Patrick Lahaie, socio senior y líder Global de Metales y Minería de Mckinsey & Company: “Chile sigue siendo una de las jurisdicciones mineras más consolidadas del mundo, pero está perdiendo impulso relativo”
De producción de cobre, costos, tiempos de permisos en Chile y de los efectos de la guerra en Medio Oriente sobre el sector minero habló con DF el canadiense Patrick Lahaie, socio senior de McKinsey & Company, quien recientemente visitó el país y moderó uno de los paneles principales de la Cesco Week, en el que participaron los CEO de Lundin Mining, Gold Fields y Capstone Copper. En medio del impulso que vive la industria cuprífera por la transición energética, el líder global de Metales y Minería de la consultora estadounidense considera que “es poco probable” que el conflicto entre EEUU e Irán altere la trayectoria fundamental del mercado del cobre. Sin embargo, advierte que “puede generar dislocaciones relevantes en el corto y mediano plazo, reforzando un entorno ya ajustado”.
- ¿Qué tipo de ‘dislocaciones’? - A nuestro juicio, el principal efecto sería una ampliación incremental del déficit del mercado, potencialmente del orden de hasta un millón de toneladas en escenarios de disrupción severa, impulsada principalmente por restricciones en la oferta. Por el lado de la oferta, restricciones de ácido sulfúrico podrían implicar pérdidas de 300-400 mil toneladas, sumadas a disrupciones logísticas y comerciales en el corto plazo.
En la demanda, hay presiones inflacionarias, mayor costo de capital y debilidad de la demanda regional. Sin embargo, a mediano plazo se proyecta un escenario alcista por mayor electrificación e inversión en redes asociadas a la inestabilidad geopolítica. - ¿En qué áreas está más expuesto Chile y qué salvaguardas se podrían adoptar?
- En Chile, el azufre, el ácido sulfúrico y los precios del petróleo son los principales factores externos que afectan a la minería. Aunque la dependencia de azufre es baja, con producción local cercana a 200 mil toneladas de azufre e importaciones similares, la capacidad de conversión a ácido sulfúrico es limitada, generando una alta dependencia de importaciones desde Perú y Asia. Restricciones recientes en estos mercados podrían tensionar la oferta en 2026, elevando costos, afectando especialmente a operaciones SX-EW (Extracción por Solventes y Electro-obtención) y forzando ajustes en producción.
En paralelo, la exposición al precio del petróleo es relevante, sobre todoen faenas de baja ley. “El principal efecto (de la guerra) sería una ampliación del déficit de mercado de hasta un millón de toneladas de cobre en escenarios de disrupción severa”. Liderazgo de Chile Respecto de la competitividad de Chile versus otras latitudes mineras, como Perú, Australia y Canadá, Lahaie destaca que el país “sigue siendo una de las jurisdicciones mineras más consolidadas a nivel global”, sin embargo, agrega, “está perdiendo impulso relativo y enfrenta presiones competitivas graduales”.
Así, atribuye la pérdida de participación de mercado a tres factores estructurales: el deterioro de la ley del mineral, reflejando el agotamiento de yacimientos de mayor calidad; retrasos en la cartera de proyectos, que son en su mayoría brownfield; y mayor crecimiento de otras regiones, como África, que ha duplicado su producción en solo una década, versus la estabilidad de Chile en torno a 5,6 millones de toneladas. “Existe un potencial adicional de uno y 1,5 millones de toneladas en proyectos no aprobados, cuya materialización depende de los tiempos de permisos, el acceso al agua y una ejecución eficiente del capital”, sostiene el experto. - ¿Dónde está más rezagado Chile?
¿Qué factor es el que más frena las decisiones de inversión? - La productividad, los costos y los permisos están interconectados, pero hoy la competitividad de costos es el principal factor en las decisiones de inversión. Chile ha experimentado presiones crecientes en costos laborales y logísticos, lo que reduce el atractivo de proyectos, particularmente los marginales, en comparación con otras alternativas.
En permisos, los inversionistas señalan que el proceso se ha vuelto más exigente y con plazos más largos por mayores estándares ambientales, aunque sigue siendo estructurado y relativamente predecible a nivel regional. En el corto plazo, los costos asociados a la productividad son la principal preocupación. - ¿Y qué pueden hacer las empresas mineras en Chile para reducir sus costos?
Existen varias vías para mejorar la productividad, como la creación de valor impulsada por tecnología, incluyendo IA en operaciones de planta, planificación minera, mantenimiento y compras. El abastecimiento desde países de bajo costo también puede contribuir. “Chile ha experimentado presiones crecientes en costos laborales y logísticos, lo que reduce el atractivo de proyectos”.
- ¿Cuál debería ser hoy la prioridad de la industria en Chile para no perder relevancia a nivel global? - La mayor limitación no es la disponibilidad de recursos ni el capital, sino el tiempo y la incertidumbre regulatoria. Llevar un proyecto desde el descubrimiento hasta la producción puede tomar entre 10 y 15 años debido a procesos de permisos complejos y, en ocasiones, impredecibles.
Ese retraso desincentiva a los inversionistas y ralentiza la nueva oferta. Por tanto, una única prioridad podría resumirse en acelerar la inversión en proyectos mineros mediante una gestión más eficaz de los grupos de interés y de los permisos. Esto es importante porque la velocidad impulsa la competitividad, el capital sigue a la certidumbre y la transición energética está en juego.
El objetivo no es reducir los estándares, sino simplificar y clarificar el sistema. Ese es el factor más determinante para destrabar inversión, impulsar innovación y sostener la relevancia global de largo plazo de la minería.
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