Perú: ¿más de lo mismo?
El domingo 12 de abril se llevaron a cabo elecciones generales en el Perú, se elegía al nuevo presidente (a), a un renacido Senado, también a la nueva Camara de Diputados, más los miembros peruanos del parlamento Andino. A la fecha de redacción de esta columna, aún no concluye el conteo presidencial, aunque podemos extraer algunas conclusiones preliminares: Tendremos segunda vuelta. En efecto, dado que ningún candidato obtuvo mayoría absoluta, la ley manda una segunda vuelta con fecha el próximo 7 de junio.
Hasta el momento, faltando por incorporar al conteo cerca de un 6% del total, la mayoría procedente de las zonas rurales apartadas y las mesas del exterior, el segundo lugar es disputado entre Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Peru, de fuerte identificación con el procesado presidente Castillo. Es un claro candidato del mundo rural y andino, donde tiene el fuerte de su respaldo. Ha desplazado (por pocos miles de votos hasta ahora) a Rafael López Aliaga, líder de la ultraderecha limeña, quien imita las técnicas del presidente Trump.
López no acepta quedar fuera de la carrera y ha llamado a desconocer el resultado alegando fraude, apelando a la insurgencia civil. La segunda vuelta polarizará al país. Una elección entre Keiko y Sánchez no será una campaña suiza.
Abundarán los fakes, los bulos y el troleo. Agreguemos que López Aliaga y sus aliados harán lo posible por judicializar el proceso. La ley es clara, solo se puede anular una elección en el caso que dos tercios de la ciudadanía vote nulo o no emita opinión.
Pero la presión mediática y social es difícil que se apegue exclusivamente a la ley. El candidato que llegó cuarto, Jorge Nieto, ha sido claro: “el que alegue fraude que aporte pruebas, si no, que se calle”, señalando que el Perú necesita de paz hoy en día. Por su parte las dos misiones internacionales de observación electoral han sido claras: si bien se detectan fallas en temas de gestión, las dos coinciden en que no existen elementos para hablar de fraude.
Así lo dice la misión de la Union europea, y lo mismo señala la misión de observación electoral de la OEA que encabeza el excanciller boliviano Víctor Rico. Quien gane tendrá votos prestados. Si la actual distribución de votos (al 94%) se mantuviese, tendríamos que entre los dos candidatos que pasen al ballotage apenas reunirían un tercio de los votos, por tanto, de ganar en segunda vuelta, requerirán reclutar nuevos adherentes, entre aquellos que votaron por alguno de los 33 presidenciables restantes como primera opción.
Como decimos en Chile, ganarán con “votos prestados”, que suelen ser volubles, y cambiar de parecer según la marcha de los acontecimientos (preguntarles a los presidentes Boric y Kast). Dato no menor: el numero de votos en blanco y anulados supera con creces a los que obtuvo la primera mayoría relativa, es decir, los “sin voto” suman mas que Keiko Fujimori. Una compleja relación Presidencia-Congreso.
Un dato que desconocemos con exactitud hoy es cual será la composición definitiva del congreso, también electo el pasado domingo 12. Lo que si sabemos es que ningún candidato obtuvo una mayoría parlamentaria contundente. En los últimos años los presidentes han estado sometidos a mayorías parlamentarias que limitan severamente su actuar.
El congreso tiene una poderosa arma, que es la de “declarar la vacancia moral del presidente” lo que implica su destitución, y su reemplazo por un vicepresidente o por el presidente del congreso en funciones. Así, “vacar al presidente” se ha convertido en una práctica cotidiana por parte de mayorías parlamentarias de escaso contenido programático pero elevado olfato de poder. Ha sido la historia reciente del Perú y todo pareciera indicar que puede seguir siéndolo.
¿Mas de lo mismo? Resta poco para concluir el recuento de la primera vuelta, no será un proceso tranquilo, y quien gane el próximo 7 de junio tendrá un pedregoso camino rumbo al 28 de julio, día en que deberá tomar posesión del mando. Lo que si sabemos es que el cómputo se ha vuelto extraordinariamente lento en los últimos días.
En esta columna nos hemos circunscrito a un ámbito político electoral, pero la realidad peruana es más compleja, el Perú es hoy una sociedad desconfiada de los políticos, atemorizada por elevados índices de criminalidad, que posee una economía estable y prospera, pero para la minoría urbana y el capital extranjero, un riesgo país que refleja las aprehensiones del mercado global, y una pobreza que en algunas regiones persiste desde tiempos coloniales. ¿Cuál es el clivaje principal del Peru hoy? ¿El de Lima versus las regiones?
¿el de los incluidos por el modelo versus los excluidos de siempre? ¿Cómo se construye cohesión social en medio de la supervivencia de prácticas culturales excluyentes y racistas? Un gobierno de minoría, con un congreso ducho en alianzas pragmáticas, una economía que está perdiendo una oportunidad de oro para vivir una fase de crecimiento, sea por la proliferación de actividades ilegales (como buena parte de la economía del oro) más la corrupción tanto en el gobierno central como en los distintos gobiernos regionales, todo lo que explica que arriba del 70% de la fuerza de trabajo viva en la informalidad.
Por ello muchos nos preguntamos si estamos en presencia de un proceso que nos lleva a más de lo mismo. Así, el Perú se alista a una segunda vuelta el próximo siete de junio. Quien gane, asumirá el 28 de julio la presidencia, en medio de un mundo convulsionado por las guerras y en el cual, Peru vive como pocos la tensión de su relación con China y con EEUU.
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