Pesca artesanal de Ñuble acusa “criminalización” en plena temporada
¡Hola! En Ñuble, el mar parecía ofrecer certezas. Cada temporada de sardina y anchoveta activaba una cadena que va desde las caletas hasta el comercio local, consolidando la pesca artesanal como un pilar silencioso de la economía regional.
La rutina era conocida: zarpe temprano, faenas en la primera milla y desembarques que daban sustento a cientos de familias. Hasta ahora. El inicio de esta temporada llegó con un ruido distinto.
Pescadores artesanales acusan que las nuevas medidas de fiscalización y el discurso de la autoridad están instalando una imagen que los deja bajo sospecha. Hablan de “criminalización”, de exigencias técnicas difíciles de cumplir y de una presión regulatoria que no reconoce cómo funciona realmente la actividad en la costa. A eso se suma la controversia por la cesión de cuotas hacia el Biobío, que reabre dudas sobre el equilibrio del sistema que ambas regiones comparten.
En este escenario, la pesca artesanal en Ñuble enfrenta algo más que un inicio complejo de temporada: un conflicto que tensiona su desarrollo y su legitimidad. En Aquí Ñuble abordamos las claves de esta disputa, para entender qué está en juego y cómo puede impactar a uno de los sectores productivos más relevantes de la región. Antes de comenzar,quiero invitarte a que compartas Aquí Ñuble, así nuestra comunidad crecerá más cada día.
Si aún no te sumas, o si alguien que te aprecia te compartió este boletín, te invito a que te inscribas gratis para que no te pierdas los análisis y descubras los secretos del acontecer noticioso regional. Conflicto en el mar: pesca artesanal de Ñuble acusa a Sernapesca de criminalizar la actividad La escena se repite cada año en la costa de Ñuble: de madrugada, motores encendidos, redes listas y una expectativa que mezcla rutina con incertidumbre. Pero esta vez, junto con el inicio de la temporada de sardina común y anchoveta llegó algo distinto.
No es el clima ni la disponibilidad del recursolo que inquieta a los pescadores artesanales de cerco, sino una sensación más difícil de medir: que su trabajo está siendo puesto en duda. El malestar se arrastra desde hace semanas y tomó forma en un comunicado inusual por su tono directo. En él, los pescadores acusan al Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) de instalar una narrativa que los deja, en la práctica, bajo sospecha.
Hablan de “criminalización” y de información incorrecta difundida en campañas y procesos de fiscalización. El punto no es menor: no se trata solo de una diferencia técnica, sino de cómo se construye la imagen pública de una actividad que, para muchas familias, es la base de su sustento . El núcleo del conflicto está en la primera milla, ese espacio costero donde históricamente se ha concentrado la pesca artesanal de pequeños pelágicos.
Ahí operan las redes de cerco, una técnica que según los pescadores es selectiva y no interviene el fondo marino. Desde la autoridad, sin embargo, se ha advertido que este método podría generar un “efecto de arrastre de fondo”. Para el sector, esa afirmación no solo es equivocada, sino que tiene consecuencias concretas: instala la idea de una práctica dañina y abre la puerta a mayores restricciones.
“No refleja la naturaleza de nuestra técnica”, insisten, en un intento por corregir lo que consideran una distorsión de su trabajo . Pero el conflicto no se agota en la discusión técnica. Las nuevas exigencias también están en el centro de la controversia.
Cambios en el tamaño de las redes, límites en la profundidad y especificaciones sobre las mallas son vistos por los pescadores como medidas desconectadas de su realidad. Adaptarse implica costos que, aseguran, no pueden absorber. En un sector en el que los márgenes son estrechos y los ingresos dependen del día a día, modificar equipamiento no es un ajuste menor, sino una decisión que puede poner en riesgo la continuidad de la actividad.
“Es insostenible”, repiten. Al mismo tiempo, la fiscalización se ha intensificado. En los principales puntos de desembarque –muchos de ellos en el Biobío– se despliegan equipos de control que supervisan cuotas, certifican descargas y monitorean la trazabilidad del recurso.
A eso se suma el uso de tecnología, como el monitoreo satelital en embarcaciones de mayor tamaño y controles en terreno coordinados con la Armada. Desde Sernapesca, el objetivo es claro: asegurar la sustentabilidad de una pesqueríaclave para el país. Pero en Ñuble, la percepción es otra.
Los pescadores sienten que la presión regulatoria está creciendo sin un diálogo suficiente y que, en lugar de fortalecer el sector, lo está tensionando. En medio de este escenario aparece un elemento que complejiza aún más la discusión: la cesión de cuotas. Recientemente, la Subsecretaría de Pesca autorizó transferencias de toneladas de sardina y anchoveta desde organizaciones hacia armadores del Biobío.
En términos legales, el sistema es claro y está permitido: las cuotas siguen perteneciendo a sus titulares originales, aunque otros las pesquen. Pero en la práctica, esto significa que recursos asociados a un régimen compartido entre Ñuble y Biobío pueden terminar siendo capturados mayoritariamente fuera del territorio ñublensino. Para los pescadores locales no es solo un detalle administrativo, sino un factor que refuerza una sensación de desbalance estructural.
El contexto no es menor. La pesquería de pequeños pelágicos –sardina y anchoveta– es una de las más relevantes del país. No solo por su volumen, sino por el ecosistema económico que moviliza: empleo directo, servicios portuarios, transporte, abastecimiento y comercio.
Cada temporada activa una cadena que va mucho más allá de la extracción. Por eso, cualquier cambio –regulatorio, técnico o discursivo– tiene efectos que se sienten rápidamente en la vida cotidiana de quienes dependen del mar. En Ñuble, esa cadena es más frágil.
Sin la infraestructura portuaria del Biobío ni el mismo peso en desembarques, la región observa cómo decisiones que se toman en un marco interregional impactan de manera desigual. La cesión de cuotas, la concentración de controles en puertos vecinos y la narrativa sobre las prácticas de pesca configuran un escenario donde los pescadores sienten que pierden terreno, no solo en lo productivo, sino también en lo simbólico. Hemos llegado al final de Aquí Ñuble.
Si tienes algún comentario, duda o información que quieras compartir, puedes escribirme a aquinuble@elmostrador. cl.
¿Te pareció importante esta noticia?
Compártela y mantén informado a Chile