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Parisi: “Ni facho ni comunacho”… aunque depende de lo que me ofrezcan
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06:08 · Chile

Parisi: “Ni facho ni comunacho”… aunque depende de lo que me ofrezcan

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De seguro, nadie en el entorno cercano al Presidente Kast imaginó que el proyecto emblemático de este Gobierno –equivalente al proceso constitucional para Boric– terminaría siendo tan complicado. La Moneda en marzo –antes del bencinazo– derrochaba optimismo, especialmente de la mano de un empoderado ministro de Hacienda, quien aseguraba que la baja de los impuestos a las empresas era “intransable” y se jactaba de no ser “simpático”. Claro, aún Mara Sedini no se convertía en protagonista de memes y programas de humor, tampoco se conocía el affaire Steinert con la PDI, el Mandatario no organizaba un almuerzo para 70 compañeros de curso en Palacio y no existían 18 seremis renunciados a los pocos días de asumir.

El proyecto, primero llamado “ley miscelánea” –uf, qué poco creativo– y luego de “Reconstrucción Nacional” –una reminiscencia de lo usado por Pinochet en 1973– sería anunciado con bombos y platillos por el Presidente en su primera cadena nacional, el día previo a que la iniciativa ingresara al Congreso. Pero nada de esto ocurrió. Con una semana de retraso, la Cámara comenzó la discusión en tres comisiones parlamentarias.

¿Qué pasó entremedio? El proyecto comenzó a transformarse en un verdadero “Frankenstein”, al tener que incorporar ideas de los partidos del oficialismo –¿no los consultaron antes? – y, así todo, en La Moneda se encendieron las alarmas porque no estaba garantizado superar la primera barrera: la idea de legislar.

En una medida inteligente, tomaron la batuta de las negociaciones y la vocería los dos ministros más experimentados y dialogantes del gabinete, Alvarado y García Ruminot –jugando la carta de alcanzar un acuerdo con el PDG, el partido que cuenta con 13 diputados y que se convirtió en bisagra para alcanzar mayoría, en una Cámara en que la derecha tiene 76 parlamentarios y necesita 78 votos para tener la mayoría absoluta–. Así, se intentó bajar el tono arrogante de Quiroz y los errores de Sedini –quien, pese a ahora leer los comunicados, sigue proyectando una inseguridad alarmante– y confiar en la vieja guardia de la UDI y RN. No cabe duda de que el olfato de Parisi se terminó por desarrollar en su última incursión presidencial.

Consciente del poder de desequilibrar el match, la colectividad logró imponer sus términos, agregando al proyecto dos de las ideas que mejor recepción ciudadana tuvieron de su programa de campaña: las rebajas del IVA a medicamentos y pañales. De paso, el PDG se adjudicó la mantención del impuesto de 12. 5% a las pymes, algo que ya se había corregido por petición de las organizaciones gremiales y RN.

Y fue el propio Parisi quien salió a poner en duda el respaldo de su partido, cuando uno de los ministros voceros –las descoordinaciones en relato entre Alvarado y García Ruminot sorprenden– puso en duda algunos puntos de lo acordado. Pero La Moneda corrigió de inmediato, debido al temor de que la iniciativa legislativa fracasara en la etapa previa a su análisis y debate. Así las cosas, Parisi se podría convertir en el salvador de un proyecto clave para Kast, pese a que en la práctica la ley miscelánea –ahora sí el nombre le quedó bien puesto– de seguro sufrirá transformaciones importantes.

El Gobierno pareciera estar obsesionado con la rebaja a los impuestos de las grandes empresas, pese a que el mismo Quiroz reconoció en la Cámara que la medida significará 800 millones menos de ingresos el primer año en caso de aprobarse la iniciativa y que, por tanto, el déficit fiscal se aumentará en 0. 09%. La oposición se jugará contra esta rebaja del 27% a 23%, sabiendo que las encuestas de la semana pasada reflejaron que más del 70% de la gente rechaza la baja de impuestos a las grandes empresas.

Tampoco es claro que la exención del pago de contribuciones a los mayores de 65 años vaya a quedar igual. En la oposición y algunos parlamentarios de RN, han señalado que debe haber una diferenciación según el valor de las viviendas. No tiene sentido que las personas de altos ingresos dejen de pagar el tributo, partiendo por los 14 diputados que podrían beneficiarse con la legislación que ellos mismos revisarán.

Pero más allá de cómo termine transformándose esta ley “Frankenstein”, Parisi ha dado un golpe al tablero, aliándose con el oficialismo de la misma forma en que lo hizo con la oposición para intentar que Pamela Jiles se convirtiera en la presidenta de la Cámara. “Ni facho ni comunacho” fue el eslogan de Franco en la campaña. Habría que agregar que todo dependerá de cuánto le ofrezcan para migrar sus votos hacia la derecha o la izquierda.

Y mientras tanto, en el PDG ya empiezan a entusiasmarse con “Parisi 2030” –a menos de que este Gobierno cumpla dos meses–. Claro que, antes, Franco Parisi deberá sortear la rebelión que enfrenta con un sector del partido que quiere conquistar la colectividad para contrarrestar el poder total que ejerce el excandidato presidencial y –lo más difícil– alinear a sus 13 diputados –perdió al “Dr. File” a las dos semanas de ejercicio parlamentario– y evitar la tentación de expulsarlos ante cualquier disidencia, tal como ocurrió con los 6 diputados que tuvieron en el periodo anterior y que fueron todos desvinculados por el propio Parisi.

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