Relatos con identidad: premian a ganadores de “Ovalle en palabras”
Ya fueron definidos los ganadores de una nueva versión del concurso literario “Ovalle en palabras”, instancia que cada año convoca a la comunidad a plasmar, a través de relatos breves, distintas miradas sobre la comuna y su identidad. En esta oportunidad, el jurado seleccionó tres textos que destacaron por su creatividad, propuesta narrativa y vínculo con la historia local. El primer lugar fue para Sandra Pastenes con “195 pasos”, texto que propone un recorrido simbólico por la historia de la ciudad.
A través de una secuencia de pasos, la autora construye una reflexión sobre el esfuerzo colectivo que ha dado forma a la comuna. El segundo lugar recayó en Karin Flores Kalingshi con “Mi gran viaje”, relato que destaca por su originalidad al narrar, desde una perspectiva poco habitual, el extenso trayecto de una araucaria antes de llegar a Ovalle. En tanto, el tercer lugar fue para Jorge Luna con “De campo a ciudad”, texto que retrata la transformación del territorio desde sus orígenes rurales hasta su desarrollo urbano.
PRIMER LUGAR: “195 PASOS”Autora: Sandra PastenesEn Ovalle empecé a caminar contando mis pasos. Uno, por los que estuvieron antes. Dos, por los que levantaron esta ciudad con lo que tenían.
Tres, por todo lo que costó llegar hasta aquí. Seguí. A los veinte, ya no caminaba sola.
Sentía el peso de las historias, de las manos que trabajaron la tierra, de quienes no se rindieron cuando todo era más difícil. A los cincuenta, miré alrededor. Y se notaba.
La ciudad no era la misma. Había crecido. Había cambiado.
No de un día para otro, sino con años de esfuerzo silencioso. A los cien pasos entendí algo. Nada de esto fue casualidad.
Cada avance, cada logro, cada intento fue parte del camino. Ciento treinta… ciento sesenta… ciento ochenta…El pecho se me apretó. No de cansancio.
De orgullo. Cuando di el paso ciento noventa y cinco, me detuve. Miré hacia atrás.
Entonces lo entendí. El bicentenario no es solo lo que viene. Es todo lo que ya fuimos capaces de construir.
Respiré hondo. Y esta vez, sonreí. Y supe que lo más importante no es haber llegado… es saber que aún nos queda tanto por construir.
SEGUNDO LUGAR: “MI GRAN VIAJE”Autora: Karin Flores KalingshiAntes de llegar aquí recorrí gran parte del mundo. Era finales del siglo XIX cuando me recogió un ganadero australiano en una remota isla al sudeste del país continente. Pasé por las islas de la Sonda; estuve en Java, Sumatra, Ceilán y la India.
También hice una parada en África del Sur. Mi encomendero se dirigía a las Islas Malvinas a entregar su valiosa carga de cabras lecheras y ovejas lanígeras. Por esas vicisitudes de la vida, llegué a Chile, pernoctando en varias ciudades, para luego arribar a un pueblo llamado Cerrillos de Tamaya.
Desde allí emprendimos una travesía en tren hasta llegar a un fundo cercano a la costa llamado El Tangue. Mi custodio, en el año 1900, me obsequió a un trabajador ovallino de la compañía ganadera llamado Romelio Cabeza. Él, con dedicación, me cuidó durante mis primeros tres años de vida.
Luego, en un acto que aún recuerdo, me depositó junto a su pequeña hija en la Plaza de Armas. Así como yo he crecido, he visto crecer a esta linda ciudad. Mi nombre es Araucaria de Norfolk y hoy soy conocida como el pino de Navidad más grande del mundo.
TERCER LUGAR: “DE CAMPO A CIUDAD”Autor: Jorge LunaDesde pequeño he escuchado historias de cómo antes todo era campo: tierra abierta, animales sin corral, cosechas, un puñado de casas de adobe, un camino polvoriento y gente muy humilde diciendo: “por aquí seguro va a crecer algo”. Una villa entre cerros secos y sueños grandes, como quien siembra una semilla sin saber si mañana brotará. Con el paso del tiempo, todo empezó a cambiar con la llegada de mineros y comerciantes, sus carretas y el fuerte silbido del tren.
El valle entero despertó y comprendió que el mundo estaba más cerca. Las tardes dejaron de ser silenciosas. Se llenaron de música, de vecinos conversando y de risas de niños jugando en la plaza.
Sin previo aviso, ese rincón tranquilo del valle se fue transformando lentamente de campo a ciudad: una ciudad dinámica, con comercios, ferias y calles llenas de gente; una ciudad que vibra y cautiva por sus colores, su magia, su humildad y su belleza natural. Pero si nos detenemos un momento a observar los cerros al atardecer, nos daremos cuenta de que, entre viento y polvo, Ovalle aún guarda las memorias del majestuoso campo que un día fue.
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