Redes sociales y adicción: cómo operan los algoritmos detrás del contenido
El funcionamiento de los algoritmos en redes sociales vuelve al centro de la discusión global tras un fallo judicial en Estados Unidos que determinó que plataformas digitales están diseñadas para generar dependencia. Expertos advierten que no se trata solo de tecnología, sino de cómo estas herramientas influyen en el comportamiento humano. El algoritmo: más que una simple herramienta Durante años, se instaló la idea de que las redes sociales operaban como plataformas neutrales que reflejaban los intereses de los usuarios.
Sin embargo, esa percepción ha comenzado a cambiar. Inesmar Briceño, directora de Ingeniería en Computación e Informática de la Universidad Andrés Bello, explica que “desde el ámbito tecnológico se puede decir que el algoritmo no es neutral, se centra en la definición de la ingeniería de la atención y la dependencia digital”. En ese sentido, los sistemas actuales no solo muestran contenido, sino que priorizan aquello que genera mayor interacción.
Un sistema que aprende del usuario Los algoritmos funcionan a partir de modelos de aprendizaje automático que analizan constantemente el comportamiento de quienes usan las plataformas. Cada acción —desde una pausa al hacer scroll hasta un “me gusta”— es registrada y utilizada para ajustar el contenido que se muestra. “El sistema aprende qué estímulos maximizan tu permanencia y te devuelve exactamente eso, una y otra vez, creando la dependencia o adicción”, señala la especialista.
De esta forma, el objetivo principal no es necesariamente informar o entretener, sino aumentar el tiempo que las personas permanecen conectadas. La lógica del “enganche” Uno de los elementos clave en este funcionamiento es el uso de recompensas variables. El contenido no se presenta de forma uniforme, sino intercalando publicaciones altamente atractivas con otras menos relevantes.
Este patrón responde a principios de la psicología conductual. “El feed opera como una máquina tragamonedas: contenidos altamente estimulantes aparecen intercalados con otros irrelevantes. No sabes cuándo vendrá el próximo ‘golpe de dopamina’, así que sigues deslizando”, explica Briceño.
Este tipo de diseño refuerza conductas repetitivas y puede generar hábitos persistentes. ¿Adicción o responsabilidad individual? El debate sobre la responsabilidad del uso de redes sociales ha evolucionado.
Ya no se centra únicamente en el comportamiento del usuario, sino también en el diseño de las plataformas. Según la experta, los algoritmos no crean las vulnerabilidades humanas, pero sí las potencian. Factores como la necesidad de validación social, la curiosidad o el miedo al aburrimiento son utilizados para mantener la atención.
“Los algoritmos están diseñados específicamente para interactuar con vulnerabilidades humanas universales”, sostiene. El fenómeno se explica también como una “coevolución” entre usuario y plataforma. Mientras las personas adaptan su consumo —más rápido, automático e intenso—, el sistema ajusta el contenido para reforzar ese comportamiento.
El resultado es un ciclo difícil de romper, donde salir de la dinámica requiere un esfuerzo consciente cada vez mayor. Más allá del uso: el diseño en discusión El foco actual no está solo en el tiempo que se pasa en redes sociales, sino en cómo están diseñadas. Elementos como el desplazamiento infinito, las notificaciones y las recomendaciones personalizadas forman parte de una estructura pensada para captar atención.
“Si el único KPI es retención, el sistema empujará inevitablemente hacia dinámicas compulsivas”, advierte la académica. El reciente fallo en Estados Unidos, que responsabiliza a plataformas digitales por generar adicción en menores, introduce un cambio relevante en la discusión pública. La comparación con industrias como el tabaco o el juego abre una nueva perspectiva: no solo se evalúa el uso, sino también la previsibilidad del daño asociado al diseño de los sistemas.
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