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Opinión| Hoy Poduje descubrió que gobernar no es estar en un reality de televisión
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21:00 · Chile

Opinión| Hoy Poduje descubrió que gobernar no es estar en un reality de televisión

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Iván Poduje volvió a hablar como si siguiera en un panel de televisión. Y ese es, precisamente, el problema. Porque una cosa es tener opiniones fuertes, otra muy distinta es gobernar como si el país fuera un set, el Senado un programa de debate y la política pública una competencia de frases virales.

Gobernar no es comentar la contingencia. Gobernar no es actuar para la cámara. Gobernar no es un reality.

El ministro de Vivienda no abrió esta semana una discusión técnica sobre vivienda, planificación urbana y protección ambiental. Lo que hizo fue montar una escena. En una actividad en Valdivia, Poduje volvió a cargar contra la Ley de Humedales Urbanos y lo hizo en el tono que mejor conoce: el de la provocación.

“La ‘burrocracia’ está matando la inversión y el sueño de la casa propia”, lanzó. Pero no se quedó ahí. Apuntó directamente al senador Alfonso De Urresti, impulsor de la norma, y lo acusó de ser “parte responsable de esta brutalidad”.

Luego remató con una frase todavía más agresiva: “¿Y ocho años le parece algo decente, por esta locura que hizo este senador con la Ley de Humedales? ”, para concluir que “esa ley quedó mal hecha”. Ese fue el verdadero origen del conflicto.

No una diferencia legislativa. No un matiz técnico. No una discusión de fondo sobre cómo compatibilizar el derecho a la vivienda con la protección de ecosistemas sensibles.

Fue una descalificación personal, un ataque político innecesario y una puesta en escena más propia de un panelista en horario prime que de un ministro de Estado. Y ahí quedó expuesto el problema de fondo de Poduje. No es que no tenga un punto discutible sobre los efectos prácticos de la ley.

Lo tiene. Hay proyectos detenidos, familias esperando hace años y una discusión legítima sobre cómo mejorar instrumentos regulatorios sin desmantelar la protección ambiental. El propio ministro lo explicó después, cuando bajó el tono: habló de terrenos fiscales inmovilizados en Valdivia, Osorno y Puerto Montt, de familias esperando hace ocho años en Guacamayo y de una ley que, según él, “está bien inspirada”, pero debe ser perfeccionada.

Ese era el debate serio. Ese era el debate que correspondía abrir. Pero Poduje eligió otra cosa.

Eligió la caricatura. Eligió el golpe verbal. Eligió convertir una discusión compleja en una performance de superioridad.

Y cuando un ministro reemplaza la política por el espectáculo, el problema deja de ser de estilo. Se vuelve un problema de conducción. Porque un ministro no está para ganar discusiones en redes sociales.

Está para construir mayorías. No está para humillar adversarios en público. Está para negociar con ellos.

No está para tensionar al Senado con frases efectistas y después fingir sorpresa por la reacción. Está para entender que en política la forma no es un accesorio: es parte del fondo. Por eso fue tan decidor lo que ocurrió después.

Poduje no corrigió solo. No moderó el tono por iniciativa propia. Tuvo que salir la presidenta del Senado, Paulina Núñez, militante de Renovación Nacional y figura de su propio sector, a llamarle la atención.

No fue la oposición la primera en ponerle freno. Fue una aliada. Y el mensaje fue tan claro como humillante: le pidió “altura de miras” y le advirtió que no puede haber ministros dedicados a sumar votos mientras otros se empeñan en restarlos.

Cuando la presidenta del Senado y además una voz de tu propio bloque tiene que recordarte cómo se ejerce el cargo, el problema no es comunicacional. Es político. Recién ahí vino la reculada.

Recién entonces apareció el Poduje contrito. “Quizás no lo hice de la mejor forma”, dijo. “Si el senador se molestó con la forma, le pido mis excusas”.

No fue una rectificación de fondo. Fue una corrección obligada. Una retirada táctica después de que el costo se volvió demasiado alto.

Y ese es el punto central. Chile no necesita ministros que se comporten como opinólogos con cargo. No necesita autoridades que crean que gobernar consiste en imponer carácter a punta de frases altisonantes y disculpas tardías.

No necesita ministros que todavía confundan gestión con performance. Gobernar no es ser panelista. Gobernar no es instalar una cuña y después retroceder.

Gobernar no es sobreactuar liderazgo frente a una cámara. Gobernar no es un reality. Y mientras algunos todavía no entiendan esa diferencia, seguirán confundiendo ruido con autoridad y espectáculo con poder.

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