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05:10 · Chile

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¡Hola! Se viene el otoño y el tiempo parece inestable. Y no nos referimos solo al clima atmosférico.

Esta semana la política se movió a otra velocidad. El Gobierno copó la agenda, desplegó una batería de medidas en paralelo –auditorías, retiro de decretos, anuncios económicos–, siguiendo una lógica importada, conocida al interior del poder como estrategia de “copamiento”. ¿Qué es eso?

Ocupar todos los frentes al mismo tiempo para marcar la agenda y obligar al resto a reaccionar. El Presidente Kast no se vio mucho, pero el retiro de decretos –en su mayoría normas o reglamentos– obligó a todo el mundo a hablar del Gobierno. El mundo ambiental reaccionó con anuncios de marchas, los sindicatos se acordaron de que existía la CUT y la ANEF, en derechos humanos saltaron las alarmas y la agenda de diversidad despertó tras la decisión del Ejecutivo de no adherir a una declaración sobre derechos LGBTIQ+ en la OEA.

Donde parecieron esta semana darse de cabezazos sin saber qué hacer fue en la oposición, la que habita en el Congreso y la extraparlamentaria. Una batería de urgencias los dejó marcando ocupado y la falta de liderazgos se hizo más que palpable cuando el oficialismo, tras un pacto con el PPD, se apropió de todas las comisiones de la Cámara, a excepción de Minería, que quedó adivinen dónde: en el PPD. En los pasillos del Congreso una fuente se sinceró con una imagen elocuente: “Nos pillaron con los pantalones abajo”.

De cualquier modo, en el Gobierno el clima interno no se ve del todo despejado tampoco. No se sabe si arrecian chubascos o tormentas. El contexto internacional de la guerra de Irán tiene al ministro de Hacienda con todos los focos sobre su cabeza.

El margen de error es mínimo cuando se trata de afectar el bolsillo de la gente. El anuncio de meterle mano al Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco) tiene intranquilos a los inquilinos de Palacio y del Congreso. No es lo mismo hacerlo por el Parlamento o saltarse la fila y pasar por el lado.

Noticia en desarrollo. Donde tampoco está claro el asunto es respecto a si el Gobierno apoyará o no a Michelle Bachelet en su candidatura a la Secretaría General de la ONU, luego de una inesperada visita que realizó la exmandataria a La Moneda. Al igual que la atmósfera incierta que inunda el ambiente, la decisión del Ejecutivo todavía es un misterio.

Los temas de esta edición de +Política apuntan precisamente a este particular estado límbico, donde todo está pasando y todo está en veremos. Antes de partir, les pedimos invitar a más personas a que se inscriban acá y así poder hacer crecer esta comunidad de lectores dispuestos a descubrir los secretos de la política. El copamiento y el rol del Leadership Institute Un exalumno del Leadership Institute, un centro de formación de liderazgo con sede en Washington, recuerda que una de las materias imperdibles de las pasantías eran los cursos sobre copamiento de agenda, modelo implementado por Ronald Reagan en 1980, luego replicado por Donald Trump –a sugerencia de Steve Bannon– y ahora reproducido en Chile por el Presidente José Antonio Kast a través de una serie de medidas: auditorías, decretos, ajustes económicos, planes de reconstrucción y un largo etcétera.

El sistema se conoce como “inundar la zona” y apunta a un despliegue de iniciativas simultáneas, que dificultan la reacción de los medios de comunicación y, particularmente, de los grupos opositores, generando un clima que busca asfixiar al enemigo, confundir sus objetivos y sacar partido en medio de la vorágine. “A río revuelto, ganancias de pescadores”, como dice el refrán. El mismo exalumno cuenta que hace 15 años –cuando a él le toco viajar– la estrategia impartida en Estados Unidos parecía inviable en el contexto chileno, acostumbrado a tratar al enemigo con guante blanco o simular una suerte de pacto entre caballeros.

Todo muy imbuido por el espíritu republicano. “Allá el asunto es otra cosa, la estrategia es de aniquilamiento y, si pueden sacar del mapa a alguien, lo hacen. Ese modelo es el que llegó acá”, explica.

Hoy en el país existe una versión local del centro de formación de líderes norteamericano: el Leadership Institute Chile, organismo por donde no solo ha pasado José Antonio Kast, sino 10 senadores y 39 diputados del actual Congreso, entre ellos, Juan Antonio Coloma (UDI), José Carlos Meza (Rep), Guillermo Ramírez (UDI), Chiara Barchiesi (Rep), Mario Olavarría (UDI) y Constanza Hube (UDI). El presidente del organismo es Darío Paya, exdiputado de la UDI, quien incluso sonó como embajador en Estados Unidos. En 1994, cuando partió la versión criolla, José Antonio Kast participó en un curso de tres días en Viña del Mar.

Tras el triunfo del nuevo Mandatario en diciembre pasado, el exdiputado Gonzalo Arenas publicó una fotografía en Instagram donde aparecía el nuevo Presidente, junto al mismo Arenas y Arturo Squella, portando una pancarta del Leadership. Desde entonces, han pasado más de 20 mil personas por sus cursos formativos. Aquellos que conocen los alcances de la estrategia de copamiento, también aseguran conocer sus debilidades.

Para que el método funcione, deben estar las piezas bien aceitadas. Si no –aseguran–, hay riesgo inminente de “autogoles”. “Los decretos están dentro del marco de acción.

Pero el asunto de la ranita de Darwin y el pingüino de Humboldt es como dispararse a los pies. ¿Qué pasó ahí con el Segundo Piso? ”, se pregunta otro ex-Leadership.

Los analistas también vislumbran otros flancos débiles. Preocupa que las medidas impidan articular puentes con la oposición, que el paso del titular a la letra chica complique a la vocera de Gobierno y que el ritmo de acción termine por marear a los ministerios. La alerta más importante, sin embargo, es algo que a estas alturas es parte del ADN de la derecha: el temor a que la calle despierte.

La ranita se salvó, pero no el sapo Partió con la ranita de Darwin. Una especie pequeña, pero suficiente para encender una alarma grande. El retiro de su plan de protección desató una reacción que el Gobierno no anticipó.

Y obligó a retroceder: el decreto volvió a Contraloría y fue tomado en razón en tiempo récord. Buena decisión. No solo por la conservación, sino porque a todas luces permitió bajar una presión política que había comenzado a escalar.

Porque el problema no era solo la ranita. Era la señal. Bajo la idea instalada por el Presidente José Antonio Kast de que el medioambiente “no es urgente hoy”, varias fuentes consultadas por +Política nos dijeron que el Gobierno subestimó el impacto que tiene esta agenda en la ciudadanía.

Y la respuesta fue inmediata. Redes, organizaciones y territorios reaccionaron con rapidez, recordando que este no es un tema menor ni marginal. Y prueba de ello es que hay organizadas al menos cinco marchas en distintos puntos del país para este domingo.

Pero mientras la discusión pública se concentró en los símbolos –la ranita, el pingüino de Humboldt, los parques marinos–, hay una capa menos visible que pasó casi inadvertida. El mundo ambiental, con ironía, lo ejemplifica con un dicho popular: “Mientras la emocionalidad se concentró en la ranita, nos comimos un sapo”. El retiro de decretos no solo afectó áreas protegidas.

También dejó en pausa normas que ponen límites directos a la industria sobre cantidad de emanaciones tóxicas que se liberan en el aire como agentes contaminantes de las aguas. El ejemplo pasa a ser claro como el agua: se retiró la norma de emisión para centrales termoeléctricas (DS N° 8) y la de fundiciones de cobre y arsénico (DS N° 32), ambas diseñadas para reducir contaminantes críticos en zonas industriales. También la norma de calidad del aire para plomo (DS N° 43) y la de material particulado fino MP2,5 (DS N° 3), que impactan directamente en enfermedades respiratorias, cardiovasculares y daño neurológico.

En paralelo, se frenan regulaciones clave para el agua. La norma de descargas de residuos líquidos (DS N° 6) fija qué puede ir –y qué no– a ríos, lagos y mares. A eso se suman instrumentos como el Registro de Emisiones y Transferencias de Contaminantes (RETC), que obliga a las empresas a transparentar lo que emiten, y planes específicos como los de descontaminación de Puerto Aysén o el lago Villarrica, junto a la norma del río Huasco.

No son decretos simbólicos. Son herramientas concretas que resguardan la salud pública. Su retiro –o incluso su retraso– implica que esas protecciones no entran en vigencia cuando deberían.

Y ese desfase tiene efectos reales –apuntan las fuentes–, especialmente en territorios que ya conviven con altos niveles de contaminación. El Gobierno corrigió en el caso de la ranita. Pero el verdadero punto está más abajo: en si sostendrá o no este conjunto de normas que limitan la actividad contaminante.

Porque ahí, lejos del ruido, es donde se juega la tensión de fondo entre crecimiento y regulación. Chile Vamos muestra los dientes: ultimátum tensiona al “Gobierno de emergencia” “Todo tiene un límite”, afirman con sigilo en los pasillos del Congreso algunos miembros de la UDI y RN. Son varios los factores que han colmado la paciencia de algunos en Chile Vamos: poca consideración en nombramientos, demora en repartición de seremis, escasa información sobre el alza de combustibles y también de los planes de reconstrucción habitacional.

La jefa de bancada de la UDI, Flor Weisse, fue la primera en mostrar los colmillos, enviando un mensaje político a La Moneda al anunciar una inédita interpelación oficialista contra los ministros de Hacienda, Jorge Quiroz, y de Vivienda, Iván Poduje. “Un baño de realidad”, dicen, respecto a la situación fiscal y habitacional del país. Las discrepancias apuntan también a la “falta de prolijidad” en la instalación del Gobierno en regiones.

Weisse, por ejemplo, no ha tenido pelos en la lengua para calificar como una movida “poco coherente” la designación de Pedro Marileo en Arauco. “¿Cómo nombras a alguien con un historial de ataques a Carabineros y defensa de la plurinacionalidad? ”, se preguntan en la bancada, sin encontrar respuesta.

Pero hay más: la UDI está molesta por la demora en la designación de seremis y jefes de servicio. Sienten que los independientes y republicanos se están comiendo todo el pastel, mientras figuras con experiencia –como Luz Ebensperger o Francisco Chahuán– siguen en el limbo esperando un decreto. Tampoco cayó bien en RN que el Presidente Kast no apoyara a Paulina Núñez para presidir el Senado.

Las críticas suman y siguen. Mientras en Hacienda juegan a ser los “chicos duros” y el ministro Quiroz dice en seminarios que “no es su rol ser simpático”, hay quienes ponen la voz de cautela, señalando que en la calle la gente pregunta qué hará el “Gobierno de emergencia” cuando la parafina bordee los 1. 500 pesos.

De vuelta, se escuchan grillos. La crítica oficialista es ruda: “Todavía no conocemos cuál es la propuesta del Gobierno” para enfrentar el alza de combustibles. Weisse ha sido clara: el estilo de Quiroz, “muy riguroso en no intervenir mercados”, puede ser desastroso si no se equilibra con el bolsillo de los electores.

Lo más revelador, sin embargo, estuvo tras bambalinas. Las subsecretarías de Hacienda y Vivienda pasaron días llamando a los parlamentarios de Chile Vamos buscando bajar la interpelación, pero no obtuvieron respuesta. La conclusión es de manual: cuando tus propios aliados dejan de contestarte el teléfono y prefieren llevarte al banquillo, es porque el “Gobierno de emergencia” corre el riesgo de un zafarrancho antes de zarpar.

Según dicen en el Congreso, la interpelación es un reproche a la conducción del gabinete. Ya no quieren escuchar opiniones políticas sobre lo malo que fue el Gobierno anterior, sino pasar a “números y plazos”. La UDI ya puso el cronómetro en marcha.

O el Gobierno empieza a dar respuestas técnicas, específicas y prolijas, o la interpelación será el inicio de un camino amargo e incómodo. Las joyitas que dejó el reparto de comisiones en la Cámara En Chile uno puede medir el clima político al menos de dos formas: por el precio de la bencina… o por el nivel de frases que salen del Congreso. Respecto a estas últimas, la instalación de las comisiones en la Cámara de Diputadas y Diputados no solo ordenó el mapa de poder, sino que resucitó varias frases para el bronce, que reflejan el tono y prioridades de los elegidos en sus nuevos cargos.

“Qué saco yo con decirle a la gente ‘mire, usted ahora tiene una jornada de 40 horas, se va a ir más temprano a la casa’, ¿a qué? ¿A encerrarse? ”.

La frase la dijo en campaña José Carlos Meza (Rep), el flamante presidente de la Comisión de Trabajo, quien encabeza una de las nueve testeras que sumó el oficialismo –con mayoría en 18 de las 27 comisiones–, lo que permite incidir directamente en la tramitación y priorización de proyectos. El diputado Álvaro Carter, republicano desde 2025 y quien presidirá la Comisión de Defensa, se mandó otra frase de antología durante el último cambio de mando. Habló de “recortes” para “florecer” y recordó “ese país que queremos de vuelta, de hace 10 años, quizás un país más pobre, pero un país más feliz.

Eso es lo que queremos”. “¿Qué habrá querido decir? ”, se preguntó Daniel Matamala tras escucharlo.

Otra que genera inquietud es la diputada debutante Javiera Rodríguez, quien presidirá la Comisión de Cultura, y a quien todo el mundo recuerda por vestir el día de su juramento un traje verde oliva, inspirado en Carabineros, que llevaba estampada la frase “Chao pensiones de gracia”. La escena incluyó una pose frente al diputado Gustavo Gatica (Ind-PC), quien perdió la visión durante el estallido. “No fui a mostrársela a él, me di la vuelta hacia la oposición en su conjunto”, explicó después.

Frases, en verdad, hay para todos los gustos. Agustín Romero (Rep), flamante presidente de la Comisión de Hacienda, aseguró, a propósito de un eventual ajuste del Mepco, que “es imposible pensar que esto no vaya a generar malestar ciudadano”, vaticinando un aumento no de $30, sino de $300 por litro. El chiste se cuenta solo, atendiendo a las razones del estallido social y el estado de ánimo del chileno cuando la aguja del surtidor corre como taxímetro en un taco.

El diputado republicano Felipe Ross, exconcejal de Vitacura –recordado por haber propuesto una estatua y el título de hijo ilustre para Raúl Torrealba–, presidirá la Comisión de Economía. Y por el lado de la oposición, Cristián Tapia (Ind-PPD) presidirá Minería, en medio de un flanco judicial que lo sigue como sombra desde que era alcalde de Vallenar. La mención honrosa es para el diputado Cristián Araya, quien por decisión unánime presidirá, por segunda vez, la Comisión de Seguridad Ciudadana.

El mismo que el año pasado suspendió su participación en la bancada republicana, después que la Fiscalía iniciara una investigación en la trama de la Muñeca Bielorrusa, derivada del caso Hermosilla, tras aparecer en una conversación del notario Sergio Yáber con su esposa. Para cerrar, una mención especial para una decisión que le dolió a la oposición. La diputada del Partido Nacional Libertario, Gloria Naveillán, será la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos –con 7 votos versus 3 de Lorena Pizarro (PC)–.

A la parlamentaria se le recuerda una frase para el olvido, cuando sostuvo que la violencia sexual ejercida durante la dictadura era una “leyenda urbana”. Oposición en las cuerdas, sin entrenador y a punto del nocaut En medio de autocríticas e intentos por rearticularse, los partidos de oposición viven su propia travesía por el desierto, un verdadero vía crucis luego de una semana marcada por los anuncios del Gobierno del Presidente José Antonio Kast y su estrategia de “copamiento comunicacional”. La avalancha de medidas dejó al sector, literalmente, sin capacidad para articular respuestas.

Si bien la dimensión del impacto aún está por verse, los intentos por intervenir han sido infructuosos. Sin un liderazgo claro, la performance del sector ha costado, entre otras cosas, el control de la Cámara de Diputadas y Diputados y las presidencias de las comisiones legislativas más importantes. Además de heridas abiertas en el Senado, tras el pacto del Socialismo Democrático y la derecha, que dejó fuera a las demás fuerzas opositoras.

No son pocos los analistas que aseguran que la estrategia de copamiento, inundando la agenda pública, dejó a la oposición sin capacidad de articular una lucha en varios frentes. “Está como medio grogui, como se dice en el boxeo después de que te pegan un combo y no sabes muy bien a qué blanco achuntarle”, asegura Cristóbal Bellolio, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez. Aunque la estrategia de copamiento impulsada por el Ejecutivo podría considerarse una suerte de regalo para la oposición, respecto al cobro de promesas de campaña, el analista afirma que“también genera dispersión en la agenda”.

Una situación, por cierto, que profundiza la desarticulación del sector. “Quedaron súper mal parados después del Gobierno del expresidente Boric. (…) Habría sido muy raro ver una oposición funcionando como relojito”, señala el analista político.

Tampoco las señales para contrarrestar la tormenta han definido algún rumbo o dirección. Al contrario –plantea Bellolio–, lo que ha quedado en evidencia es un extravío de la brújula. “El haber pedido la renuncia al superintendente de Educación, que atacó los intereses de amigos del Gobierno por el caso de la Universidad San Sebastián, me parece impresentable.

Hasta cosas tan estúpidas como pedirle a la primera dama que se ponga guantes y un gorro en el pelo para servir comida en La Moneda”, apunta el analista. Aun cuando el diagnóstico es lapidario, ha habido esfuerzos desde el mismo Frente Amplio para entender qué es lo que ha pasado. La autocrítica fue expuesta en un informe de coyuntura, reconociendo debilidades de conducción y de despliegue político, y las orientaciones para enfrentar al Ejecutivo en una minuta comunicacional que ha circulado en diversos chats de la colectividad política.

Si bien el documento hace un llamado a que la oposición no reaccione a cada polémica y que se dedique a “disputar el sentido común sobre qué está ocurriendo en el país”, hay un análisis general que refleja con mayor claridad el estado actual de las cosas. “El Gobierno de Kast defiende sus intereses, los de sus más cercanos colaboradores (pinochetismo) y los de los superricos”, versus una oposición que “defiende los intereses de Chile y de las mayorías”, concluye el documento. Hasta aquí llega esta edición de +Política.

Si tienen algún comentario, duda o información que quieran compartir, pueden escribirnos a maspolitica@elmostrador. cl.

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