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¿Perder con Jiles o perder por Jiles?
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08:05 · Chile

¿Perder con Jiles o perder por Jiles?

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En política, como en el fútbol, a veces se habla de derrotas inevitables: partidos en los que el margen de maniobra es tan estrecho que la discusión deja de ser cómo ganar y pasa a ser cómo perder. Algo de eso ocurrió esta semana en la elección de la mesa directiva de la Cámara de Diputadas y Diputados, donde la oposición terminó enfrentando un dilema incómodo: perder por Pamela Jiles o perder con Pamela Jiles. La conformación de mesas directivas del Congreso no es un trámite administrativo.

Es una señal política temprana sobre el grado de orden o desorden de los bloques. Por eso, lo ocurrido este miércoles en la Cámara terminó diciendo bastante más sobre el estado de la oposición que sobre el resultado mismo de la votación. Antes de la elección hubo intentos por construir un acuerdo administrativo más amplio.

Sectores del progresismo incluso exploraron un entendimiento con parte de la derecha. La condición que se puso sobre la mesa era excluir al Partido Comunista y al Frente Amplio. La disyuntiva era evidente: aceptar un acuerdo que dejara fuera a parte relevante del propio sector o competir manteniendo la unidad.

Se optó por lo segundo, privilegiando una señal política hacia dentro del bloque. Esa decisión, aunque defendible desde la lógica de la cohesión interna, también refleja una tensión más profunda del progresismo. La unidad del sector suele presentarse como un valor en sí mismo.

Sin embargo, las diferencias políticas y programáticas no necesariamente debilitan. En ciertos momentos también pueden ampliar la base política del sector y abrir espacio a nuevas mayorías. De hecho, en las últimas elecciones fueron precisamente esas diferencias las que permitieron crecer, más que una unidad forzada que rara vez se sostiene en la práctica.

La alternativa que terminó tomando forma fue intentar una mayoría con el Partido de la Gente y la candidatura de Pamela Jiles. En el papel la aritmética podía funcionar, pero implicaba asumir un costo político evidente. Era apostar por una mayoría extremadamente frágil, dependiente de votos difíciles de ordenar y de compromisos políticos inestables.

Pero ni siquiera esa apuesta alcanzó a consolidarse. Bastaron algunos movimientos individuales para que el acuerdo se desarmara antes de la votación decisiva. La inasistencia de Marisela Santibáñez, el voto de Felipe Camaño a cambio de la primera vicepresidencia de la mesa y el apoyo de Jaime Mulet, presumiblemente vinculado a la presidencia de la comisión de Constitución, terminaron inclinando la balanza.

Si el riesgo era perder con Jiles, lo que finalmente ocurrió fue algo distinto: perder por Jiles, debido a descolgados que optaron por acuerdos individuales antes que por el compromiso de la mayoría opositora. El episodio deja en evidencia algo más estructural que una negociación fallida. La oposición reúne hoy al Partido Comunista, el Frente Amplio, el Partido Socialista, el PPD, el Partido Liberal, la Democracia Cristiana, además de un puñado de independientes y militantes de partidos en vías de disolución.

Pero esa diversidad todavía está lejos de traducirse en coordinación política efectiva. Más que un bloque articulado, lo que apareció fue una suma de actores intentando cerrar acuerdos tácticos de último minuto, en medio de movimientos desordenados para evitar una derrota. En un Congreso especialmente fragmentado, confiar, como si estuviera escrito en piedra, en una mayoría frágil, es casi una invitación al fracaso.

Y cuando eso ocurre, lo que queda expuesto no es solo el resultado de una votación, sino la dificultad política para construir acuerdos capaces de sostenerse en el tiempo. Perder una votación es parte de la política. Y si bien muchas veces hay que optar por el mal menor, cuando ni siquiera eso funciona, el problema deja de ser la derrota y pasa a ser lo que esta revela.

Y lo que dejó ver esta semana fue una oposición que todavía no logra ordenar sus fuerzas para actuar como mayoría política. *Danilo Herrera es cientista político dedicado al seguimiento legislativo.

FIN DE LA ALERTA