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Reconocimiento de la labor del profesorado en Chile
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12:28 · Chile

Reconocimiento de la labor del profesorado en Chile

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¡Por una valoración justa, integral y digna del trabajo docente! Cristian Núñez Bustamante. Profesor.

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Secretario Comunal Valparaíso. Colegio de Profesores y Profesoras de Chile A. G.

Durante los últimos años, el sistema educativo chileno ha impulsado múltiples reformas orientadas a fortalecer la calidad, la inclusión, la convivencia escolar y los aprendizajes. Sin embargo, existe una contradicción estructural que continúa debilitando cualquier intento de transformación profunda de la educación pública: el permanente aumento de exigencias hacia el profesorado sin un reconocimiento proporcional que considere la complejidad, responsabilidad y sobrecarga real que hoy implica ejercer la docencia en Chile. El reciente proyecto de Ley denominado “seguridad, orden y respeto para la comunidad educativa” evidencia con claridad una realidad que el profesorado viene denunciando hace años: la escuela chilena ha transferido progresivamente hacia los docentes funciones que exceden ampliamente la enseñanza tradicional.

Actualmente, el profesor o profesora no solo enseña contenidos, sino que además contiene emocionalmente, media conflictos, gestiona crisis de convivencia, aplica protocolos disciplinarios, produce evidencia administrativa, coordina con familias, atiende necesidades educativas especiales, implementa estrategias de inclusión, resguarda el clima escolar y sostiene el funcionamiento cotidiano de comunidades educativas cada vez más complejas. El propio proyecto de ley reconoce explícitamente la violencia física y psicológica hacia docentes, la sobrecarga derivada de la convivencia escolar, la necesidad de contención emocional, el aumento de exigencias administrativas, la presión asociada a protocolos y denuncias, y la falta de apoyo institucional suficiente frente a contextos de alta conflictividad. La evidencia internacional respalda esta realidad.

El informe TALIS 2024 de la OCDE señala que “el trabajo docente actual incluye tareas que van más allá de la enseñanza directa, incorporando funciones de colaboración institucional, trabajo emocional, atención a la diversidad, comunicación permanente con familias y gestión de ambientes complejos de aprendizaje”. En el mismo informe se reconoce que “las demandas excesivas de trabajo pueden provocar fatiga, estrés y agotamiento profesional”, y que “la carga administrativa sigue siendo una demanda considerable para los docentes”. Asimismo, advierte que “los docentes tienen mayor probabilidad de reportar estrés relacionado con la disciplina cuando la diversidad estudiantil involucra necesidades conductuales, lingüísticas o de educación especial”.

Estos antecedentes demuestran que el trabajo docente contemporáneo se ha transformado en una labor multidimensional, emocionalmente intensiva y altamente especializada. Desde una perspectiva de economía del trabajo, esto implica una expansión funcional del rol docente. Hoy, un profesor o profesora cumple simultáneamente funciones equivalentes a las de docente, inspector, orientador, psicólogo, trabajador social, encargado de convivencia, administrativo, educador diferencial y gestor institucional.

Esta realidad permite estimar que el valor económico efectivo del trabajo que desarrolla un docente excede ampliamente la remuneración actualmente reconocida por el sistema. Un análisis comparativo basado en funciones equivalentes permite estimar que el trabajo desarrollado por el profesorado incorpora tareas comparables a las realizadas por diversos profesionales especializados, tales como psicólogos, trabajadores sociales, inspectores, orientadores, administrativos y educadores diferenciales. Esta estimación se fundamenta en el enfoque de costo de reemplazo profesional y en la expansión funcional del rol docente descrita por la OCDE (2024), UNESCO (2023) y Fundación SOL (2023), quienes reconocen la intensificación laboral, el trabajo emocional y la sobrecarga administrativa del profesorado.

Lo anteriormente descrito, se puede apreciar en la siguiente tabla de estimación referencial del valor económico de la sobrecarga y expansión funcional del trabajo docente en Chile que, dicho sea de paso, no pretende sostener que los y las docentes solo se limitan a “enseñar” de manera aislada, por el contrario, muchas de las responsabilidades descritas son función docente en el aula y la escuela. El asunto es, que, en la actualidad, exceden y sobrepasan progresivamente las tareas pedagógicas, ampliando significativamente el campo de acción y una sobrecarga laboral de los y las docentes. En este marco, la tabla presenta una estimación referencial del valor económico asociado a la expansión funcional del trabajo docente contemporáneo.

Su elaboración se basa en el enfoque de “costo de reemplazo profesional”, utilizado en estudios de economía del trabajo y análisis de polifuncionalidad laboral, el cual permite estimar cuánto costaría al sistema educativo contratar profesionales especializados para desarrollar las distintas funciones que actualmente absorbe el profesorado. Las funciones identificadas se extraen del análisis del proyecto de ley sobre “seguridad, orden y respeto para la comunidad educativa”, así como de los hallazgos del estudio TALIS 2024 de la OCDE, donde se reconoce que “los docentes desarrollan tareas relacionadas con convivencia escolar, contención emocional, inclusión, trabajo administrativo, atención a la diversidad, coordinación con familias y gestión institucional” (OCDE, 2024). La columna “Función desarrollada por el docente” corresponde a tareas efectivamente ejercidas por el profesorado en el contexto escolar contemporáneo.

La columna “Profesional equivalente” identifica el perfil ocupacional que normalmente desempeña dichas funciones en otras organizaciones o servicios especializados. Finalmente, la columna “Valor mensual referencial” considera remuneraciones promedio estimadas para profesionales del sector educacional y social en Chile, utilizando referencias provenientes de Fundación SOL (2023), observatorios laborales, remuneraciones promedio del sector público, transparencia activa de instituciones públicas y bandas salariales de profesionales del área educacional, psicosocial y administrativa. Estos montos no representan remuneraciones oficiales ni valores contractuales únicos, sino aproximaciones analíticas destinadas a dimensionar la magnitud de la sobrecarga funcional y económica que actualmente absorbe el profesorado sin reconocimiento proporcional.

La suma de estas funciones supera ampliamente los ocho millones de pesos mensuales en valor referencial de mercado. Sin embargo, gran parte del profesorado chileno percibe remuneraciones cercanas al millón doscientos mil o millón quinientos mil pesos mensuales, incluso desarrollando funciones de alta complejidad en contextos vulnerables. Esta diferencia no solo representa una brecha económica, sino también una profunda desvalorización estructural del trabajo pedagógico y del rol social que cumplen miles de docentes en Chile.

Tal como plantea John Rawls (1971) “una sociedad justa debe organizar sus desigualdades de manera que beneficien especialmente a quienes sostienen funciones fundamentales para el bienestar colectivo”. En educación, ello implica reconocer que el profesorado cumple una función estratégica para disminuir desigualdades sociales y garantizar cohesión democrática, Gary Becker (1964); incluso la teoría del capital humano, a pesar de ser una teoría de corte neoliberal, sostiene que la educación constituye una inversión estratégica para el desarrollo económico y social. Bajo esta lógica, el menosprecio material del profesorado implica también una pérdida de eficiencia para el país.

Philippe Perrenoud (2001) señala que “la docencia exige competencias complejas, reflexión profesional permanente y capacidad de adaptación continua frente a escenarios diversos”. Michael Fullan (2011) sostiene que “ninguna transformación educativa profunda es posible sin docentes reconocidos como líderes profesionales”, mientras que Amartya Sen (1992) plantea que “una sociedad democrática debe garantizar condiciones reales para que las personas desarrollen plenamente sus capacidades”. En el caso del profesorado, ello exige condiciones laborales, emocionales y económicas coherentes con la magnitud de su responsabilidad.

Por su parte, la Fundación SOL, la UNESCO, la OREALC y múltiples estudios nacionales e internacionales han advertido sobre la intensificación laboral, el agobio docente, el desgaste emocional, la burocratización del trabajo y el deterioro progresivo de la salud mental del profesorado. La evidencia es clara: no es posible seguir exigiendo al profesorado excelencia pedagógica, inclusión efectiva, convivencia escolar, contención emocional, prevención de violencia y resultados académicos sin reconocer materialmente el verdadero valor del trabajo que realiza. Por ello, resulta urgente avanzar hacia una reforma estructural del reconocimiento docente que considere la complejidad real del trabajo pedagógico, el aumento significativo de horas no lectivas, la reducción efectiva de la carga administrativa, el fortalecimiento de equipos de apoyo profesional, la implementación de asignaciones especiales para contextos de alta complejidad y la protección efectiva de la salud mental docente.

Del mismo modo, se requiere reformar el sistema de Carrera Docente incorporando la multidimensionalidad del trabajo pedagógico y reconociendo la función pública y estratégica que cumple el profesorado para el desarrollo nacional. La educación pública no podrá fortalecerse mientras continúe sosteniéndose en la sobre exigencia invisible del profesorado. Reconocer el verdadero valor del trabajo docente no constituye un privilegio corporativo, sino una necesidad ética, social, pedagógica y democrática.

Porque no existe convivencia escolar sin docentes protegidos, no existe inclusión real sin docentes respaldados y no existe educación pública de calidad sin un profesorado reconocido, dignificado y justamente valorado. Como señala Cristian Bellei (2015), “no es posible mejorar el sistema escolar sin mejorar simultáneamente las condiciones materiales y simbólicas del profesorado”.

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