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Perfil | Elvira Hernández: Lebu como punto de fuga de una poesía que interpela a Chile
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21:00 · Chile

Perfil | Elvira Hernández: Lebu como punto de fuga de una poesía que interpela a Chile

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Hay escrituras que nacen desde los márgenes y, sin proponérselo, terminan desplazando el centro. La de Elvira Hernández, nacida en Lebu, es también la de una mujer de región cuya obra se ha desarrollado en un diálogo constante con el país, observando sus transformaciones, tensiones y silencios. Más que instalar certezas, su escritura parece habitar en la incomodidad, en aquello que no termina de decirse del todo, pero que persiste, como una forma de interrogar el lenguaje y la experiencia colectiva: - En Lebu, ciudad pesquera artesanal y con una rica identidad mapuche-lafkenche, nació el 2 de julio de 1951 Elvira Hernández —seudónimo de Rosa María Teresa Adriasola Olave—, en el seno de una familia marcada por el servicio público.

Hija del general de Carabineros, Arturo Atilio Adriasola y de María Teresa Olave, funcionaria pública. A los 4 años, debido al trabajo de su padre, la familia se trasladó a Chillán, donde creció junto a su hermano menor Arturo. Cursó su educación básica y posteriormente estudió en el Instituto Santa María, un colegio religioso que marcaría sus primeras tensiones con una formación estructurada.

Fue en ese entorno donde comenzó a escribir sus primeros versos, en una práctica íntima y temprana que, con el tiempo, se transformaría en una voz poética singular dentro de la literatura chilena contemporánea. - Tras completar su formación escolar, Elvira Hernández ingresó en 1969 al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile para estudiar Filosofía, en un contexto donde el pensamiento crítico comenzaba a perfilarse como una herramienta central en su formación intelectual. Permaneció allí hasta 1973, cuando el golpe de Estado interrumpió ese proceso, marcando no solo su trayectoria académica sino también su relación con el país y sus instituciones.

'Nos costó salir de la estupefacción y personalmente creo que me demoré un par de años en darme cuenta que la posibilidad de cambio en el país había sido derrotada', escribió. Dos años más tarde, en 1975, retomó sus estudios, esta vez en Literatura en el Departamento de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la misma universidad, un espacio singular donde coincidió con figuras como Enrique Lihn, Nicanor Parra y Ronald Kay. Ese tránsito entre filosofía y literatura, atravesado por el quiebre político del país, terminó por consolidar una mirada crítica y una relación con el lenguaje que sería decisiva en el desarrollo de su obra.

- En 1979, en plena dictadura, la vida de Elvira Hernández dio un giro decisivo cuando fue detenida en la vía pública por agentes de la CNI, siendo trasladada al cuartel Borgoño, donde permaneció 5 días tras ser confundida con otra persona. Tras sobrevivir al secuestro, los agentes la fueron a dejar a la misma calle donde ella vivía. La experiencia dejó una marca persistente en su forma de entender el lenguaje y el país, en un contexto atravesado por la vigilancia y el temor.

Años más tarde, esa vivencia se inscribiría en una sensibilidad marcada por la violencia y la fragilidad de la vida, como ella misma evocaría al reflexionar sobre un tiempo donde “las desapariciones empiezan a ocurrir como una cuestión habitual”. Lejos de convertirse en testimonio directo, esa experiencia derivó en una transformación más profunda, en una escritura tensionada por la historia reciente. - Poco después encontraría su expresión tras escribir La bandera de Chile, concebida bajo presión y convertida en un símbolo de resistencia cultural durante la dictadura.

El texto circuló clandestinamente por el país por copias mimeografiadas y 10 años después fue recién publicado por la editorial Libros de Tierra Firme en Buenos Aires, Argentina. 'Come moscas cuando tiene hambre La Bandera de Chile/ en boca cerrada no entran balas/ se calla/ allá arriba en su mástil', dice el texto. En 2003 recién fue publicada en Chile por la editorial El Retiro.

“Después de que estuve detenida escribí La bandera de Chile, que es un poco consecuencia de esa detención también, yo le pasé ese material a gente del MIR, de la revista Vanguardia, y eso fue confiscado; entonces la primera versión de La Bandera de Chile la tiene la CNI. Esto porque la gente de esa imprenta fue detenida, yo me enteré de eso mucho después, nunca supe si la revista salió o no salió, mucho tiempo después me enteré de que esa publicación había tenido problemas, de que había caído ese taller', recordó en una entrevista. - La obra de Elvira Hernández se despliega desde mediados de los años ochenta en una trayectoria marcada por la experimentación y el cruce entre poesía, ciudad y política, iniciando con ¡Arre!

Halley ¡Arre! (1986), su primer libro publicado, seguido por Meditaciones físicas por un hombre que se fue (1987) y Carta de viaje (1989), donde ya aparecen temas como el desplazamiento y la marginalidad. A partir de los años noventa, su producción se consolida con títulos como El orden de los días (1991), Santiago Waria (1992) y Álbum de Valparaíso (2002), donde profundiza en la ciudad como espacio simbólico y político.

En las décadas siguientes, su escritura mantiene esa densidad crítica con obras como Cuaderno de deportes (2010), Actas urbe (2013) y Pájaros desde mi ventana (2018), además de la antología Los trabajos y los días (2016), configurando un corpus que no solo dialoga con la historia reciente de Chile, sino que instala el lenguaje como un espacio de disputa y ciudadanía. - Más allá de la cronología de sus publicaciones, la escritura de Elvira Hernández se configura como una poética que entiende el lenguaje como un espacio de disputa y de construcción de lo común, donde el poema no busca representar la realidad, sino intervenirla. Su obra, surgida en el contexto de la dictadura, se caracteriza por un uso experimental del lenguaje —quiebres sintácticos, cruces de registros y apropiación de discursos urbanos y populares— que la sitúan dentro de una corriente neovanguardista, aunque ella misma ha cuestionado esa etiqueta.

En su concepción, escribir no responde a un programa previo ni a una “poesía comprometida” en términos tradicionales, sino a una experiencia más profunda: dejar que el lenguaje revele aquello que permanece oculto o silenciado, permitiendo que la palabra trascienda lo individual para rozar lo colectivo . De ahí que su poesía se sitúe en un espacio público —la calle, la ciudad, la ciudadanía— donde observa, escucha y recoge las tensiones sociales, entendiendo al poeta como alguien que “tiene que notar lo que está ocurriendo” más que imponerse como voz. Así, su escritura se convierte en una forma de conocimiento y en una práctica crítica que escudriña las experiencias colectivas en contextos de crisis, haciendo del lenguaje un territorio donde se disputan sentidos, memorias y formas de vida en común.

- En el reconocimiento institucional de su trayectoria, Elvira Hernández fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura 2024, consolidando un amplio conjunto de distinciones que dan cuenta de la relevancia de su obra en la poesía chilena y latinoamericana, entre las que destacan el Premio Nacional de Poesía Jorge Teillier (2018), el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2018) y el Premio del Círculo de Críticos de Arte de Chile en la categoría Poesía por Pájaros desde mi ventana (2018), además del Premio a la Trayectoria del Festival de Poesía La Chascona (2017) y su condición de finalista del Premio Altazor de Poesía 2012 con Cuaderno de deportes . En paralelo, su obra ha sido ampliamente recopilada en antologías como Los trabajos y los días (2016), Zona de desvíos (2018) y Yo no soy el espectáculo (2019), a las que se suma el volumen Excavaciones (2022), que reúne parte de su producción inédita, junto con sus ensayos en Sobre la incomodidad (2019) y sus entrevistas en No soy tan moderna (2021), configurando un corpus que articula creación poética y reflexión crítica sobre el lenguaje y la sociedad. - En 2025 estuvo invitada a la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y Universitarios en Ciudad de México, así como ha ello, a dictar charlas y conferencias a distintas partes del mundo.

Elvira Herández al presentar en México su libro Reordenamiento de los días, reflexionó: 'En verdad, ahora que se habla mucho de escritura, uno escribe en muchas direcciones y esa escritura se va acumulando, y publica muchas veces la punta de aquello que ha aparecido. Sin embargo, pasado el tiempo, es posible poder llegar a esos lugares de aquello que uno desechó”.

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