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Opinión| Ranita de Darwin: Cuando la presión social supera a la voluntad política
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21:00 · Chile

Opinión| Ranita de Darwin: Cuando la presión social supera a la voluntad política

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Desde los bosques templados de Concepción hasta Aysén, la ranita de Darwin se transformó en una de las primeras polémicas que debió enfrentar el flamante gobierno. Y es que el retiro de cerca de 50 decretos ambientales desde la Contraloría despertó no solo molestia, sino también un reclamo transversal de la población. “El progreso no puede ser a costa de nuestro patrimonio natural”, dijo Evelyn Matthei, quien se sumó a una serie de críticas provenientes de la sociedad civil, la comunidad científica e incluso desde algunas empresas frente a la acción del gobierno.

Desde el Ministerio del Medio Ambiente tuvieron que salir a dar explicaciones, señalando que el retiro de decretos es un procedimiento habitual cuando asume una nueva administración. Los reclamos no fueron en vano, y la ranita de Darwin se convirtió en uno de los primeros casos en que el gobierno respondió con urgencia a la presión de la comunidad, reingresando el decreto de protección. Este reingreso, junto con el hecho de que la Contraloría General de la República haya procedido a cursarlo, no debe leerse como un gesto de benevolencia política.

Es, digámoslo con toda claridad, una conquista de la presión social y la persistencia ciudadana. Para quienes llevamos años en terreno, siguiendo el rastro de este anfibio único y vulnerable, ver cómo el decreto fue retirado meses atrás se sintió como un abandono institucional que prácticamente sentenciaba a una especie a la extinción por pura desidia administrativa. La Rhinoderma darwinii no es solo un símbolo de nuestra biodiversidad ni una curiosidad evolutiva que asombra al mundo con su crianza bucal; es el termómetro más sensible de la salud de nuestros bosques templados.

Su fragilidad es la nuestra. Lo que cambió esta vez no fue un repentino despertar de conciencia en los pasillos de los ministerios, sino el ruido ensordecedor de una comunidad científica y civil que se negó a aceptar el silencio como respuesta. El reingreso del documento ante la Contraloría demuestra que, cuando el activismo se fundamenta en evidencia y la indignación se canaliza en exigencia institucional, el Estado no tiene más remedio que rectificar y ponerse a trabajar en favor del patrimonio natural.

Con la luz verde de la Contraloría, el Plan de Recuperación, Conservación y Gestión (Recoge) adquiere finalmente fuerza jurídica para proteger hábitats críticos y establecer medidas concretas frente a las amenazas que diezman a estas poblaciones en el sur de Chile. Sin embargo, no debemos engañarnos pensando que un papel firmado es el fin de la batalla. Un decreto es solo el punto de partida, que debe traducirse en recursos reales y en una fiscalización implacable sobre el terreno, especialmente frente a la fragmentación del bosque nativo.

Hoy celebramos que la ranita de Darwin cuenta con un escudo legal más sólido, pero nuestra labor como guardianes del territorio recién comienza, porque la naturaleza no entiende de tiempos burocráticos, sino de acciones urgentes. No obstante, esta pequeña victoria deja un sabor agridulce cuando miramos hacia nuestras costas, donde el pingüino de Humboldt sigue atrapado en el limbo de la burocracia estatal. Resulta profundamente lamentable que, a pesar de las promesas de protección, su decreto de conservación aún no haya sido reingresado, dejando a una especie emblemática de nuestro litoral expuesta a amenazas constantes sin un plan de gestión vigente que la respalde.

No bajaremos la guardia ni dejaremos de presionar, porque la ética ambiental no se negocia por partes: si hoy celebramos el triunfo de la ranita en el bosque, mañana exigiremos con la misma fuerza que el Estado cumpla su deuda pendiente con el mar y sus habitantes.

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