Pablo Zeballos: “Estudiamos mucho el delito de homicidio, pero sabemos muy poco de los homicidas”
Un duro debate se ha generado en los últimos días en torno a las cifras de homicidios, las cuales –según dijo la nueva subsecretaria de Prevención del Delito, Ana Victoria Quintana– han caído en un 14. 2%, si se contabilizan desde el 1 de enero al 5 de abril; es decir, los últimos tres meses de la gestión de Gabriel Boric y las primeras tres semanas de Gobierno de José Antonio Kast. Según un documento citado por La Tercera y confeccionado por la misma subsecretaría, desde el 11 de marzo hasta el 5 de abril había 63 homicidios, “ubicándose por debajo del promedio histórico”.
Sin embargo, las estadísticas fueron rebatidas por el diputado Jaime Araya (IND/PPD), quien dijo al respecto que “los datos son irrefutables”, pues “según el sistema STOP de Carabineros la cifra de homicidios se volvió a disparar, y tenemos al Ministerio de Seguridad enredado en el recorte presupuestario, el cuestionado oficio y la polémica salida de la jefa de Inteligencia, lo que impide que las tareas de seguridad sean el foco exclusivo de su labor”. En efecto, si se revisan las cifras del sistema STOP, estas indican que durante marzo de este año se registraron 74 homicidios en todo el país, versus 52 en el mismo periodo de 2025. En 2024, también en marzo, eran 72, y en 2023 eran 77.
A ello hay que agregar los datos entregados por la Fiscalía, en orden a que al menos 26 homicidios (tanto consumados como frustrados) cometidos entre el 11 de marzo y el 6 de abril fueron perpetrados en contexto de crimen organizado. Al respecto, Araya dijo que “yo espero que (la ministra) acepte lo que le hemos pedido: que arme una reunión con ambas comisiones de seguridad, para revisar las razones por las cuales se reinstala el fenómeno con tanta fuerza, y muy especialmente cuáles son las medidas que se van a mantener, cuáles se van a potenciar, y cuáles son las nuevas iniciativas que se van a implementar para combatir el crimen organizado, el narcotráfico y terrorismo, pues la situación es crítica y se necesita concretar medidas ahora”. Un mensaje de poder Al respecto, el experto en crimen organizado Pablo Zeballos explicó que estamos habituados a medir la situación sobre los homicidios en función de las cifras, en circunstancias que –indica– hay que entender los asesinatos “como narrativas de poder, como manifestaciones de poder: poder para el control territorial, en el caso de las estructuras criminales; poder para someter comunidades rivales o poder para imponerse sobre otras personas, como el caso de lo que estamos viendo en torno a los colegios”.
En otras palabras –precisa–, muchos homicidios lo que buscan “es transmitir un mensaje criminal, como parte de la semiótica criminal, en el caso del crimen organizado, pero no todos los homicidios están en ese contexto ni son todos iguales. Por ende, las tasas son un indicativo, pero no es indicativo real, pues no mide, por ejemplo, las motivaciones”. En ese sentido, precisa que las cifras engloban todo tipo de muertes: las que obedecen a dinámicas sociales muy específicas, el que ocurrió en un colegio de Calama, los relacionados al crimen organizado, los femicidios, etc.
Por eso –subraya–, el conocimiento de las motivaciones es lo que permitiría “intervenir bien en los casos”, todo lo cual redunda en mejores investigaciones y en prevención. En función de ello, señala que “esta no es una problemática exclusivamente policial ni de la justicia, sino que las tasas de homicidios lo que reflejan es un problema cultural y estructural de un país, y eso es lo que uno puede comparar con otros países. De ese modo, uno podría decir: no comparemos por tasa, sino por cómo evolucionó este delito en Ecuador, por ejemplo, por buscar un país de algún modo equivalente”.
Efecto imitativo El otro fenómeno al cual hay que poner atención, dice Zeballos, es el efecto imitativo que se generó después de lo ocurrido en Calama, pues señala que estas “narrativas de poder” –como las define– pueden llevar a que algunos jóvenes consideren que un homicida “pasa a ser alguien importante”. Sin embargo, plantea que para que dicha narrativa se corporice no basta solo el efecto de imitación, sino que es frecuente que los ataques masivos en escuelas o universidades se den “en espacios estudiantiles donde existe una microcomunidad en la cual los atacantes perciben que se les agrede, sea ello real o no, y ello los lleva a reaccionar contra esa situación de esa forma violeta y ahí pondría la atención, porque ya tenemos varios casos, algunos frustrados. Y la prensa también tiene un efecto amplificador, pues si un niño está pensando en hacer algo semejante, probablemente tome la decisión de concretarlo al ver que alguien más ya lo hizo en Calama”.
¿Prevención? Zeballos es enfático: “No hay una receta mágica que permita evitar todos los homicidios”. Y apunta a un elemento clave: “Nosotros estudiamos mucho el delito de homicidio, pero sabemos muy poco de los homicidas”, agregando que en los últimos cuatro o cinco años, producto de la irrupción del crimen organizado transnacional, tanto la Fiscalía como la PDI y Carabineros han estudiado con mucha detención los sitios de suceso de los crímenes, perfeccionando las técnicas de levantamiento y preservación de evidencias, tanto biológicas como de otro tipo y, asimismo, desarrollando técnicas para extraer evidencia desde teléfonos, computadores, cámaras de la vía pública, información bancaria, etc.
, pero falta –a juicio del experto– más trabajo de criminología, a fin de entender la mente de los homicidas y ver de qué modo algunos de esos asesinatos podrían evitarse. “Las más estrictas escuelas de investigación policial lo indican: no solo hay que investigar el hecho, sino también al homicida”, comenta, aludiendo al hecho de que los procesos penales en Chile son por lo general indiferentes a la motivación de los criminales, dado que a los persecutores lo que les interesa por lo general es una condena y a los defensores una absolución, sin que muchos se preocupen de entender por qué suceden los delitos de alta connotación. Al respecto, Zeballos complementa con que “es súper importante hacerlo.
Es un desafío policial, porque, aunque parezca exagerado lo que voy a decir, en sociedades donde se ha normalizado la violencia la posibilidad del surgimiento de criminales en serie, como homicidas y/o violadores seriales, es muy alta, y nosotros ya hemos tenido varios casos, y lo ejemplifico con el más reciente de los que me acuerdo, el del colombiano (Diego Ruiz Restrepo) que asesinó a al menos siete indigentes en el eje central de la Alameda, entre Santiago y Estación Central, pero su motivación aún no está clara”. Y agrega: “Por eso es importante entender qué estamos viendo, para poder focalizar la intervención y la mejor forma de entender lo que sucede es no solo abocarnos al sitio del suceso, sino también entender qué generó el efecto que terminó con el homicidio de una persona”.
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