Soy psicoanalista y así piensan las “pick me girl”
Las mujeres “pick me” comenzaron como una expresión viral en redes sociales y hoy forma parte del lenguaje cotidiano de muchos adolescentes. Así lo plantea Angélica Bastías Paredes, académica del Centro de Atención Psicológica de la Universidad Andrés Bello, quien aborda el fenómeno de las llamadas “pick me girl” desde su experiencia clínica. “Hace algún tiempo escuché por primera vez la expresión ‘pick me girl’ en el consultorio, mientras atendía a pacientes adolescentes”, escribe en una columna.
El término proviene del inglés –“pick me” significa “elígeme a mí”– y se utiliza para describir a jóvenes que buscan diferenciarse de otras mujeres para ganar aprobación masculina. “’Yo no soy como las otras’, ‘yo no hago drama’, ‘yo sí entiendo a los hombres’”, ejemplifica la especialista. Este comportamiento puede manifestarse de forma explícita o más sutil, pero con un patrón común: “distanciarse de otras mujeres para resultar más aceptable o deseable ante la mirada masculina”.
Más allá de su popularidad en redes sociales, Bastías sostiene que el concepto permite mirar con mayor profundidad la experiencia adolescente actual. “No es fácil ser adolescente hoy”, afirma, subrayando que las exigencias por encajar, gustar o responder a ciertos estándares circulan con fuerza tanto en espacios digitales como en grupos de pares. En ese contexto, agrega, “la necesidad de pertenecer puede volverse especialmente intensa”, recordando que la aceptación del grupo sigue siendo un aspecto central en esta etapa de la vida, aunque muchas veces los adultos minimicen su impacto.
Desde una perspectiva psicoanalítica, la expresión también refleja un deseo más profundo. “En el fondo, la expresión ‘pick me’ pone en escena algo muy profundo: el deseo de ser elegida”, explica. Y añade que esa búsqueda, la de la “mirada amorosa” y la validación de otros, “no tiene nada de reprochable”, ya que forma parte de la construcción de la identidad.
Sin embargo, el problema surge cuando esa necesidad se cruza con mandatos culturales. “El tema se complejiza cuando la cultura comienza a decirnos qué tipo de mujer merece ser elegida”, advierte, lo que puede transformar el deseo de ser querida en “una exigencia silenciosa y dolorosa de adaptarse para gustar”. Frente a ello, la especialista plantea una reflexión: “Nadie tiene que elegirte para que seas alguien.
No necesitas convertirte en una versión distinta de ti misma para ser aceptada”. En un escenario donde la validación parece medirse en likes y miradas externas, Bastías invita a volver a otros espacios de reconocimiento. “Conviene volver a otros refugios: el de las amigas, las hermanas, las madres, las abuelas”, señala, destacando la importancia de los vínculos entre mujeres.
“Allí también habita otra forma de reconocimiento: la mirada entre mujeres, capaz de acoger los dolores y las alegrías de lo femenino, y de ofrecer un lugar donde cada una pueda ser tal como es”, concluye.
¿Te pareció importante esta noticia?
Compártela y mantén informado a Chile