URGENTE.CL
● EN VIVO
Pérdida de rumbo y castigo al laborismo en Reino Unido
BREAKING
SISMO
01:46 · Chile

Pérdida de rumbo y castigo al laborismo en Reino Unido

Compartir

Las elecciones recientes en el Reino Unido, que fueron municipales parciales en el caso de Inglaterra (con 5. 000 asientos municipales en juego) y regionales en los casos de Escocia y Gales, resultaron en un real cataclismo para los tradicionales partidos laboristas y conservador británico (dupla que se repartió el poder desde los 1920), y “un cambio histórico” en la política británica como dijo el líder del triunfante partido de populista de ultraderecha Reform UK (formado con las cenizas del del Brexit), Nigel Farage. El laborismo del cuestionado primer ministro Keir Starmer, que en 2022 ganó las municipales y las elecciones generales del 2024 por mayoría aplastante (obtuvo 412 escaños de 650 en la Cámara de los Comunes – 63.

4%) tras 14 años de cuestionada gestión conservadora (en especial de Boris Johnson), sufrió una derrota histórica en sus propios “feudos electorales”. En Inglaterra perdió 38 consejos y 1496 concejales (tenía 2564), en Gales quedó tercero en el Senedd (parlamento galés) y perdió el dominio político que tenía desde 1999, y en Escocia solo logró 17 escaños de 129 escaños (queda en segundo empatado con Reform UK en el parlamento de Holyrood) y muy lejos de los 58 del Partido Nacional Escocés de John Swinney (éste no alcanzó los escaños para pedir un nuevo referéndum de autodeterminación). Salvo escasas excepciones como los votos más de izquierda que se refugiaron en el Partido Verde, los votos laboristas se fueron a los populistas de ultraderecha de Reform UK.

, partido que capitalizo el descontento ciudadano y el desgaste del gobierno con el mal curso de la economía, inmigración, costo de vida y problema de los servicios públicos, entre otros. El Reform UK paso de 2 escaños a 1453 en Inglaterra y entró con fuerza en el Parlamento Galés ganado por el partido nacionalista Plaid Cymru. Igualmente, los conservadores venidos a menos tras sus malos gobiernos, también cayeron con fuerza en Inglaterra al perder 563 escaños y quedar detrás de los liberal-demócratas (801 versus 844).

De esta elección se constata una gran ampliación del partido ultraderechista de Farage en casi todo el territorio, lo que lo sitúa como un serio rival para los laboristas y conservadores de cara a las elecciones generales previstas para 2029. También se percibe que, si sumamos el actual gobierno norirlandés del Sinn Fein, tres naciones históricas del Reino Unido (Escocia, Gales e Irlanda del Norte) estarán dirigidas por fuerzas independentistas, lo que aumenta la amenaza de autonomía. Por último, la idea del bipartidismo que definió al sistema político británico desde hace más de cien años (1922), ha quedado expuesto a un sistema de partidos mucho más fragmentado y de tinte nacionalista, lo que anticipa una estabilidad institucional precaria y difíciles negociaciones en la formación de gobiernos municipales y regionales.

La “pérdida de adhesión” del laborismo, en parte importante, se debe a la dificultad para seguir representando de forma clara a la clase trabajadora industrial y los asalariados que históricamente constituyeron su base social y cultural. El laborismo que nació ligado a sindicatos, minería, industria pesada y grandes centros fabriles, ya desde los años 80’s (especialmente tras el gobierno de Margaret Thatcher) fue impactado por la desindustrialización, privatizaciones, debilitamiento sindical y expansión de los sectores de los servicios y financieros (cambios vitales para la identidad obrera que sostenía al partido). Era claro que la clase obrera tradicional se había desdibujado importantemente con esos cambios.

Antes ello y en vista a la necesidad de mejorar la competitividad electoral, en los años 90’ los laboristas encabezados por Tony Blair (con su Tercera Vía) pasaron de ser un partido de base popular a uno del establishment, al aceptar buena parte del modelo neoliberal, acerándose al empresariado y a Londres en desmedro de los territorios, y priorizando temas de modernización y gestión eficiente más que los ligados a los antiguos clivajes ligados a los conflictos de clases. Se apostó a la lógica institucional dominante en medio de prioridades cambiantes sin mediarlas suficiente con los anclajes tradicionales, debilitado así su vínculo con la sociedad a pesar de mantener más políticas redistributivas que los conservadores. Ese giro (de superar izquierdas y derechas) si bien le permitió al laborismo grandes victorias electorales, hizo que muchos de sus votantes tradicionales sintieran una falta de representación al no verlo como una alternativa al conservadurismo y su proyecto excluyente.

Moverse al centro generó gobernabilidad, pero también dinamizó conflictos con la base al no haber interacción y un horizonte compartido. Se produjo un distanciamiento del partido con los sectores populares, especialmente en las regiones industriales del norte de Inglaterra y Gales al estar dominado por elites urbanas universitarias de Londres, las que pusieron énfasis en causas cosmopolitas y menor atención al empleo industrial, inmigración o identidad nacional. Lea Ypi, en su crítica a la izquierda progresista, dice que las luchas feministas, antirracistas o ambientales quedaron muchas veces desconectadas de una crítica estructural del capitalismo y de clase.

El Brexit (23/06/2016) fue otro evento que profundizó la fractura y mostró ese distanciamiento. Mientras gran parte de la dirigencia laborista era pro europea, muchas zonas obreras “inseguras” frente una globalización con caras de “dulce y agraz”, votaron por salirse de la Unión Europea. Es claro que, además del uso sistemáticos del miedo y de un exacerbado nacionalismo (inmigraciones y crimen organizado) por parte de las derechas, como dice Ypi, es ella la que domina la crítica sistémica hoy, lo que impacta a un electorado más volátil.

Esas diferencias ideológicas en el laborismo se reflejaron bien en las disputas de Jeremy Corbyn con el mainstream centristas y conservador del partido, las que se profundizaron cuando su liderazgo (2015-2020) impulsó una agenda mucho más socialista y anti-austeridad. Temas como las nacionalizaciones, gasto público, política exterior, inmigración, relación con el mercado, entre otros, fueron causa de fricción. En el caso de política exterior, por ejemplo, se cuestionó su postura crítica hacia la OTAN, Estados Unidos e Israel, entre otros, y que incluyeron acusaciones de la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos del Reino Unido (EHRC) 2020 que el laborismo no manejó adecuadamente casos de supuestos antisemitismo durante su dirección (Corbyn dijo que fue una exageración).

Tras dejar el liderazgo del partido, el conflicto con la nueva conducción de Keir Starme siguió. Corbyn lo acusó de volver hacia posiciones más pragmáticas/conservadoras desprovistas del sentido social: ej. recortando ayuda para la calefacción en invierno, reduciendo las prestaciones por discapacidad, manteniendo el límite de dos niños para recibir prestaciones, permitiendo el cobro oneroso de empresas de agua…) y por la posición más pasiva e indulgente del partido frente al genocidio Gaza.

Corbyn fue suspendido del bloque parlamentario por el Comité Ejecutivo Nacional, y terminó actuando como diputado independiente. Tras su salida del laborismo, fundo un nuevo partido junto a la diputada Zarah Sultana (Your Party), el que pretende desafiar al laborismo desde la izquierda. Si bien es un partido pequeño (4 representantes en Westminster) y en las últimas elecciones solo gano algunos concejales y tuvo cierto éxito en su apoyó a Verdes y liberales demócratas), adquirió notoriedad y cierta influencia en la izquierda británica.

Tras veinte meses de gobierno y cuando eliminó el límite de 2 hijos para recibir prestaciones, el propio Starmer admitió que “había mantenido a niños en la pobreza sin motivo alguno” al unísono que el partido se jactaba de los aumentos récord en el gasto militar (Corbyn). Entonces, además de no resolverse la disputa ideológica y la división con la salida de Corbyn y la llegada de Starmer, persiste la pregunta de ¿qué representa hoy el laborismo además de ser una alternativa administrativa a los conservadores? El problema central no es solo electoral, sino ideológico-simbólico al haber pérdida de relato histórico, debilitamiento de la solidaridad popular y dificultad para articular un proyecto colectivo en sociedades fragmentadas y posindustriales, tensiones todas que afecta al progresismo en general (dilema entre globalización, identidad nacional y representación popular).

Por tanto, se debe aprender tanto del fracaso del socialismo estatal que revivió en las burocracias autoritarias como de la socialdemocracia que termino acomodándose al neoliberalismo (Ypi). La derrota sufrida por los laboristas aceleró un desgaste político que ya venía creciendo por el malestar con la economía, el aumento del costo de vida y la percepción de que el gobierno ha perdido la dirección. Las renuncias en el gabinete y las peticiones de renuncia de Starmer elevaron aún más la presión partidaria.

A pesar de que desbancar a Starmer es difícil (no solo se rehúsa a renunciar, se necesita el 20% de los laboristas en la Cámara para empezar), y hay sucesores como el alcalde Andy Burnham del ala moderada–socialdemócrata (todavía debe entrar al parlamento) o Angela Rayner, ex viceprimera ministra, del ala de izquierda y cercana a las bases sindicales, entre otros, no se ve una reconfiguración 2. 0 de ese proyecto histórico del laborismo en la complejidad de hoy (como lo hizo el PSOE en su momento). Hay una falta de síntesis política tras esta derrota electoral y no hay decisiones estratégicas para reconstruir un proyecto democrático complejo de esencia popular en un marco globalizado.

El cambio de timonel puede ser un paso del principio o quedar en gatopardismo.

¿Te pareció importante esta noticia?

Compártela y mantén informado a Chile