¿Te sientes mejor cuando tu casa está ordenada y limpia? Esta es la explicación científica
Con la rutina diaria acumulándose entre trabajo, pendientes y obligaciones, mantener la casa ordenada suele quedar en segundo plano. Sin embargo, según un artículo de Psychology Today, el impacto de un entorno limpio y organizado va mucho más allá de lo estético: puede influir directamente en nuestro bienestar emocional, mental e incluso físico. La explicación tiene que ver con cómo el entorno moldea nuestros estados internos.
El texto se basa en el modelo PERMA del psicólogo Martin Seligman, que describe cinco pilares del bienestar: emoción positiva, compromiso, relaciones, significado y logro. De acuerdo con esta teoría, un espacio ordenado puede reforzar cada uno de estos aspectos. En primer lugar, está la relación entre el desorden y el estrés.
Investigaciones citadas en el artículo, realizadas por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), muestran que las personas que perciben sus hogares como caóticos tienden a presentar patrones de cortisol más desregulados, una hormona clave en la respuesta al estrés. Esto se asocia con mayor riesgo de problemas de salud mental y física. En cambio, quienes describen sus casas como organizadas presentan niveles más equilibrados, lo que se traduce en una sensación de calma y control.
Pero el efecto no es solo biológico. El desorden también compite por nuestra atención. Según el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, alcanzar el llamado “estado de flujo”, ese momento en que estamos completamente concentrados y absortos en una actividad, requiere foco total.
Un entorno saturado de estímulos, como objetos acumulados o múltiples distracciones visuales, dificulta entrar en ese estado, afectando nuestra productividad y satisfacción. El impacto también puede extenderse a nuestras relaciones. El artículo plantea que, así como acumulamos objetos, también podemos aferrarnos a emociones negativas como resentimientos o frustraciones.
Liberarse de ese “desorden emocional”, a través de prácticas como el perdón o la gratitud, puede mejorar los vínculos personales y generar interacciones más sanas. Otro punto clave es el sentido de propósito. El exceso de objetos puede generar agobio y dificultar la toma de decisiones, lo que el psicólogo Barry Schwartz denominó la “paradoja de la elección”.
Cuando todo compite por nuestra atención, resulta más difícil enfocarse en lo importante. Simplificar el entorno, en cambio, permite clarificar prioridades y dedicar más tiempo a lo que realmente importa, como proyectos personales, relaciones o causas significativas. Finalmente, el orden también influye en la sensación de logro.
Completar pequeñas tareas, como organizar un cajón o limpiar un espacio específico, puede generar una sensación inmediata de satisfacción y motivación. Esos pequeños avances, según el artículo, pueden impulsar a asumir desafíos mayores y construir una sensación de progreso. Aunque empezar puede parecer abrumador, la recomendación es simple: hacerlo de a poco.
Pequeñas acciones pueden tener un impacto significativo en el bienestar general. A largo plazo, un hogar ordenado no solo se ve mejor, sino que también puede convertirse en un espacio que promueve la calma, la claridad mental y una vida más equilibrada.
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