¿Quién lidera realmente el mundo de las burbujas: Champagne o Prosecco?
En el mundo de las burbujas no hay un solo rey. Champagne y Prosecco dominan la categoría desde veredas opuestas: uno a través del volumen y el otro desde el prestigio y el deseo. No son lo mismo con etiquetas diferentes; son productos que nacen de suelos, climas y métodos de elaboración que operan bajo lógicas totalmente distintas.
El gigante del volumen Si la pregunta es quién lidera en volumen y ventas, la respuesta hoy es clara: Prosecco. Según el Consorzio Tutela Prosecco DOC, la denominación cerró 2025 con 667 millones de botellas, un alza de 1,1% frente a 2024. Su éxito no se explica solo por cuánto produce, sino por lo bien que su perfil dialoga con el consumo contemporáneo.
Prosecco tiene como base la uva Glera, una variedad de perfil delicadamente aromático, con notas que suelen ir de la manzana verde y los cítricos a los registros florales, según la zona. Esa identidad se refuerza con el método Martinotti-Charmat, en el que la segunda fermentación se realiza en tanque. El resultado es una burbuja más directa, fresca e inmediata, especialmente apta para una lógica de consumo amplio y cotidiano.
Parte del éxito de Prosecco está en su histórico romance con la coctelería. Desde el clásico Bellini hasta el fenómeno global del Aperol Spritz, Prosecco ha encontrado en la coctelería un aliado natural para expandirse. Su frescura y versatilidad le han permitido ganar espacio y consolidar su presencia en la cultura de barra contemporánea en todo el mundo.
El guardián del valor Si lo que miramos no es volumen, sino valor económico, entonces el liderazgo cambia de manos. Champagne representa cerca del 8% del volumen mundial de espumantes, pero concentra alrededor del 34% de su valor. No es casual.
Su fortaleza descansa en una combinación muy específica de territorio, reglamentación y método. Champagne solo puede elaborarse en la región del mismo nombre, en el noreste de Francia, bajo condiciones de clima fresco y sobre una marcada base de suelos calcáreos, especialmente de creta, que forman parte esencial de su identidad vitícola. A eso se suma una elaboración más exigente: segunda fermentación en botella, o prise de mousse, seguida por tiempos mínimos de crianza de 15 meses para los non-vintage y 36 meses para los vintage.
Su base varietal también es parte de esa identidad: Pinot Noir (38%), Chardonnay (31%) y Meunier (31%). Comparación rápida Dos estrategias, dos formas de poder Champagne y Prosecco no solo saben distinto; también funcionan distinto. No estamos frente a una simple diferencia de estilo, sino ante dos maneras muy diferentes de construir producto, valor y posición de mercado.
El triunfo de lo funcional. Cuando Prosecco domina en volumen, no se trata solo de un éxito cuantitativo. También expresa la fuerza de una categoría que entendió muy bien el consumo contemporáneo: más flexible, menos solemne y más fácil de incorporar a la vida social.
Su liderazgo nace de ser extraordinariamente funcional para el mercado global, apoyado en la frescura de la uva Glera y en la agilidad de la fermentación en tanque. La fuerza del prestigio. Cuando Champagne domina en valor, tampoco se trata solo de precios más altos.
Lo que muestra es la capacidad de convertir territorio, tiempo y regulación en una forma duradera de prestigio. No necesita liderar en número de botellas para seguir siendo la gran referencia aspiracional de la categoría: concentrar cerca del 34% del valor mundial con apenas alrededor del 8% del volumen lo demuestra con claridad. ¿Qué significa liderar hoy?
En el fondo, esta comparación revela que el liderazgo en el vino ya no se juega en una sola dimensión. Una categoría puede imponerse por presencia, frecuencia y escala, conquistando cada vez más mesas. Otra puede hacerlo por su capacidad de sostener valor y seguir marcando aquello que el mercado reconoce como excepcional.
Más que buscar un ganador único, conviene mirar la foto completa. Prosecco muestra cómo una categoría puede expandir el consumo global. Champagne, cómo una denominación puede vender menos y, aun así, seguir siendo la medida del prestigio y del deseo.
¿Te pareció importante esta noticia?
Compártela y mantén informado a Chile