Sin virtudes no hay educación posible
Señor director: En Chile hemos dejado de promover el desarrollo de virtudes en nuestros jóvenes, lo cual es incompatible con nuestras aspiraciones de mejorar la educación y la convivencia escolar. Ningún proceso educativo podrá ser exitoso si sus estudiantes no poseen disciplina, respeto por la autoridad pedagógica, responsabilidad frente al trabajo académico u honestidad en la evaluación. Estas disposiciones del carácter no son un accesorio de la buena educación, sino su condición de posibilidad.
A la luz de este déficit, la nueva ley de convivencia escolar acierta al definirla como un desafío sistémico e integral, pero las soluciones que propone parecen seguir siendo demasiado burocráticas. El problema de la convivencia escolar no puede resolverse solo con leyes, protocolos o la creación de nuevos cargos administrativos en el Mineduc. Al contrario, depende de que familias y educadores asuman como propia la tarea de formar el carácter y educar en la virtud a nuestros niños, niñas y adolescentes, porque la buena convivencia no es más que la manifestación visible de la internalización de conductas éticas como la responsabilidad, el respeto y la honestidad.
La educación que descuida la virtud pierde su norte, porque la buena convivencia no puede decretarse, sino que debe ser cultivada diariamente en el carácter de cada estudiante. En esta misión, el trabajo colaborativo de las familias junto a sus respectivas comunidades educativas resulta imprescindible, porque solo a través de esta colaboración las virtudes pueden arraigarse y convertirse en la base de una convivencia que permita una buena educación. Jorge E.
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