Opinión| Cambio de mando y el “paradigma bélico” mundial
Por Borja Castro, doctor en filosofía y académico de Trabajo Social UNAB. Sin duda, después del cambio de mando, y todas sus múltiples conexiones que surgen, podemos afirmar que Chile está en sintonía con el momento mundial presente, tanto geopolítica como socialmente. En una primera observación, casi ingenua pero decidora, el evento del 11 de marzo ha sido un acto republicano; que como siempre, el presidente saliente le entregó la banda al entrante y que las banderas chilenas en La Moneda fueron también ecos de los saludos y las complicidades políticas que habitabaron Valparaíso durante esa jornada.
No cabe duda que sería bueno creer y persistir en ver solo los símbolos de cercanía y amistad republicana y cívica que se nombran. No obstante, no tengo seguridad de aquello. ¿Es todo esto un símbolo discursivo de ‘buenismo’ político?
¿Será solo persistir en la renombrada certeza institucional de la que Chile se jacta? Si se urdieran algunos símbolos discursivos del renombrado cambio de mando, el camino o el trayecto se vislumbra algo opaco, sin la amabilidad y disposición política del ya aplaudido republicanismo a la chilena. Esto comenzó antes del evento, por ejemplo, desde el primer discurso de Kast triunfador como también cuando desde la Oficina del Presidente Electo (OPE) cortaron todo vínculo con el traspaso del gobierno hace unas semanas.
Si se analiza solo el discurso de la noche del cambio de mando, el sedimento que lo define podría ser el llamado “paradigma bélico” que impera en la actualidad. Este, obviamente, se concretiza en las guerras que ya vemos a diario: Rusia – Ucrania; la masacre de Israel a Palestina en Gaza; y actualmente la intervención estadounidense en Irán que ha impactado en todo el Medio Oriente. Esos elementos son los que devienen a partir de este paradigma que se ha instalado hace ya mucho tiempo en Occidente y que lo simboliza el “trumpismo”.
Respecto a la realidad geopolítica en Chile: el discurso de nuestro presidente actual es parte del mismo paradigma desde varios ángulos. El símbolo de Diego Portales es el puntapié inicial para marcar el autoritarismo basado en el orden y la firmeza política; y desde allí se ancla todo su discurso social fundamentado en lo securitario, la eficiencia y eficacia del orden que se transmuta en las expulsiones de los migrantes y la liberalización económica, entre muchas otras cosas.
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