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Programa busca convertir información de especies y ecosistemas en herramienta para tomar decisiones
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01:30 · Chile

Programa busca convertir información de especies y ecosistemas en herramienta para tomar decisiones

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Por mucho tiempo la información sobre biodiversidad en Chile ha estado dispersa en herbarios, colecciones biológicas, publicaciones científicas o archivos manejados por grupos de especialistas. Biodata, un programa integrativo del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), busca cambiar ese escenario. Para Pablo Guerrero, director de Biodata, investigador principal del IEB, del Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE) y académico de la UdeC, la existencia de este programa “es crítica en el contexto actual de crisis global” debido a que aborda uno de los principales cuellos de botella de la crisis global: la falta de datos integrados, estandarizados y accesibles para comprender y gestionar la pérdida de biodiversidad.

“La crisis se caracteriza por una rápida transformación de ecosistemas impulsada por el cambio climático, el uso de suelo e invasiones biológicas, lo que exige sistemas de monitoreo dinámicos y comparables en el tiempo”, explica. Guerrero asegura que actualmente existe una brecha estructural entre generación de conocimiento y toma de decisiones. “La ausencia de datos confiables limita tanto la investigación como la planificación”, advierte.

Al respecto, destaca que Biodata reduce esta brecha al convertir datos científicos en productos estandarizados utilizables por agencias públicas y actores productivos, facilitando la implementación de políticas basadas en evidencia. Según el directivo, Biodata permite actualizar continuamente la información y detectar tendencias, una condición que define como “esencial para la gestión adaptativa”. Este 2026, el IEB cumple 20 años de trayectoria como centro de excelencia.

En ese contexto, el programa Biodata se posiciona como una infraestructura estratégica que traduce datos científicos de biodiversidad en información utilizable para la toma de decisiones, mediante la integración, estandarización y acceso abierto de datos provenientes de colecciones biológicas, monitoreo ecológico y plataformas globales. Su inserción como programa integrador permite conectar directamente la investigación de frontera con actores públicos, privados y sociales, afirma el director del proyecto. “La misión de Biodata es poder sacar de los laboratorios los datos de biodiversidad y ponerlos a disposición del contexto.

La idea es que cuando una empresa o el Estado tome una decisión que tenga que ver con la biodiversidad, lo haga sobre la base de datos, no de ideas o de opiniones”, explica Ricardo Segovia, coordinador del equipo Biodata e investigador asociado del IEB. En relación con el sector productivo, destaca que el programa permite incorporar la biodiversidad como un componente operativo en actividades económicas dependientes del capital natural. “La disponibilidad de datos integrados sustenta la implementación de soluciones basadas en la naturaleza (NBS) en sectores como agricultura, silvicultura y minería, contribuyendo a la gestión sostenible de recursos y mitigación de impactos”.

El programa nació como parte de una transformación más amplia en los centros de investigación chilenos. Durante años, estos funcionaron como agrupaciones de científicos que compartían financiamiento, pero mantenían líneas de trabajo muy individuales. Con el tiempo, la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo comenzó a exigirles una mayor vinculación con el entorno y una orientación más clara hacia problemas concretos.

En ese contexto surgieron unidades integrativas dentro del IEB, enfocadas en áreas como especies invasoras, biodiversidad en sectores productivos y estudios de largo plazo. Biodata quedó a cargo de desarrollar plataformas y sistemas que permitan conectar la información científica con usuarios externos. “Biodata ha funcionado como un puente que permite conectar desde el equipo que levanta los datos en terreno hasta un usuario final que analiza esa información para tomar decisiones”, señala Segovia.

En el ámbito de políticas públicas, el programa facilita la construcción de inventarios nacionales de biodiversidad y sistemas de monitoreo, al integrarse con plataformas institucionales como el Sistema de Información y Monitorio de Biodiversidad (SIMBIO). Esto permite informar procesos clave como clasificación de especies, diseño de áreas protegidas y planificación territorial. Uno de los principales proyectos del programa es el Herbario Digital (www.

herbariodigital. cl), una plataforma que reúne en un solo sistema los registros de distintos herbarios de Chile. Allí se integran datos sobre especies vegetales, lugares de recolección, mapas de distribución, imágenes y estado de conservación.

Actualmente participan cinco herbarios chilenos, aunque la meta es incorporar progresivamente a los cerca de doce existentes en el país. A ello comenzarán a sumarse colecciones internacionales, como las del herbario del Jardín Botánico de Edimburgo, que conservan muestras históricas de especies chilenas recolectadas hace más de un siglo. “La integración de datos locales con bases globales (como GBIF) incrementa la calidad y aplicabilidad de la información”, señala Guerrero.

Esto no solo permite reconstruir distribuciones históricas de especies, sino que mejora la precisión de los modelos de riesgo y conservación y la proyección de escenarios futuros que el país requiere para sus metas internacionales. “En el Herbario Digital estamos agregando los datos de varios herbarios de Chile en un único conjunto de datos estandarizado. Eso implica ordenar taxonómicamente los nombres de las especies para que todos entendamos lo mismo cuando hablamos de una planta”, afirma Segovia.

Ese proceso no siempre es simple. Existen discrepancias taxonómicas entre distintas instituciones y algunos ejemplares requieren revisión especializada para confirmar su identificación. “Lo que tenemos en el herbario de Concepción y le llamamos Zephyranthes araucana podría no ser lo mismo que en el herbario de Santiago tiene ese mismo nombre.

Puede que una planta que aparece colectada en la Región del Maule con ese nombre, según otros especialistas, solo exista en la región de la Araucanía”, explica Segovia. “El trabajo taxonómico es muy dinámico. Constantemente hay cambios, revisiones y consensos sobre cómo se debe nombrar una especie”, agrega.

Miles de muestras digitalizadas El Herbario Digital ya supera las 155 mil muestras digitalizadas y avanza a un ritmo cercano a las mil por semana. Según Segovia, eso representa cerca de la mitad del material que esperan incorporar. “Partimos hace cuatro años y ya vamos entre el 50 y el 60% de avance.

Pero ahora entramos a las áreas más complejas, porque hay grupos de plantas que son mucho más difíciles de determinar y todavía falta mucho debate taxonómico”, indica. Guerrero destaca que este inventario preliminar de especies a nivel nacional resulta directamente útil para estrategias de conservación y políticas públicas de biodiversidad. Además de la digitalización, el equipo iniciará campañas de terreno para completar vacíos de información.

Actualmente existe un 17,5% de las especies del catálogo nacional de plantas vasculares para las cuales aún no hay ejemplares digitalizados. Otro de los proyectos clave de Biodata es el desarrollo del Catálogo de la Biodiversidad de Chile, nombre preliminar de una plataforma que busca ampliar este trabajo de estandarización taxonómica más allá de la flora y abarcar progresivamente animales y hongos. La iniciativa apunta a resolver una carencia de base.

Mientras en plantas vasculares existe un catálogo histórico que permite ordenar nombres, corregir discrepancias y estandarizar registros, en muchos otros grupos de organismos ese instrumento simplemente no existe. Por eso, Biodata impulsa una plataforma que permita construir ese catálogo de manera colaborativa, con participación de especialistas de distintas áreas. “Para el resto de los grupos taxonómicos no existe un instrumento como ese.

Entonces entre todos vamos a tener que desarrollarlo”, explica Segovia. Según detalla, la estructura ya está implementada a nivel informático, pero ahora atraviesa una etapa de articulación con las comunidades científicas que deberán alimentarla, corregirla y validarla. La lógica es que distintos expertos puedan revisar las partes del catálogo que conocen mejor, en una suerte de red colaborativa orientada a construir una base común para toda la biodiversidad del país.

“Vamos a generar una red en que los distintos especialistas de cada grupo van a poder corregir las partes que conocen del catálogo total, para tener una base de datos de toda la biodiversidad de Chile”, dice. La expectativa del equipo es que esta herramienta empiece a funcionar como bien de uso público durante este año, aunque su consolidación dependerá también del trabajo institucional y de la construcción de equipos de trabajo. Este sistema permitirá que otras bases de datos consuman información taxonómica validada por especialistas.

Por ejemplo, las fichas del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) se actualizarán automáticamente cuando haya cambios validados científicamente en los nombres de las especies. La digitalización e integración de colecciones biológicas permiten reconstruir distribuciones históricas, evaluar cambios y mejorar la precisión de modelos de riesgo y conservación, resalta Guerrero. Para el director de Biodata, al resolver errores taxonómicos y de distribución, el programa entrega al Estado inventarios nacionales robustos, reduciendo la brecha entre la generación de ciencia y la implementación de políticas públicas basadas en evidencia concreta.

Adicionalmente, el programa fortalece la interfaz ciencia–sociedad mediante la coproducción de conocimiento, integrando datos locales (colecciones, expertos taxonómicos) con bases globales, lo que incrementa la calidad, trazabilidad y aplicabilidad de la información. “En economías dependientes del capital natural, como la chilena, la biodiversidad es un activo estratégico. Sin información adecuada, su gestión sostenible es inviable.

Biodata permite incorporar la biodiversidad como variable cuantificable en decisiones económicas y ambientales”, resalta Guerrero.

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