¿Qué fue de tu vida, Mariano Gabriel Celasco? - Diario La Prensa
Llegó desde La Plata el 2008 con la maleta cargada de sueños, pensando en una etapa breve y seguir su camino. Pero el destino le tenía preparado algo distinto. POR HÉCTOR ORELLANA ABACA TALCA.
Fue un defensa de esos bravos, de los que no negociaban la entrega y entendían el fútbol como una declaración de principios. Mariano Celasco (39 años) no solo jugó en Rangers: lo sintió, lo vivió y lo hizo parte de su propia historia. Llegó desde La Plata el 2008 con la maleta cargada de sueños, pensando en una etapa breve y seguir su camino.
Pero el destino le tenía preparado algo distinto. En Talca no solo encontró un club, encontró afecto, una camiseta e identidad. Así, casi sin darse cuenta, ese defensor recio fue echando raíces lejos de su tierra natal, hasta convertir a Chile -y especialmente a Talca- en su verdadero hogar.
Cuando le nombro Rangers, ¿qué recuerda de su llegada en 2008? “Emoción… mucha emoción. Llegar a una institución grande como Rangers fue un paso muy importante para mí.
Yo venía de hacer mis primeras armas en Defensa y Justicia, con muchas ganas de crecer, y el fútbol chileno -y especialmente Rangers- me abrió esa puerta. Llegué en un año muy bueno, donde fuimos protagonistas y alcanzamos instancias finales. Pero más allá de lo deportivo, lo que realmente me atrapó fue el cariño de la gente.
Me encariñé muy rápido con la ciudad”. Llegó desde La Plata pensando quedarse unos meses… y lleva media vida en Chile. “(Sonríe) Sí, es verdad.
Y eso habla de lo que encontré acá. Me fui quedando casi sin darme cuenta. Me gustó la tranquilidad, la forma de vida, pero sobre todo el cariño de la gente.
Cuando empiezan a saludarte en la calle, a reconocerte, a tratarte con afecto, eso te llega. Yo nunca jugué al fútbol pensando en hacerme millonario. Siempre lo vi desde otro lugar, más humano.
En 2009 tuve la posibilidad de ir a Universidad Católica. Incluso me dijeron que me fuera de Rangers de cualquier manera, pero no quise. Porque yo estaba bien, me sentía cómodo, feliz.
Y eso, para mí, siempre fue más importante que cualquier otra cosa”. ¿Cuándo sintió que Chile ya era su lugar en el mundo? “Al año, más o menos.
Tiene mucho que ver con el fútbol, pero también con la vida. Cuando las cosas empiezan a salir bien, cuando te sentís cómodo, querido, contenido… eso te va marcando. A mí me fue muy bien en 2008, la gente me tomó cariño, y yo soy muy emocional.
Nunca me movió lo material. Lo que me sostuvo fue sentirme parte de algo. Por eso decidí quedarme.
Porque preferí la pasión de jugar en un equipo que amaba, en una ciudad que me abrazó, antes que irme por más dinero. Eso no tiene precio”. ¿También hubo un paso por Lota Schwager?
“Sí. Después de volver a Argentina -donde jugué en Tiro Federal y Villa San Carlos- apareció la posibilidad de regresar a Chile, a Lota Schwager. Sabía que era un club distinto, con muchas dificultades, pero también con una identidad muy fuerte y de mucho esfuerzo y eso me motivó.
Fue una experiencia muy valiosa. Me permitió reconectarme con el fútbol chileno y, finalmente, cerrar mi carrera donde siempre quise: en Rangers, en 2017”. ¿Qué le dejó el fútbol como enseñanza de vida?
“Valores fundamentales: respeto, disciplina, compromiso. El fútbol te forma como persona, te enseña a convivir, a levantarte después de caer, a entender que nadie se salva solo. Son cosas que hoy aplico en mi vida diaria”.
La nacionalidad chilena no fue un trámite… fue una decisión emocional. ¿Qué sintió al recibirla? “Fue una emoción muy grande.
Porque uno no elige dónde nace, pero sí puede elegir dónde quedarse. Y yo elegí Chile, elegí Talca. Sentirme chileno por decisión propia es algo muy profundo.
Es una forma de agradecer todo lo que este país me dio”. ¿Qué le diría hoy al hincha de Rangers? “Que nunca bajen los brazos.
Sé que han sido años difíciles en la Primera B, pero Rangers es un club grande, con historia, con tradición. Estoy convencido que en algún momento las cosas se van a hacer bien y el club volverá al lugar que merece. Y desde ahí, con una buena planificación, puede incluso volver a competir internacionalmente”.
¿Un sueño pendiente? “Me gustaría algún día volver a Rangers, pero desde otro lugar: liderando las series formativas. Quiero transmitir todo lo que aprendí, no solo en lo futbolístico, sino en lo humano.
Formar jóvenes con valores, con principios. Siento que en Chile todavía hay mucho por desarrollar en la formación de jugadores. De paso duele ver cómo a veces no se cuida a los ídolos.
Jugadores que dieron todo por la institución y que no recibieron el trato que merecían y al final aparecen como los grandes responsables de objetivos que no se cumplen. Me acuerdo de casos como: Carlos Garrido, Boris González o Nicolás Peric. Son nombres importantes, que debieron haber sido mejor valorados.
Los clubes también se construyen desde la memoria y el respeto”. ¿A qué se dedica hoy Mariano Celasco? “Tengo un gimnasio junto a mi señora y sigo ligado al fútbol.
Y la verdad… soy inmensamente feliz. Agradecido de la vida, de la gente, de Talca, del fútbol. Porque el fútbol fue esa pasión que abracé con la convicción que me iba a cambiar la vida… y así fue”.
Mariano Celasco no necesitó títulos para dejar huella. En decisiones: quedarse cuando otros se iban, elegir el afecto por sobre el dinero, construir pertenencia donde alguna vez fue extranjero. Talca lo adoptó, y él respondió con lealtad.
Porque hay jugadores que pasan por un club… y otros que se quedan a vivir en su historia.
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