Proyecto de Reconstrucción: la batalla de los pingüinos
La verdadera batalla que vendrá en Chile es el rediseño estructural del sistema tributario que busca alterar los cimientos del modelo instalado en la última década, escondido como el Caballo de Troya en el “Proyecto de Ley para la Reconstrucción Nacional y el Desarrollo Económico y Social”, un título que recuerda a la astucia de Odiseo cuando engañó al cíclope Polifemo, con un cambio de nombre de lo que era obvio. No es solo porque son menos impuestos, y bastante menos; sino porque implica una contienda entre un modelo liberal puro, donde la clase media se debiera beneficiar del crecimiento, y un modelo redistributivo que se instaló a partir del segundo gobierno de Bachelet. La frase de la clase media, que por su desfachatez recuerda las expresiones del pingüino de Batman, no es creatividad de esta columna, sino que lo dijo tal cual el ministro Quiroz.
Lee también... ¿Reinvertirán más las empresas en Chile? Las dudas que deja el plan tributario de Quiroz Viernes 17 Abril, 2026 | 15:27 Y siguiendo con la obra de Homero, el gobierno envuelve la crudeza de su ataque ideológico bajo la dulce melodía de los recursos para la reconstrucción de regiones afectadas por catástrofes, que recuerda a las sirenas que buscaban engañar a los marineros.
Esta batalla es la importante y la que definirá el alma del actual gobierno y no la zanja, la poca duración de los seremis o la frase desafortunada sobre el Estrecho de Magallanes. Ahí no está la carne, sino en la rebaja de tributos. El gobierno de José Antonio Kast propone una cirugía radical para enfrentar un estancamiento de 12 años, donde el crecimiento apenas promedió un 2%.
Su apuesta es un modelo liberal que confía en que la reducción de la carga impositiva es la vía para recuperar la competitividad y la inversión. A nadie debiera sorprenderlo pues lo dijeron sin tapujos durante la campaña. Como Oswald Capplebot, optaron por ser rudos de una.
La pieza central de este engranaje es la reducción gradual del impuesto corporativo del 27% al 23% y la reintegración total del sistema tributario. Para el Ejecutivo se trata de eliminar una discriminación que afecta a los emprendedores. Y para la oposición es una medida regresiva que beneficia principalmente al 1% de mayores ingresos con un costo fiscal de casi 4.
500 millones de dólares anuales, como hizo ver el exministro Eyzaguirre en un panel de la Radio Cooperativa. Viene a bien recordar la discusión que se dio durante la reforma de Bachelet, donde se integró el sistema, que en sencillo implicaba que los dueños de empresas no pudieran descontar de sus impuestos lo que habían pagado sus compañías. Como dolía directamente en el bolsillo de los poderosos de verdad, la guerra fue campal.
Y esta la va a ser también, pues muchos saben que esta es la gran oportunidad de echar abajo la reforma de Bachelet, que es para muchos la culpable del estancamiento económico de Chile. Aquí la verdadera pelea es contra su legado y no contra el Pingüino de Magallanes, metáfora del presidente Boric. Su gobierno no fue nunca una amenaza, ni tampoco dejó el país en ruinas, pero el relato para atacarlo es el envoltorio para ir a la administración que realmente dolió a la derecha kastiana.
Y Quiroz habla en serio, pues el proyecto reintroduce la “invariabilidad tributaria” para asegurar a los inversores en sectores estratégicos que las reglas del juego no cambiarán por décadas. Para el gobierno es la generación de certezas para inversiones de largo plazo, siempre amenazadas por los ecologistas que buscan proteger al Pingüino de Humboldt o contra los izquierdistas que quieren hacer justicia social con el trabajo de otros. Lo que la oposición califica como un “amarre” para futuras políticas públicas.
Incluso la agenda social se ve impactada por este cambio de paradigma. El proyecto propone suspender por cuatro años el ingreso de nuevas instituciones a la gratuidad argumentando un déficit acumulado proyectado de 3,4 billones de pesos para 2026. Si hubiese existido el clima político para eliminarla, lo habrían hecho.
Es el paso de un modelo de expansión de derechos a uno de estricta eficiencia fiscal. La tesis ideológica que está detrás es que es la única manera de favorecer a la clase media, mal acostumbrada a bonos y similares, de un país que no puede darse esos lujos, como lo hace ver en sus columnas el exministro Gerardo Varela. Lee también...
Quiroz sale a explicar ola de medidas económicas y dice: "Extraviamos el camino hace más de 12 años" Jueves 16 Abril, 2026 | 12:58 Estamos ante el choque frontal de dos visiones. Una que cree que el Estado debe recaudar para corregir la desigualdad, y otra que sostiene que solo el dinamismo del mercado podrá sacar a miles de familias de la precariedad habitacional y devolver a Chile a sus estándares de progreso. Da lo mismo más o menos zanjas, más o menos seremis y otros artificios entretenidos, pero acá es donde verdaderamente el gobierno se juega su sentido.
¿Logrará este proyecto de ley reactivar el motor de la economía o será el inicio de un nuevo ciclo de tensiones? ¿Podrán resistir los pingüinos de Humboldt y Magallanes el avance de lo que ven como el “Pingüino de Batman”, un modelo de derecha dura que, bajo la estética del orden y la eficiencia gélida, busca desmantelar la red de bienestar social?. Mientras los primeros defienden la gratuidad y el gasto público como derecho, el segundo identifica su tesis con la reducción de impuestos para “hacer crecer la torta” y la focalización del gasto, convencidos de que solo la libertad económica volverá a convertir a Chile en un país orgulloso de sí mismo.
Esta es, en definitiva, la verdadera batalla de los pingüinos.
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