Review: El Magic 8 Pro de Honor encanta por el poder de su hardware en vez de la IA
La era de la IA le ha servido a muchas compañías de tecnología para hacer lo que más le gusta a los departamentos de marketing: vendernos soluciones para problemas que hasta ahora nadie tiene. Porque sí, de vez en cuando puede que necesitemos borrar algo de una foto que tomamos o pedirle al duendecito que vive en nuestro teléfono que redacte un correo electrónico que suene 100% distinto a como uno se expresa en la vida real. Así también es posible justificar que un teléfono cambie muy poco sus componentes y se pueda vender como un teléfono nuevo.
Pero el Magic 8 Pro de Honor viene a romper esa tradición, con una propuesta más centrada en sus números y prestaciones que en soluciones hechas para armar un trailer. Cosas que le juegan en contra al Magic 8 Pro: lo primero es su diseño, que sigue la misma línea vista con el Magic 7 Pro del año pasado, lo cual no es demasiado llamativo. Es un teléfono de líneas más curvas que el resto del mercado, pero su módulo de fotos de forma circular no ayuda mucho a la identidad del equipo.
Tampoco sus colores, apostando por los clásicos negro y plateado ni mucho menos que no tenga la pompa publicitaria de otras marcas. Pero no se pierdan, detrás de todo esto está uno de los teléfonos que, salvo un pequeño detalle, debería ser de los que más fácil sea recomendar en el mercado. El Magic 8 Pro es conservador en el mejor sentido de la palabra, ya que busca ser simplemente el mejor en cada uno de los aspectos importantes.
Su procesador, por ejemplo, es el Snapdragon 8 Elite Gen 5, el más poderoso que existe hoy para teléfonos móviles, lo que hace que el equipo vuele usándolo para juegos y creación de contenido. Suele calentarse un poco cuando se usa muy intensamente pero la funda que viene incluida sirve para evitarlo. Su pantalla es una OLED de 6,71 pulgadas de área visible, y con bordes redondeados como les comenté anteriormente.
Acá es cosa de gustos porque los bordes redondeados sirven para que el teléfono se sienta más compacto aunque tienden también a resbalarse un poco más. Con un brillo máximo de 6000 nits en contenido HDR y 1800 en global, es un panel que se ve muy bien incluso cuando hay mucha luz. Cosas que ya son estándar para teléfonos de alta gama: la pantalla es de 120 Hz, parte con 12 GB de RAM, tiene parlantes estéreo y la pantalla hasta cuida tus ojos.
Pero lo que no es para nada estándar es su batería: 7100 mAh, gracias a la tecnología de Silicon-Carbon que permite albergar mucha más energía en el mismo espacio que las de Litio-Ion. Al ser una tecnología nueva, es un misterio si vaya a tener algún tipo de contratiempo en el futuro, pero yo debo decir que funcionó de manera impresionante. Yo soy de los que realmente quema las baterías de sus equipos.
Una batería de 5. 000 mAh no me dura un día sin tener que andar con el cargador o bien, usar algún modo de ahorro. El Magic 8 Pro de Honor me funcionó sin ningún problema con juegos, videos de YouTube en segundo plano, música, la pantalla a 120 Hz y recibiendo múltiples notificaciones.
La prueba de fuego fue un día que me desperté a las 5 am y no pude dormir: decidí ponerme a usar el teléfono y no cargarlo hasta volverme a dormir, que fue poco antes de las 00. 00. ¿El porcentaje de batería?
Más de 30%. Y es más: la noche siguiente olvidé dejarlo cargando y en la mañana pude recuperar hasta un 70%. Cuando volví del trabajo, solo había gastado un 40% de la batería.
Para alguien que como yo ha estado muy decepcionado de las baterías de equipos celulares, fue un cambio gigantesco y si te has visto en esa situación, esta tecnología de baterías llegó para salvarte. Además, acepta carga de hasta 100 W con el cargador que sí viene incorporado, a diferencia de lo que ya se ha hecho costumbre en la competencia. El otro punto donde destaca el teléfono de manera sobresaliente es en sus cámaras.
Hablamos de un set de tres cámaras traseras que son muy similares a las del año pasado: una cámara principal de 50 MP, un Ultra Gran Angular de 50 MP y un lente Telefoto de 200 MP. Es capaz de hacer fotos en macro y a diferencia del año pasado, pueden capturar mucha más luz, lo que sirve para el modo nocturno. El sistema AIMAGE que adorna su gigantesca área dedicada a las cámaras implica que las imágenes llegan a tener un cierto nivel de retoque que hace que se vean distintas.
Por lo general el retoque tiende a que luzcan más cálidas y los colores más saturados, lo cual es bastante llamativo. También es posible aplicar filtros y algunas ediciones con IA, pero no recomiendo hacerlo desde la app de fotos, porque no quedan muy bien. Ahí es cuando es mejor usar Gemini —el asistente por defecto del teléfono— o simplemente aprender a tomar mejores fotos.
Hay dos consideraciones que también deben tomar con esta cámara: la primera es que si usas la cámara principal, el desenfoque es muy bonito pero la distancia focal es bien corta, como suele ocurrir con cámaras de teléfono. Y lo otro es que el zoom digital, el que llega a 100x y va más allá de los 10x del telefoto, está demasiado contaminado por software y hace un escalado que simplemente se ve horrible. Así que manteniéndose en los límites ópticos de la cámara, todo debe funcionar bien.
También puede grabar videos en 4K hasta 120 cuadros por segundo, y si bien el video no es tan sorprendente como las fotos, sí recomiendo usar la aplicación de edición de videos que trae por defecto el teléfono en la galería, con muchas opciones para no tener que bajar cosas como InShot o CapCut, a menos que quieras sus opciones más profesionales. Con respecto a la IA, el teléfono no está exento de ella, pero su presencia dentro del teléfono no está presente en todo lo que haces. De hecho, hay ciertas funciones que llevan el nombre de IA pero no tienen nada de IA, como “Recuerdos IA”, que básicamente sirve para ir guardando recortes de fotos y pantallazos en una papelera extensa e infinita.
Otra función de IA era solo para agregar controles remotos o hacer ediciones básicas de imágenes. También hay un botón extra, dedicado a la IA, similar al Action Button de los iPhone, que puedes configurar para llamar a Gemini o bien, cualquier otra acción como sacar fotos y mover el zoom. La personalización siempre es buena.
Y hablando del iPhone, lleguemos al punto más malo de este teléfono: el software. Porque si el Magic 8 Pro demuestra que tener un fierrazo de equipo hace la diferencia en el 2026, también es un caso de cómo una mala implementación de software puede convertirlo en una experiencia menos atractiva. El Magic 8 Pro viene con su propia versión de Android llamada MagicOS, la cual está inspirada en hacer que todo parezca lo más posible a un teléfono de Apple.
Las transparencias, las notificaciones, la “isla” que está sobre la cámara frontal, lo difícil que es llegar a las configuraciones y un falso minimalismo que en realidad esconde todo lo bueno que hace que Android sea Android. Además hay una serie de gestos que no sirven para mucho. Por ejemplo, si presionas con el dedo en la pantalla por varios segundos, puedes tomar un pantallazo y arrastrarlo hacia otras apps para compartirlo.
Suena interesante, salvo cuando, por ejemplo, estás en Instagram y quieres detener una historia, lo cual se hace precisamente con ese gesto. Entonces cada vez la pantalla se oscurece y aparece este menú que no quieres sacar de manera voluntaria. También la cantidad de bloatware o apps que vienen preinstaladas en el teléfono es absurda y no sé por qué tuve varios problemas activando aplicaciones chilenas principalmente que usaban a Facebook para validar la identidad.
Lo único que destaco del sistema operativo es el modo gamer, el cual se activa automáticamente cuando abres un juego y permite eliminar gran parte de estos gestos, además de poder limitar notificaciones y configurar el rendimiento desde una simple pestaña. Pero sumando y restando, el Magic 8 Pro de Honor es una joya oculta, un jugador sorpresa que destaca de sobremanera en una pelea que hoy pareciera estar dada por las 3 marcas de siempre. Si bien por ahora el enfoque de tener un maquinón en la mano funciona, ahora falta que la marca encuentre una identidad para que, además de recomendables, sean deseables.
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