“No hay desarrollo sostenible si no logramos que las nuevas generaciones vean futuro en el campo”
La autoridad del Agro regional abordó su hoja de ruta con sello territorial. A doce días de haber asumido como secretario regional ministerial de Agricultura en Magallanes y la Antártica Chilena, Juan Ignacio Cavada Herrera ya imprime un sello claro: orden, certezas y modernización para un sector que históricamente ha sido columna vertebral del desarrollo regional. Ingeniero civil industrial de la Universidad de Chile, Cavada no llega desde la teoría, sino desde la experiencia.
Ganadero, con trayectoria en la dirigencia gremial -particularmente en el mundo ovino- y con vivencias ligadas al trabajo en territorios insulares, conoce de primera fuente el rigor del clima, la distancia y la exigencia que implica producir en el extremo sur del país. “La innovación no siempre pasa por invertir más recursos, sino por transformar la manera en que hacemos las cosas”, expresó el seremi. Su nombramiento por parte de la administración del Presidente Kast no es casual.
En una región donde la ganadería forma parte de la identidad y sustento económico, el desafío no es menor: conducir una de las carteras más estratégicas en un escenario marcado por el cambio climático, la presión sobre los recursos naturales y la necesidad de abrir nuevos mercados. Aquilatando los énfasis entregados por el ministro de Agricultura Jaime Campos manifiesta el seremi que “la productividad en Magallanes sólo es sostenible si descansa sobre certezas”, sintetizando lo que será el eje de su gestión. En este sentido la autoridad afirma que la seguridad productiva es la base del desarrollo del agro en Magallanes.
Esto implica generar condiciones claras que permitan trabajar con certeza y proyección. En su visión, la seguridad no es sólo una idea, sino un requisito fundamental para avanzar. En la práctica, esto significa fortalecer los estándares sanitarios que resultan clave para resguardar la reputación exportadora de la carne y la lana regional, para esto el ministro Campos ya manifestó un fuerte financiamiento para robustecer al Servicio Agrícola y Ganadero a nivel nacional.
“También estamos abocados en reducir la burocracia que dificulta la inversión y finalmente garantizar el orden en las zonas rurales, enfrentando problemáticas como el abigeato en la región”, planteó el seremi. A ello se suma un desafío clave para el futuro: el agua. “La seguridad hídrica ya no es una opción, es una política de Estado frente al cambio climático”, enfatiza, destacando la importancia de avanzar en infraestructura, tecnología y una gestión más eficiente del recurso, que pasa por capacitar a los agricultores en temas tecnológicos y de manejo, justamente la Comisión Nacional de Riego está haciendo un llamado para que los agricultores aprendan sobre equipos fotovoltaicos, conocidos como paneles solares y riego tecnificado.
Si la seguridad es la base, el impulso viene desde la innovación. En esa línea, Cavada pone a la ciencia aplicada como eje transformador, destacando el rol de Inia Kampenaike en el desarrollo de soluciones adaptadas a condiciones extremas. El arraigo rural Su propuesta busca, además, cambiar la lógica productiva de la región, ampliando las ventanas de cultivo mediante tecnologías como la agricultura bajo cubierta, lo que permitiría reducir la dependencia de alimentos provenientes de otras zonas del país durante el invierno.
En paralelo, releva un desafío estructural: el arraigo rural: “No hay desarrollo sostenible si no logramos que las nuevas generaciones vean futuro en el campo”, plantea, subrayando la necesidad de acortar brechas entre lo urbano y lo rural, y generar oportunidades reales para jóvenes agricultores. La tercera línea de acción del seremi apunta a proyectar a Magallanes como una potencia agroalimentaria sostenible, donde la tradición productiva se combine con innovación, valor agregado y una responsabilidad activa frente al cambio climático. En este contexto, el desafío del sector es avanzar decididamente en la incorporación de tecnología y ciencia en sus sistemas productivos, como base para una producción más eficiente, resiliente y competitiva.
En esa línea, Cavada destacó una reciente reunión con la Universidad de Magallanes y su Facultad de Ciencias Agropecuarias, donde pudo conocer de primera fuente cómo la academia está alineando su trabajo con las necesidades del sector, fortaleciendo el vínculo entre conocimiento y desarrollo productivo. Así, emergen conceptos que hace algunos años eran ajenos al lenguaje cotidiano del agro regional: ganadería regenerativa, captura de carbono y servicios ecosistémicos. Cavada ve en estas herramientas una oportunidad concreta de diversificación económica.
“Podemos transformar nuestras prácticas en una ventaja competitiva, incorporando a nuestros productores en mercados como el de bonos de carbono”, sostiene. A ello se suma el manejo de especies invasoras -como el castor o el visón- bajo un enfoque productivo, buscando convertir desafíos ambientales en nuevas oportunidades económicas. Más allá de los lineamientos, hay un elemento que define el estilo del nuevo seremi: la presencia en terreno.
Su propia historia -ligada al trabajo ganadero y a la realidad de las islas- marca una diferencia en la forma de entender el cargo. No se trata sólo de diseñar políticas, sino de aplicarlas con pertinencia territorial. En una región donde las distancias son largas y las condiciones muchas veces adversas, Cavada parece tener claro que la gestión pública debe construirse desde el contacto directo con productores y comunidades.
A pocos días de iniciado su gestión, el diagnóstico está sobre la mesa. El desafío ahora será traducir esa hoja de ruta en resultados concretos. Magallanes, con su historia ligada al viento, la lana y la resiliencia, vuelve a estar en el centro de una apuesta: consolidar su tradición productiva, pero con mirada de futuro.
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