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Reducción mamaria: las razones detrás de la decisión
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08:00 · Chile

Reducción mamaria: las razones detrás de la decisión

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Durante años, el imaginario de la cirugía estética estuvo dominado por la idea de agrandar. Implantes mamarios, escotes prominentes y cuerpos hipersexualizados marcaron la estética dominante desde principios de los 2000. Hoy, sin embargo, el escenario parece estar cambiando.

Las reducciones mamarias, una cirugía que disminuye el tamaño del busto y reacomoda el tejido, están ganando visibilidad en consultas médicas y redes sociales. De acuerdo con cifras de la International Society of Aesthetic Plastic Surgery (ISAPS), en 2024 se realizaron 652. 676 reducciones mamarias a nivel mundial, posicionándose como la cuarta cirugía mamaria más frecuente.

La cifra representa un aumento del 53,1% respecto de 2020. En contraste, la cirugía de aumento mamario —que sigue siendo la más frecuente— creció solo un 2,1% en el mismo período. Las razones para someterse a esta operación son diversas: los senos muy grandes suelen provocar dolor de espalda, de cuello o dificultades para realizar actividad física.

Pero en algunos casos, también puede tener que ver con una motivación estética. Durante un tiempo, parecía que algo había cambiado. Que el body positive y la idea de que todos los cuerpos tienen lugar –en la moda, en las pantallas, en la conversación pública– se abrían paso con cierta fuerza.

Las pasarelas se diversificaban, las marcas ampliaban sus tallas y, al menos en el discurso, la delgadez dejaba de ser el único ideal posible. Pero las tendencias, como casi todo en la moda, no son lineales. Y hoy el péndulo parece moverse otra vez.

En redes sociales y pasarelas, comienzan a instalarse nuevamente cuerpos extremadamente delgados, similares a los que marcaron los años 90: siluetas angulosas, casi frágiles, que durante décadas definieron lo deseable. De acuerdo con un análisis realizado por Vogue Business, en las pasarelas de moda Primavera/Verano 2026, de los 9. 038 looks presentados en 198 desfiles, el 97,1% fueron de tallas de la 0 a la 4 (US), lo que se traduce en tallas XS a S.

Por su parte, el medio inglés Glamour reporta que durante la Semana de la Moda de Nueva York se presentaron alrededor de 3. 840 looks, de los cuales solo 20 fueron considerados tallas grandes. En el caso de la Semana de la Moda de Londres, se registraron cerca de 1.

400 looks en las pasarelas. De ellos, 42 fueron considerados curvy o de tallas más grandes. Eso es un 20,7% menos que la temporada pasada.

En ese contexto, el tamaño del busto también se vuelve un elemento en tensión. Mientras ciertos imaginarios culturales continúan hipersexualizando los senos grandes, otras tendencias estéticas privilegian un torso más plano y proporcional a una figura delgada. Para algunos especialistas esto se ve influenciado fuertemente por las redes sociales.

Carolina Melcher, nutricionista especialista en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), señala que la exposición a cuerpos que parecen ser ideales genera una constante comparación, provocando que se instale “la idea de que el cuerpo siempre necesita ser corregido o mejorado”. Para la experta “esto refleja cómo el cuerpo de las mujeres ha estado históricamente sujeto a modas y expectativas externas”, y agrega que “es importante distinguir que una mujer puede decidir modificar su cuerpo, en este caso sus senos, por comodidad o salud, pero cuando la motivación principal es cumplir con estándares estéticos cambiantes, ahí aparecen muchas tensiones con la imagen corporal”. Desde la adolescencia, Catalina Carrillo (25) vivió una relación compleja con su cuerpo debido al tamaño de su busto.

Las miradas en la calle, el dolor crónico de espalda y la incomodidad al vestirse marcaron una experiencia cotidiana que, con el tiempo, la llevó a pensar en una cirugía de reducción mamaria. “Yo siempre fui muy acomplejada de tener mucho busto, que no me veía bien, no me sentía cómoda”, recuerda. Con los años, esa incomodidad se transformó en una inseguridad profunda que impactó distintos aspectos de su vida.

Situaciones cotidianas, como elegir ropa o enfrentarse al verano, se volvían especialmente difíciles. Evitaba usar escotes y actividades como ir a la playa o a la piscina le generaban ansiedad. “Cada vez que me probaba un bikini salía llorando de la tienda”, cuenta.

A esa autopercepción se sumó la hipersexualización desde temprana edad. “Desde mis 15 años que yo salía a la calle con algún escote y los hombres se quedaban mirando mi busto. Esto me llevó a evitar a toda costa mostrar tanto para que no me miraran”, relata.

Con el tiempo, el malestar dejó de ser solo emocional. El peso de su busto le provocó dolor constante en la espalda, lo que finalmente derivó en un diagnóstico de escoliosis. Fue a fines de 2025 cuando tomó la decisión de operarse: “Nunca dudé, nunca tuve miedo.

Para mí la inseguridad era tan grande que me daba lo mismo todo. Sabía que me quería operar sí o sí, porque sabía que mi vida iba a cambiar en un 100%”. Y así fue.

Tras la cirugía no solo cambió su cuerpo, también su forma de habitarlo: dejó atrás el dolor y las miradas incómodas. “Mi calidad de vida mejoró muchísimo y, lo mejor, ahora me encanta verme al espejo”. Independiente de si la razón por la cual las mujeres recurren a esta cirugía es encajar dentro de un estereotipo o priorizar su salud y sentirse cómodas con su cuerpo, lo que sí aparece con claridad es que muchas de quienes toman esta decisión son mujeres jóvenes.

Según cifras de la American Society of Plastic Surgeons, una proporción importante de las reducciones mamarias se realiza antes de los 30 años, e incluso más de 5 mil corresponden a menores de 19. Es decir, muchas de estas decisiones se toman en un momento en que la maternidad aún no está en el horizonte inmediato, pero sí aparece como una posibilidad futura. Y con ella, la duda: ¿puede esta cirugía afectar la lactancia?

De acuerdo con la médico cirujana Claudia Albornoz de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica (SCCP), tan solo entre un 10 y un 15% de las mujeres que se someten a esta operación presentan problemas posteriores para amamantar. Además, señala que actualmente existen técnicas para reducir aún más los riesgos: “Lo más importante es que la areola y el pezón queden conectados al tejido mamario”. En cuanto a su recomendación profesional, Albornoz plantea que no existe una edad ideal para realizarse la cirugía, pero sí recomienda tener en cuenta la etapa de la vida en la cual se encuentren las pacientes.

“Si una paciente está muy complicada, con mucho dolor y le quedan hartos años para ser madre, ahí yo le digo que sí, que se opere. Pero si una paciente está pensando tener hijos luego, a ella le recomiendo que espere, porque con la lactancia las mamas cambian y el resultado también cambia”.

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