Rico, práctico y accesible: cómo están cambiando los hábitos de alimentación en Chile
La forma en que los chilenos comen —dentro y fuera del hogar— está atravesando una transformación silenciosa, pero profunda. Ya no se trata solo de elegir entre cocinar o salir a comer, sino de encontrar un equilibrio entre bienestar, presupuesto y conveniencia. Así lo evidencia el estudio Life at Home 2025 de IKEA, que muestra cómo la comida casera sigue siendo central, pero convive cada vez más con soluciones flexibles y accesibles fuera de casa.
Los datos establecen que un 53% de los chilenos considera que comer en casa es más saludable, mientras un 34% lo hace principalmente para ahorrar. Aun así, la cocina no es solo una obligación. Un 33% declara disfrutarla, y en hogares con niños, un 30% fomenta su participación, transformando la preparación de alimentos en un espacio de encuentro, aprendizaje y vínculo.
En ese contexto, la cocina doméstica se reafirma como un territorio cotidiano donde se cruzan lo práctico y lo afectivo: picar, mezclar, hornear o guardar no son solo acciones funcionales, sino parte de una rutina que estructura el día a día. Es ahí donde marcas han puesto el foco, desarrollando productos y soluciones que buscan simplificar estos procesos sin perder de vista la experiencia. “Estudiamos constantemente los hábitos de las personas en el hogar con el objetivo de ofrecer soluciones que faciliten su vida diaria.
La cocina es un espacio clave en esa dinámica, desde la organización hasta la preparación de alimentos”, explica Nicole Kabierschke, Regional Marketing Manager de IKEA Chile. Comer también es parte de la experiencia Pero si la cocina sigue siendo protagonista, comer fuera del hogar también ha cambiado de significado. Hoy no responde únicamente a la necesidad, sino a la búsqueda de una experiencia que sea, al mismo tiempo, rica, rápida y económicamente viable.
En ese escenario, el retail ha comenzado a integrar la alimentación como parte esencial de su propuesta. No es un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia global: transformar las tiendas en espacios donde no solo se compra, sino donde también se habita. Cafeterías, comida al paso y pequeños restaurantes son cada vez mas frecuentes en el retail.
En el caso de tiendas como IKEA, esta lógica se traduce en su ecosistema gastronómico, que incluye restaurante, bistró y mercado. Distintos formatos pensados para responder a momentos específicos: desde una pausa breve hasta una comida completa o la compra de productos para preparar en casa. “Buscamos democratizar una experiencia de comida rica y conveniente, acercando opciones de buena calidad a precios accesibles”, señala Martín Cumplido, Regional Food Manager.
Esta integración no es casual. Incorporar comida dentro de las tiendas permite extender la permanencia, mejorar la experiencia y conectar de manera más directa con la vida cotidiana de las personas. Comer, en este contexto, deja de ser un acto aislado y se convierte en parte del recorrido.
Así como ha crecido la venta de desayunos y el almuerzo, continua la preferencia por productos suecos congelados para llevar a casa. Esto sí, el rey indiscutido es el cono de helado, que es lo mas vendido en toda la tienda. Y es que una tienda, en este nuevo escenario, dejan de ser solo lugares de transacción para convertirse en espacios de experiencia.
Lugares donde se puede comprar, pero también detenerse, comer y compartir. Un consumidor más práctico y exigente El estudio también revela un cambio en las expectativas. Incluso en formatos rápidos, las personas priorizan ciertos elementos: que la comida sea sabrosa, que tenga un precio justo, que sea conveniente y que se desarrolle en un entorno agradable.
Así, el ecosistema alimentario se vuelve cada vez más híbrido. Conviven la cocina casera planificada, los productos listos para preparar, las opciones rápidas dentro del retail y las alternativas para llevar. Más que reemplazarse, estas formas se complementan, adaptándose a distintos momentos del día y necesidades.
En Chile, esta tendencia se refleja en propuestas que buscan responder a ese equilibrio. Desde desayunos accesibles hasta almuerzos que no desordenan el presupuesto, con preparaciones que combinan familiaridad y practicidad, como albóndigas, carne al vino o opciones simples para comenzar la jornada. Lo que está ocurriendo va más allá de la alimentación.
Tiene que ver con cómo las personas organizan su tiempo, cómo habitan los espacios y cómo construyen sus rutinas. En un contexto donde el costo de vida influye cada vez más en las decisiones diarias, el equilibrio entre lo casero y lo práctico, entre el ahorro y el disfrute, se instala como un criterio central. Y en esa búsqueda, comer —ya sea en casa o fuera de ella— sigue siendo mucho más que una necesidad: es una forma de vivir.
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