poco habituales en ese espacio. Dentro del partido, distintas fuentes coinciden en que su llegada al comando tuvo un nombre propio: Cristián Valenzuela, estrecho asesor de Kast durante la campaña y hoy figura clave del Segundo Piso.

Desde el entorno de Sedini aseguran que fue él quien la invitó a sumarse al equipo. Aunque su primera aparición pública junto al entonces candidato fue en el debate de Chilevisión en septiembre, para entonces ya llevaba cerca de tres meses trabajando codo a codo con el núcleo duro de la campaña, en el área de comunicaciones. En paralelo, se desempeñaba como directora de asuntos públicos de la Fundación para el Progreso (FPP), ligada a Axel Kaiser, cargo que dejó al oficializar su incorporación.

Quienes conocen la interna cuentan que su integración fue rápida. Apenas llegó a la sede republicana en Avenida Presidente Errázuriz, se alineó con dos piezas clave del equipo: Felipe Costabal —el creativo de la campaña, apodado “Yeti”— y la encargada de comunicaciones, María Paz Fadel. Con ambos consolidó una relación de trabajo que hoy se proyecta en el Ejecutivo, donde Costabal dirige la Secom y Fadel encabeza las comunicaciones de la Presidencia.

Ese vínculo no fue solo político, también creativo. Costabal fue uno de los cerebros detrás del jingle “Vota 5, vota Kast”, una de las piezas más reconocibles de la campaña, donde Sedini no solo participó, sino que puso su voz en el coro, integrándose de lleno a una estrategia que buscaba refrescar la imagen del candidato y conectar con audiencias más amplias . Ese cruce entre comunicación, espectáculo y política terminó siendo también el punto de entrada desde el cual Sedini dejó de orbitar en distintos mundos y pasó a ocupar un lugar fijo en el núcleo del poder.

Su llegada no estuvo exenta de ruido. En sectores del partido generaba dudas su perfil más liberal, pero esas resistencias duraron poco. En cosa de semanas ganó espacio y en septiembre ya había sido instalada como una de las voceras del candidato.

En el entorno de Kast sitúan el punto de quiebre en diciembre, en plena segunda vuelta: fue ahí cuando el entonces candidato terminó de convencerse de que Sedini debía ser su vocera de gobierno si llegaba a La Moneda. Tras el triunfo, ese diseño se adelantó en los hechos y Sedini pasó a ejercer como vocera de facto incluso antes del nombramiento oficial. En Palacio aseguran que llegó preparada, con un trabajo enfocado en pulir un tono más institucional.

Pero el aterrizaje no fue limpio. La herida se abrió temprano, en una de sus primeras entrevistas ya como ministra, cuando afirmó que las conversaciones para fichar a la ex fiscal de Tarapacá Trinidad Steinert “llevaban un buen tiempo”. La frase instaló dudas sobre el momento en que se produjeron esos contactos y si coincidieron con su rol como persecutora, generando cuestionamientos inmediatos.

La presión la obligó a corregir sus dichos. Sedini acotó luego que los diálogos se habían dado “pocos días antes” del nombramiento y calificó la polémica como un “revuelo innecesario”. Fue su primer tropiezo en público: uno que dejó en evidencia lo expuesto del cargo y lo estrecho que puede ser el margen de error.

Otra cosa es con guitarra Hasta el sector de El Olivar, en Viña del Mar, llegó el sábado pasado Mara Sedini. No fue una visita larga ni especialmente estridente, pero sí cargada de simbolismo: su primera salida a terreno como vocera. Caminó entre casas quemadas, escuchó a los damnificados, habló de reconstrucción junto al ministro de Vivienda, Iván Poduje.

Aún no hay una forma del todo definida de ejercer el cargo. Tres vocerías, varias entrevistas, un equipo que se termina de armar sobre la marcha. A su lado, Esteban Montaner —ex Res Pública—, José Francisco Lagos, asiduo panelista en Radio Agricultura.

En su equipo también fichó a excolaboradores de Rodolfo Carter en la alcaldía de La Florida, como su encargado de prensa, Víctor Hugo Durán. En La Moneda, la evaluación es, por ahora, paciente. Se repite que ha tenido un buen inicio, que es cuestión de tiempo, que hay que ajustar el diseño de las vocerías y darle más espacio.

Pero en los pasillos también circula otra idea, menos optimista: que su presencia ha sido tenue frente a ministros con mayor despliegue, que aún no logra instalar una voz propia. En la derecha, su nombre ya aparece en conversaciones sobre eventuales ajustes. En su entorno lo descartan.

Dicen que está bien posicionada, que el gabinete no funciona con agendas personales, que lo suyo no es figurar sino ordenar. La vocera que hoy mide cada palabra es la misma que hace no tanto hablaba sin red, la que se movía entre el arte, los medios y la opinión con una soltura que ahora no siempre es posible. Esos dichos, expresados con soltura, reaparecen de vez en cuando.

Volvieron, por ejemplo, en medio de la discusión por un eventual indulto al excarabinero Patricio Maturana. Reflotaron entonces sus palabras de 2022, cuando reconocía a Fabiola Campillai como víctima y defendía su derecho a exigir justicia. No era una frase aislada, sino una posición clara.

Una Sedini distinta —o quizás la misma— que hoy debe administrar una discusión empujada desde el propio gobierno en sentido contrario. Por esos mismos días también Sedini decía que se oponía a los indultos presidenciales. Y no es solo eso.

En su pasado reciente también hay una actriz que interpretó a una mujer bisexual en Bodas de Sangre, una voz que hablaba de feminismo en espacios digitales, que cuestionaba los prejuicios hacia las mujeres que deciden no ser madres y que defendía ese camino como una elección válida. Todo eso sigue ahí, como capas que no desaparecen, incluso cuando el rol exige otra forma, otro lenguaje, otro encuadre. Alguna vez Sedini, con guantes de boxeo, le gritó a Boric -antes de que llevara un mes en La Moneda- que “esto es con guitarra”.

Hoy la escena es otra. Ella tiene la guitarra en sus manos. Y esta vez no hay ensayo, ni margen para equivocarse sin costo.

Es ella la que tiene que tocar, con todas sus versiones mirando desde atrás, mientras todo un país el país escucha.

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