Nicolás Postiglione, director del thriller “Todos los males”: “La gente está hambrienta del género”
Hace cinco años, el cineasta Nicolás Postiglione dejó Santiago para instalarse en el sur de Chile. El traslado no solo marcó un cambio de vida, sino también una transformación estética y narrativa que hoy se refleja con fuerza en su nueva película Todos los males. La mudanza comenzó como una decisión familiar pero sin buscarlo terminó moldeando su mirada cinematográfica.
La película fue rodada en invierno en los alrededores de Valdivia, buscando capturar la crudeza del territorio. “Decidimos incluso hacerla en invierno para que el sur se mostrara con toda su fuerza y exuberancia. Eso fue algo que tratamos de plasmar en el filme”, explica.
Aunque la historia se sitúa en la zona valdiviana, el rodaje se alejó del centro urbano para reforzar una sensación de aislamiento. “Fuimos buscando en el guion el terror de estar alejados, en una casa en el campo, y lo fuimos distanciando cada vez más”. agrega.
La película se sitúa en un momento poco explorado por el cine nacional. Ambientada en 1957, muestra la vida de una familia de descendientes de inmigrantes alemanes del siglo XIX. La cotidianidad marcada por una moral rígida y religiosidad opresiva se verá puesta a prueba con la llegada de Daniel, un adolescente de 13 años.
El joven encontrará refugio en Ema, hija de uno de los trabajadores de la hacienda, pero una misteriosa desaparición en la comunidad amenazará con exponer los secretos familiares que se ocultan en la casa Riedel. “Queríamos una época predictadura, que no estuviera influenciada por ese contexto ni por la modernidad. Volver a un pasado donde todo era más aislado”, comenta el director.
El origen del proyecto se vincula a una novela del reconocido dramaturgo y escritor Alejandro Sieveking, aunque el director es enfático en marcar distancia. “No está basada en la novela. Nació de ahí, me inspiró, pero cambiamos tanto que es más bien una idea original.
Tomamos el punto de partida, este niño en una familia aleman, y después hicimos nuestra propia versión”. “Todos los males” es el segundo largometraje de Nicolás Postiglione. Tuvo su estreno mundial en Fantastic Fest 2025, uno de los festivales de cine fantástico más importantes del mundo, y fue parte de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges.
Un thriller latinoamericano Uno de los elementos más llamativos de Todos los males es su uso del idioma alemán. “El contexto lo demandaba. Muchas de estas familias eran tan fieles a sus tradiciones que incluso en los años 50, habiendo llegado hace 100 años a Chile, seguían hablando alemán”, señala el cineasta.
Pero además, el idioma aporta a la atmósfera. “Ayuda a lo tétrico, pero lo lindo es que tiene sustento histórico. Sobre todo en las zonas más aisladas, donde costaba que la cultura chilena permeara”, señala.
La inquietud, sin embargo, no se construye desde un solo elemento. Para el director, el terror surge de una suma de capas, “lo inquietante nace mucho más de los colores, de los sonidos, del contexto geográfico y de la arquitectura. Es una conversación entre lo cultural y lo visual.
Seguíamos aportando capas con todo lo que teníamos, actuaciones, música, todos los recursos posibles”. Esa construcción también se refleja en los personajes, particularmente en los niños y adolescentes que habitan la historia, lejos de la inocencia tradicional, cada uno encarna una forma distinta de perversión. “La idea era que cada personaje tuviera un aporte real a la trama, casi como un sistema coral.
Entonces cada uno tenía que tener su rollo, su propia perversión”, explica. De ahí también el título: “Había una intención de que varios males convivieran en esa casa. Por fuera, una imagen luminosa y correcta, por dentro, distintos tipos de perversión acechando”.
Cine autoral En términos de género, Todos los males dialoga con una tendencia contemporánea del cine de terror más autoral. “Me encanta el momento actual del cine. Este terror más elevado permite explorar visual y sensorialmente con muchas más herramientas”, afirma.
Para él, esta corriente abre posibilidades tanto artísticas como industriales. “Cuando lo que haces se empalma con lo que está pasando, te permite trabajar. Y lo importante es mantenerse activo y que los proyectos sean valiosos artística y comercialmente”.
Esa conexión también se extiende al público, el director afirma que las audiencias chilenas no son muy distintas de las internacionales. “La gente está hambrienta del género, por el terror o el horro, Incluso el true crime se consume para relajarse, lo que es bastante raro, pero habla de una tendencia”. En ese sentido, considera que el cine chileno tiene un terreno fértil por explorar: “hay muchas historias, mitos, realidades muy macabras en este país que el cine puede tomar”.
“La gente en Chile creo que está hambrienta igual que el resto del mundo por ese tipo de cosas. Entonces, creo que las audiencias están ahí, y ahora la responsabilidad viene de parte de los creadores de darles esto que están demandando”, concluye.
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