"Solo me quedaba la muerte": La dura historia de un ex campeón mundial de atletismo y su adicción a las drogas
Manyonga, que soñaba con ser el primer humano en saltar nueve metros, vio su carrera y su vida destruida por el consumo, suspensiones por dopaje y un espiral de robos y violencia. La adicción comenzó temprano en su vida, incluso antes de su título mundial juvenil en 2010. "El deporte te da un subidón natural, así que cuando no estaba en el deporte, buscaba algo que me diera eso", agregó a The Guardian.
Su primer gran golpe llegó en 2012 con una suspensión de 18 meses por consumo de tik a los 21 años. A pesar de ello, logró resurgir y conquistar la medalla de plata olímpica en 2016 y el oro mundial en 2017. Sin embargo, el declive se aceleró tras la muerte de su madre, su principal apoyo emocional.
Una segunda suspensión de cuatro años en diciembre de 2020 por no informar su paradero en controles antidopaje lo dejó sin competencias. Abandonado por su entorno profesional, Manyonga cayó en un ciclo de consumo extremo, robos para financiar el tik y entradas a casas ajenas. El punto más bajo llegó en 2023, cuando una patrulla comunitaria en Paarl lo sorprendió robando un celular y lo golpeó brutalmente con un bate de béisbol, dejándolo postrado y devolviéndolo su antiguo yo.
El deportista describió ese momento con crudeza: "Solo me quedaba la muerte, porque esa es la vida de un adicto a las drogas". El camino de regreso Tras el incidente, Manyonga abandonó su barrio natal Mbekweni para alejarse de los entornos de consumo. Su castigo antidopaje terminó en diciembre de 2024, con el apoyo de la organización World Wide Scholarships.
Después de casi seis años sin competir, reapareció en una competencia en Stellenbosch con 7,31 metros. En octubre pasado superó los ocho metros, y el mes anterior saltó 8,11 metros, clasificándose para el Campeonato Mundial de Atletismo Indoor en Torun, Polonia, como el atleta más veterano de la prueba. En Río 2016 hizo 8,65 metros.
Hoy, Manyonga advierte sobre los peligros de la fama repentina: "Mi experiencia debe servir como advertencia para quienes son arrancados de la pobreza y arrojados de pronto a la fama y el dinero". A sus 35 años, expresa optimismo. "Sé que aún tengo grandes saltos y medallas por ganar.
Siento que mejoro con cada competencia. La memoria muscular no se olvida", finalizó.
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