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Ricardo Rozzi: “La ciencia es una inversión para traer soluciones”
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02:30 · Chile

Ricardo Rozzi: “La ciencia es una inversión para traer soluciones”

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La semana pasada, el profesor Ricardo Rozzi (Santiago, 1960) se incorporó a la Academia Chilena de Ciencias, otro hito en la carrera del destacado científico. En la ocasión, la bióloga Mary T. Kalin, Premio Nacional de Ciencias Naturales de Chile 2010, quien fue profesora suya en el pasado, no sólo destacó su carrera como investigador, sino también por su gestión de tres obras que calificó de “monumentales”: el Jardín Botánico Omora en Puerto Williams (2000), la Reserva Biosfera Cabo de Hornos (2005) y el Centro Subantártico Cabo de Hornos en Puerto Williams (2023).

Rozzi es doctor en Ecología y Magíster en Filosofía, University of Connecticut, Estados Unidos, profesor titular de la Universidad de Magallanes y de la University of North Texas. “Para estar en la academia no sólo hay que escribir papers, hay que mostrar más”, comentó la neozelandesa en la ocasión, donde Rozzi además presentó una ponencia sobre su trayectoria que combina ciencia, música, filosofía y ecología. Te podría interesar: Ricardo Rozzi ingresa a Academia de Ciencias: “Conservación y economía deben avanzar juntas” Vínculo con Kalin – Profesor, quería primero preguntarle qué significa para usted la ser parte de la academia y saber cómo surgió este ingreso suyo, si usted lo buscó, lo imaginó, lo pensó.

– No, fue una invitación y la invitación tiene un procedimiento. Lo que fue explicado en la ceremonia es que hay una nominación, que tiene que ser respaldado por al menos tres miembros de la academia. Tienen además que abrir tienen que abrirse cupos.

– La profesora Karin mencionó que usted había sido alumno de ella. ¿De qué año de qué año estamos hablando, para que el lector sepa? – Del año 84.

Lo recuerdo perfectamente y la verdad que algo que ha sido fundamental es mantener siempre un cariño, una amistad junto con una colaboración científica. Colaborar científicamente significa discrepar, significa tener conflicto en el sentido de tener distintas perspectivas, pero significa al mismo tiempo un diálogo constructivo. Por eso que la ciencia siempre se va revisando.

Incluso me referí en mi presentación al caso de (Charles) Darwin, cómo fue cambiando su postura. a a medida que recibía evidencia. Mary es neozelandesa, se casó con otro destacado académico de la Universidad de Chile, Manuel Arroyo, quien durante su vida trabajó en Antumapu, la parte de economía, agronomía, y con ella yo partí en polinización.

Ella me recordaba, me dijo, “tienes una semana para tener un proyecto, a ver si te acepto o no”. Y ahí fue donde surgió el proyecto que describí en la charla. Recién falleció un gran maestro para la ciencia mundial, muy cercano a Kalin, miembro de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, el doctor Peter Raven, también miembro honorario, extraordinario, de la Academia de Ciencias de Chile.

Y Peter Raven siempre enfatizó que para abordar problemas complejos hay que tener perspectivas múltiples y complementarias. Como mostré en la presentación, siempre anduve por la composición musical, la filosofía y la ecología, buscando cómo se cruzan distintas formas de saber, incluidos los saberes, por supuesto, de los pueblos originarios, de las comunidades locales, de distintas tradiciones. Y así nos hemos crecido con la franqueza que requiere el pensamiento crítico de Mary, que además recibió el Premio Nacional de Ciencias por su aporte, por incorporar en Chile la ecología vegetal, y con Humberto Maturana, con quien también estuvo en su laboratorio un largo tiempo.

Teníamos diálogos desde el inicio muy inter y transdisciplinarios. – Profesor, vamos un poco más atrás, cuénteme un poco de sus padres, su infancia, dónde se crió, si de niño pensaba quería ser científico, cómo llegó a esta trayectoria. – Yo le debo mucho a mis padres y a a mis abuelos.

Tenía dos abuelos muy pioneros en su forma. Uno es Silvio Rozzi Sachetti, que con don Rafael y don Manuel Lezaeta crearon el Hogar de Vida Natural, en la calle Tomás Moro, un gran predio en el que en los años 60 se hacía caminata sobre el césped, eran vegetarianos, había hidroterapia, que hoy se usa mucho, baños de agua, y el amor por las plantas. Mi abuelo usaba mucho los té, las infusiones, cataplasmas, etcétera.

Y mi otro abuelo, Jerónimo Marín Gatica, fue director del Servicio de Cirugía en el Hospital Barros Luco Trudeau y atendía también en el Hospital del Salvador. Muy escépticos ambos y luego terminaron colaborando en muchos cánceres de neoplasia mezclando, por ejemplo, infusiones y cataplasmas de llantén. Hoy el el Ministerio de Salud acoge una medicina integral que tiene tratamientos más bien de medicina occidental, pero también acupuntura de la tradición oriental y sobre todo la herbolaria y la gran medicina mapuche.

También la tradición que mi abuelo Silvio aprendió de los Padres Capuchinos que trajeron a Chile todo lo que es hidroterapia, plantas medicinales. Él tuvo por años un programa en la radio Portales con Patricio Varela sobre esto, difundieron un conocimiento. Yo crecí en medio de eso.

Lo último que diría es que mi abuelo, como parte de su trabajo, tenía que ir cuatro veces al año a visitar practicantes o sitios a provincia. El primero de mis viajes fue cuando yo tenía 4 años de edad. Me llevó en tren desde Santiago a Temuco.

Nos bajamos en Temuco. Ahí hay una ambulancia, una Chevrolet 10, me acuerdo, llegamos a Victoria, y de ahí en carreta de bueyes hasta Malalcahuello, y de ahí para arriba al alto Biobío con un lonco. Mi abuelo había aprendido mapuzungun para tener este diálogo y yo comienzo a asombrarme de la belleza, tanto de la fragancia del bosque, de los pájaros, pero también de la lengua mapuzungun y el lonco, claro.

Nunca se me olvidó. Esas noches las pasamos durmiendo en rucas, cuando había un fogón al centro. Estoy hablando del año 64.

Todo de tierra y ese sentido de comunidad, ese sentido de agradecimiento. En ese tiempo el médico era esto, el servicio de salud. Entonces, muchas veces la gratitud era con huevos de color, me acuerdo que habían unos huevos azules de la gallina araucana.

Eso me llevó a embeberme de los saberes locales. Quería terminar también nombrando a mis abuelas. Una de ellas pianista de Chillán, estudió con Claudio Arrau, y así como tuve todo este asombro con las comunidades de los bosques, cuando la primera vez que escuché la música dije, “no hay nada más sublime”, y siempre pensé que yo iba a dedicarme a la composición musical.

Fueron mis abuelos los que insistieron que yo entrara a Medicina, pero sabía que me iba a tirar e hice todo esto y lo combiné con filosofía. Finalmente entré a la Universidad Católica el año 78, estudié cuatro años medicina. Durante cuarto mes, cuando se abre Filosofía, me cambio a Biología y Filosofía, siempre haciendo composición musical.

Y el año 94, a mis 34 años de edad, tomé una decisión: voy a focalizar toda la energía en en la conservación integrando esto, y la tomé porque había estado componiendo una pieza musical inspirada en un compositor francés. Aquí los maestros fueron Cirilo Vila, un pianista para el cine mudo, pero a mí me formó Andrés Alcalde, un gran compositor, pensador chileno que le ha dado mucho a este país. Yo me fui a los humedades de Concón y veía, al mismo tiempo, la emoción de componer con los pájaros, que se destruía el hábitat y dije, “no, aquí sí tengo que optar, me voy a dedicar por proteger el hábitat”.

Y surge entonces esta convicción de que la conservación de la naturaleza es lo que posibilita el bienestar humano. Me refiero al bienestar tuyo, Marco, de quienes nos leen, de comer una rica corvina, un buen lenguado, en el caso del mar, de disfrutar de los piñones que tienen una valor nutritivo impresionante. Y recordemos que en los años 80, cuando tomo esta decisión, Santiago era una de las ciudades con mayor contaminación del aire y lo que nos tocaba ver era todas estas bronquitis, enfermedades.

Entonces dije, alguien tiene que dedicarse a corregir la parte del medio ambiente que está causando esta enfermedad. Ese fue el caldo de cultivo de donde emerjo para dedicarme a lo que me dedico hoy día, que es la conservación biológica y cultural. – ¿Y cómo fue luego su vínculo con Estados Unidos?

En Chile se prohibió la enseñanza de la filosofía entre el año 73 y el año 82. Cuando comencé a tomar lo que se llamaba un plan básico, que era vespertino, donde iban médicos, ingenieros y era histórico, partíamos con los presocráticos, Platón, Aristóteles, estaba cuando Juan de Dios Larraín, y luego se abre se reabre la carrera de Filosofía, pero siempre muy acotada, y ahí sí vuelvo a reconectarme con algo que había leído siempre en la infancia por interés propio por el colegio donde estuve, que fue el Colegio Alemán. No me olvido nunca de las primeras lecturas de Nietzsche, me sorprendieron mucho.

Leíamos a Brecht, a Sartre, y entonces cuando hago mi primer posgrado, que es un magíster en ciencias en Juan Gómez Milla, la Universidad de Chile, yo entro al laboratorio de Humberto Maturana. Estuvimos siempre colaborando, igual que con Mary. La decisión principal de ir a Estados Unidos fue porque, estando ya en proyectos de conservación a comienzo de los 90, y habiendo trabajado, tenía que reforzar dos aspectos.

Uno, ¿cómo daba voz a los saberes los locales? Yo hice Ecología tanto en la Católica como en la Chile y en otras universidades, pero siempre veía una distancia entre los modelos ecológicos y el saber que es tan profundo, el saber práctico de un campesino, de un agricultor, de un ganadero, de un pescador. ¿Cómo cómo eso se integra?

En Chile tenemos un gran poeta, Óscar Castro, de Rancagua, que con su literatura nos conecta con ese saber del campo y los dolores del campo también. Entonces, ese fue mi interés, ¿cómo damos una voz a estos saberes locales que son muchos? Son, en el caso de mi familia, de Italia: ellos cultivan viñas, hacen vinagre, grapa, hay saberes.

Otros son luthier, hacen violines, cerca de Cremona. Y lo segundo es el asombro que en Occidente una civilización muy desconectada de la naturaleza. Ya había tenido lecturas de Anaxágoras, Anaximandro, son nombres raros, digamos, pero son griegos que existieron y a ellos se les llamaba físicos, los físicos, porque fisis significa naturaleza.

Entonces, hay que imaginarse durmiendo bajo un suelo estrellado, mirando las estrellas y viendo los triángulos en las estrellas, de la geometría de las estrellas, y ahí tenemos alguien como Pitágoras, hasta hoy día se enseñan las escuelas el teorema de Pitágoras. Entonces había una conexión muy fina entre el mundo natural y el mundo cultural, que se perdió principal y aceleradamente durante el siglo XX. Y entonces dije, “chuta, tengo que profundizar por un lado en un marco conceptual que me permita en políticas públicas, en diseños de conservación, incorporar las comunidades, y por otro lado desde la filosofía decir, “no estamos tan perdidos, la mayoría de los seres humanos tienen una conexión”.

Estados Unidos me abrió un marco conceptual para conocer el taoísmo, el budismo, el confusionismo, prácticas de los pueblos originarios de Alaska, con quienes veía similitudes asombrosas con el pueblo mapuche, con las canoas, con la atención a los estaciones del año. Y finalmente desde Estados Unidos, muy conectado con proyectos en otras partes del mundo, principalmente los Alpes, porque fue en los Alpes, particularmente en los Dolomiti, por el lado italiano, que es el sur de los Alpes, y la parte de Baviera, en Alemania, donde descubrí que conservando había muy buena economía, a la gente le iba muy bien. Cuando vino la crisis del COVID en Italia, la región del Veneto, de Venecia y de Piamonte, no sufrieron mayormente, y tampoco Baviera.

Entonces, dentro de Occidente, hay esta cultura de relacionar naturaleza y sociedad. Y termino diciendo que la próxima semana nos juntamos con un grupo de 15 investigadores alemanes y 15 investigadores chilenos en Cabo de Hornos para estar tres semanas navegando, pensando sobre esto, y luego nosotros mismos nos vamos a Alemania para pensar esta sincronización, esta armonía que yo llamo biocultural, donde es obvio que Economía y ecología tienen la misma raíz: oikos. Economía es administrar la casa y las dueñas de casa, madres, las abuelas saben muy bien de eso, ponen el límite para que siempre haya una sana y saludable comida en la medida de las posibilidades en cada hogar.

Y eso es una buena economía, una economía que siempre es absolutamente esencial para poder vivir bien, pero no es suficiente porque hay otras dimensiones, la cultura, los amores y el cuidado, el acto de cuidar tal como una jardinera o alguien que tiene una huerta. Eso fue lo que me permitió estar en Estados Unidos y estando en Estados Unidos yo quise volver y así he estado híbrido desde el año 94 hasta hoy día. Ya son 30 años con un cargo en Estados Unidos y un cargo en Chile.

– Profesor, una de las cualidades que destacó Marie Kalin es que un científico no solamente tenía que escribir paper, sino ir más allá, y destacó su labor en la Patagonia, partiendo con la creación del Jardín Botánico Omora. ¿Cómo fue que usted llegó a la Patagonia, cómo se construyó ese vínculo y ese trabajo que usted ha realizado allí en esa región de Chile? – Muy buena pregunta, para justamente traer a la mano un hecho histórico que ocurre a fin de los años 60.

La tradición de conservación en Estados Unidos muchas veces se llama preservación. Hace unos 20 años se usaba ponerle candado al bosque, cerrar. Pero la conservación en Europa y algunas corrientes de Norteamérica, pero sobre todo en Europa, tienen otro sentido.

tienen un sentido de bienestar humano. Las primeras áreas de conservación están ligados, por ejemplo, a los cotos de caza, donde salen los señores feudales a a cazar. Entonces tienen que conservar el bosque para que estén las presas, los siervos, los faisanes.

Y así que la primera área protegida de Alemania es un castillo. Y quienes proponen esa área protegida son músicos como Robert Schuman y es lo que se llama el romanticismo, de justamente ver cómo estamos conectados con este mundo. Hoy día la astronomía en Chile nos asombra, mirar hacia las estrellas, hacia la luna y y ponderar nuestra vida con el milagro de un cariño de uno, un hijo, de una hija, de los padres, de los vecinos.

Esta preciosidad de tener la vida entra en tensión a veces con el dolor, el desgarro, el sufrimiento de cómo podemos más bien facilitar un bienestar. Entonces, en ese ese concepto ocurre lo que se llama la cumbre de Estocolmo el año 1972, que es la cumbre ambiental de Estocolmo, 20 años antes de la cumbre de Río, que es otra Cumbre de la Tierra. En 1972 se crea un programa que se llama “El hombre y la biósfera” de UNESCO, es decir, toda esta esfera de vida tienen que ambos satisfacer sus necesidades.

Es una crítica radical al preservacionismo de Norteamérica que crea parques aislados, como que hubiera que sacar la gente, como que la conservación es un costo, “vamos a dejar sin tocar esto”, y con todas las necesidades que tenemos que satisfacer, claramente genera una atensión y una dicotomía. Yo he discutido harto, he tratado de cambiar el programa para que se llamen “Los humanos y la biósfera”, porque el término “hombre” es un acronismo muy injusto, porque tiene la connotación de género que se debe superar, obviamente, porque si hay alguien que cuida la Tierra, alguien que cuida la biósfera, son las mujeres. Si hay alguien que en muchas sociedades, incluida la nuestra, es sensible al cuidado de la tierra y sabe generar, son las mujeres.

Bueno, el punto principal que se genera en este programa, y aquí viene lo importante, es la forma de hacer conservación, para poner en práctica la figura de reservas de la biósfera y es un programa mundial que parte en los 70 y parte, como le digo, con ganado, como estos ganados en los Alpes, donde se hace esquí, donde se hace turismo de verano, y donde hay una economía. Hoy está muy de moda. De hecho, hay partes que también en estas reservas de la biósfera los Alpes que se han aislado para que no haya conexión celular, porque hay gente que quiere pasar al menos una semana de retiro de poder estar sin acceso a la conexión internet.

Entonces ahí yo veía algo de mucho sentido y a Chile llegó Francesco Di Castri, un italiano que formó a muchos ecólogos, a Ernesto Hayek, fue profesor de Eduardo Fuentes Quesada, quien fue mi maestro junto luego a las siguientes generaciones y a mí me gustó mucho ese programa de reservas de la biósfera y algunos ecólogos lo consideraban una utopía, pensaban que si tú abres las áreas protegidas a la gente, es un desastre, eso es una utopía. Pero seguí perseverando. Se genera en el año 1992 la Cumbre de Río, me toca ir, era con pueblos originarios, con poetas, con ecólogos, en que parece participa Lorenzo Ayapán, un poeta la mapuche, el hombre pájaro mapuche, con quien hemos transitado ya entonces como 33 años, un gran sabio.

Y ahí digo, en Chile tenemos que reactivar el programa de reservas de la biósfera. Cuando asume Ricardo Lagos Escobar como presidente, él tiene una visión del sur en que dice el territorio antártico chileno comienza con su capital provincial, Puerto Williams. Y en coincidencia, yo estoy ahí, hay un gobernador, que en esos tiempos era el equivalente al delegado presidencial hoy día, que se embebe de este espíritu de Ricardo Lagos que justamente había que tener una buena economía para satisfacer las necesidades, pero también Chile tenía que administrar su territorio y así hoy día estamos orgullosos de tener la ciudad más austral del mundo, que es Puerto Williams.

Y wl gobernador y el presidente de Chile resuenan, vibran, por decir así, e impulsan esta idea de una Reserva de la Biósfera. Hicimos 207 talleres, 207 a lo largo de cinco años, con la comunidad indígena yagán, con la municipalidad, con la Armada de Chile, con la junta de vecinos, existía la agrupación de defensores del medio ambiente de Puerto Williams, Ademawi, que tenían el pájaro Martín Pescador como emblema. Y así fue que se opta por un modelo económico y na estudio en que se ve que la pesca artesanal es más rentable, combinada con turismo y pesca industrial, que hemos seguido defendiendo, que la salmonicultura en esta parte del país.

No estoy hablando de todo el país. Tanto es así que estoy hablando que ya el año 2001, 2002, había concesiones de acuicultura y nosotros las respetamos por el principio de certeza jurídica y esas quedaron, pero estaban en la isla Capitán Aracena y aunque era parte del Parque Nacional Alberto de Agostini, el respeto fue hacia la certeza jurídica. Eso ya está decidido.

Lo que estamos proponiendo propositiva y proactivamente es un turismo de lujo y hoy día vemos cómo se están llegando cada vez más cruceros. Se está están construyendo nueva infraestructura con hostales muy hermosos dentro de Puerto Williams, en las cercanías de Puerto Williams, un hotel a puertas de terminarse y empresas de crucero que están poniendo a Puerto Williams también como puerta de entrada a la Antártica. Entonces creo que se ha dado la visión de que la economía le va muy bien si se hace un cuidado y una coadministración del territorio.

Eso es lo que ha impulsado. Y es muy importante porque las Naciones Unidas reconocen a Cabo de Hornos como un sitio chileno. Lo digo porque en la en el marketing turístico en algunos casos los argentinos lo ofrecen como argentino, dado que ellos se han apoderado de la marca Patagonia, pero Cabo Cabo de Hornos es un destino chileno Y creo que es un modelo que se puede replicar en otras partes del país.

– Bueno, profesor, nos queda poco tiempo. Para ir cerrando, quería saber cuáles son sus próximos proyectos. – Yo creo que como país, primero, así como me he explayado sobre las reservas de la biósfera, valorar el hecho que tenemos los cielos más limpios, más nítidos del mundo y Atacama hoy día es reconocido mundialmente como una plataforma para la astronomía.

Y ahí tenemos nuevamente el desafío, cómo combinamos proyectos mineros, que son necesarios, proyectos agrícolas en torno a los valles, que son necesarios, pesca artesanal, que es necesaria, pesca industrial, que es necesaria, todos los distintas economías, pero manteniendo esta otra vertiente también, cielos limpios, libres de luz y que den un prestigio y una mirada de líder a Chile. Somos un país chiquitito, pero estando en Alemania, estando en cualquier parte, todos reconocen que somos la capital de la astronomía mundial. Lo siguiente es que Puerto Williams va a ser la capital de la ciencia subantártica y con un modelo biocultural, es decir, donde el arte para apreciar el valor estético de estas floras, de estos ríos, de estas montañas, es tan importante como la ciencia y ambas complementando, de ninguna manera negando la economía.

Así se beneficia la economía y se beneficia la ciencia. Creo que Chile con eso también se prepara muy bien para lo que viene, que el Tratado Antártico está ad portas, está muy cercano a caducar, pero Chile va a llegar con la capital de la provincia antártica sólida y la capital de la provincia antártica chilena que va desde el canal de Beagle hasta el polo sur se llama Puerto Williams. Y ahí está la agrupación de comunas, de Cabo de Hornos y Antártica Chilena, que hoy cuenta con un centro científico.

Contaba la charla que yo acompañé a mi abuelo en otro viaje del año 64, también en el Valle del Esquí, a lomo de mula. Él era médico de la Universidad de Chile y tenía a cargo el cuidar de la salud de los astrónomos alemanes que venían con las delegaciones de astrónomos chilenos. Y vi algo que era mucho más precario, mucho más difícil, mucho más parecía una utopía, si es que vamos a hablar de utopía, crear el Tololo, La Silla y hoy Alma Paranal.

Bueno, del mismo modo, hoy mi compromiso personal y el compromiso de todo este equipo es que Chile afirme una forma de administración del territorio, si usted quiere también una soberanía geopolítica, que se impone por sí misma a través de una diplomacia científica. Estamos conociendo el territorio, cuidando el territorio y dentro de nuestros principales colaboradores parte la pesca artesanal y por eso vamos a hacer un laboratorio de marea roja que lo estamos ad portas de inaugurar, para que pueda volver así a extraerse los bivalvos y otros que este momento, por no contar con un laboratorio marea roja, está paralizada la pesca artesanal. También favorecer un turismo sostenible.

La próxima semana se inaugura en Puerto Williams un congreso internacionalice este año está presidido por el Centro Internacional Cabo de Hornos junto a la Universidad Andrés Bello y la Universidad Central en Puerto Williams. Ambas universidades son socias de este proyecto. Entonces estamos creando lo mismo, el consorcio de ciencias, pero para el turismo sostenible, para la pesca artesanal y la pesca industrial también con Global Pesca, Pesca Chile.

Necesitamos ese motor. Yo creo que desde Chile podemos dar una esperanza, en un mundo en que está en una tensión bélica desgarradora en cuanto al dolor de la muerte humana y de los ecosistemas. Desgarradora en cuanto a la incertidumbre de la posibilidad de una autodestrucción, desgarradora en cuanto a la inequidad, pero desde el sur con una oportunidad de esperanza.

y una oportunidad de liderazgo. Y ese liderazgo requiere un liderazgo de relato, de relato de vida, tal como lo hizo Humberto Maturana, en que hablaba del autopoiesis, la generación de la vida, y así hemos descubierto especies nuevas. Un colaborador central para nuestro proyecto es Galápagos en Ecuador, donde siguen apareciendo los pinzones.

Bueno, nosotros tenemos los rayaditos y universidades vibrantes como la Universidad de Chile que he nombrado, la Católica, la Universidad Central y muchas otras que están en región como la Universidad de los Lagos, la Universidad Católica de Temuco, de Concepción, la Austral, el Centro de Investigación. Entonces, este trabajo colaborativo en red también le devuelve al país un mensaje, que la ciencia contribuye al bienestar. La ciencia no es un costo, la ciencia es una inversión para traer soluciones.

Y eso es algo que desde la Academia de Ciencia espero contribuir a potenciar, que se entienda y además que nosotros asumamos y que es lo que estoy diciendo, se concreten soluciones prácticas y tangibles.

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