Ni Vietnam generó tanto rechazo: guerra contra Irán enfrenta oposición récord en EE.UU.
Nunca antes una guerra iniciada por Estados Unidos había generado un rechazo tan inmediato y profundo entre su propia población. Las escalada militar en conjunto con Israel emprendida contra Irán, que ya ha cobrado la vida de más de 1. 400 personas y dejado 18.
000 heridas en territorio persa, según cifras confirmadas, enfrenta una oposición ciudadana sin precedentes que se manifiesta tanto en las encuestas como en las calles. Una reciente estudio de opinión realizado por la firma Ipsos reveló que apenas el 27% de la población estadounidense respalda los ataques contra Irán ordenados por la administración de Donald Trump. Este porcentaje, inusualmente bajo para el inicio de una intervención militar, sitúa al conflicto actual como el menos popular en la historia moderna del país norteamericano.
Según fuentes consultadas por Peoples Dispatch, la guerra contra Irán es incluso menos aceptada de lo que fue la guerra de Vietnam en sus últimos años, en la década de 1970, cuando el descontento social había alcanzado ya niveles críticos. Una guerra de costes astronómicos El rechazo popular encuentra sólidos fundamentos en las cifras económicas que comienzan a conocerse. Solo durante los primeros seis días de hostilidades, los contribuyentes estadounidenses ya habían desembolsado aproximadamente 11.
300 millones de dólares. Esta cantidad, sin embargo, representa apenas una fracción del coste real del conflicto, pues no incluye partidas esenciales como el despliegue de tropas, las operaciones y mantenimiento de aeronaves, las pérdidas de equipamiento militar, la atención sanitaria a largo plazo para los soldados heridos, la reposición de las reservas de municiones agotadas y otros gastos asociados. Particularmente revelador resulta el dato difundido sobre el consumo de material bélico: según informaciones procedentes del Pentágono, solo en las primeras 48 horas de guerra se gastaron municiones valoradas en 5.
600 millones de dólares. Esta cifra, que equivale al presupuesto anual de programas sociales enteros, ha encendido las alarmas entre sectores progresistas y organizaciones comunitarias. Durante una marcha masiva contra la guerra celebrada recientemente en el área de la Bahía, Layla, una manifestante iraní-estadounidense, expresó con claridad el sentir de muchos de sus compatriotas: «Podríamos gastar este dinero en sanidad universal, viviendas asequibles, escuelas…».
afirmó. Petróleo supera los US$100 tras ataques contra Irán La escalada bélica ordenada por el magnate republicano ha tenido consecuencias inmediatas en el bolsillo de los estadounidenses. Los precios de la gasolina en el país norteamericano se han disparado aproximadamente 60 centavos por galón desde el inicio del conflicto que se inició a fines de febrero.
Este incremento responde directamente al cierre del estrecho de Ormuz por parte de la República Islámica como respuesta a la agresión. Por esta arteria marítima transita aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas natural licuado del mundo, por lo que es considerada esencial para exportaciones de países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak. Las cifras del mercado petrolero hablan por sí solas: entre el 20% y el 30% del suministro mundial de petróleo ha quedado bloqueado en la región, reduciendo drásticamente su disponibilidad y provocando una escalada de precios sin precedentes recientes.
Un barril de petróleo que antes del inicio de las hostilidades se cotizaba a 60 dólares, supera hoy día los 100 dólares por barril, con perspectivas de continuar su ascenso. Ebrahim Zolfaqari, portavoz del mando militar iraní, lanzó esta semana una advertencia que ha resonado con fuerza en los mercados internacionales: «Prepárense para que el petróleo llegue a los 200 dólares el barril, porque el precio del petróleo depende de la seguridad regional, que ustedes han desestabilizado». ¿Cuál es el propósito de la guerra contra Irán?
A pesar de la creciente oposición interna, la Casa Blanca ha manifestado su determinación de continuar la guerra «hasta que la misión esté cumplida». Sin embargo, dentro del propio gobierno estadounidense circula una pregunta que nadie parece capaz de responder con claridad: ¿cuál es exactamente esa misión? Las explicaciones ofrecidas por los funcionarios estadounidenses han variado considerablemente, abarcando un espectro que incluye impedir que Irán adquiera armas nucleares, destruir la capacidad misilística de la República Islámica, debilitar al gobierno iraní e incluso provocar un cambio de régimen en Teherán.
Esta diversidad de objetivos ha contribuido a la percepción de que la administración Trump carece de una estrategia coherente. En una conferencia de prensa celebrada en el Pentágono el pasado 4 de marzo, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, describió la estrategia militar con un argumento que ha sido ampliamente criticado: «Cada minuto de cada día hasta que decidamos que se ha acabado… Muerte y destrucción desde el cielo durante todo el día». Días más tarde, en una entrevista concedida al programa 60 Minutes, Hegseth profundizó en su visión del conflicto con declaraciones que lanzaron bencina al fuego.
«Nadie nos está poniendo en peligro. Somos nosotros quienes ponemos en peligro a los otros. Los únicos que deben estar preocupados ahora mismo son los iraníes que creen que van a sobrevivir».
Estas afirmaciones, que parecen ignorar las convenciones internacionales sobre conflictos bélicos, han alimentado las críticas de quienes consideran que la administración del repúblicano actúa con una peligrosa falta de contención. El senador Lindsey Graham, se sumó al coro de voces belicistas en una intervención en Fox News el pasado 8 de marzo:. «Vamos a hacerles la vida imposible a esta gente.
Este régimen está ahora en el corredor de la muerte. Va a acabar de rodillas. Va a caer», dijo, sugiriendo que el objetivo es lograr un cambio de régimen en la nación persa, contradiciendo directamente las afirmaciones iniciales de la Casa Blanca sobre los fines limitados de la intervención.
Contradicciones oficiales La confusión sobre los objetivos reales de la guerra se ha visto exacerbada por las propias contradicciones de los portavoces oficiales. En una de las primeras ruedas de prensa sobre el conflicto, el secretario Hegseth afirmó categóricamente que no se trataba de una «guerra para cambiar el régimen», y definió la misión como «destruir los misiles y la armada de Irán y privar a Teherán de armas nucleares». Sin embargo, las declaraciones posteriores de otros altos cargos, incluido el propio Hegseth en entrevistas posteriores, parecen apuntar en una dirección muy distinta.
Cuando los periodistas preguntaron directamente a la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, por las razones que justifican la guerra contra Irán, su respuesta sorprendió por su simplicidad: «Bueno, mira, Irán corea ‘muerte a Estados Unidos’, así que dime tú si eso es una amenaza», dijo en esa ocasión. Desde declaraciones que prometen destrucción total hasta comentarios despreocupados sobre las bajas civiles, la retórica de la administración Trump ha sido calificada por analistas como «tan extrema como incoherente». Sin embargo, detrás de esta fachada de determinación inquebrantable, existen indicios de que la confianza en las altas esferas del poder podría ser más frágil de lo que aparenta.
The Guardian informó recientemente que los funcionarios iraníes han rechazado múltiples peticiones de alto el fuego procedentes de Washington. Según el diario, «creen que el conflicto no podrá terminar hasta que Trump comprenda que el coste económico, político y militar es tan elevado que no merece la pena repetirlo». Este contraste entre la bravuconería pública y las negociaciones privadas pone de manifiesto, según los expertos, la falta de una estrategia clara por parte de la administración estadounidense.
Rechazo en el Congreso: «Sin plan de salida, sin estrategia» Con unos objetivos poco claros y unos costes que alcanzan ya las decenas de miles de millones de dólares, la oposición dentro del Congreso no tardó en manifestarse. Legisladores demócratas, y algunos republicanos, expresaron su frustración tanto por las justificaciones bélicas de la administración como por la falta general de supervisión parlamentaria. Los principales legisladores salieron visiblemente alarmados de una serie de sesiones informativas clasificadas celebradas a principios de esta semana.
Lo que escucharon sobre la estrategia y los objetivos del conflicto los dejó consternados y, en muchos casos, indignados. El senador Chris Murphy se erigió como una de las voces más críticas. Tras asistir a las sesiones informativas, describió los planes de guerra de la administración como «totalmente incoherentes», subrayando la ausencia de un final claro para el conflicto.
Señaló que, según la información recibida, ni la destrucción del programa nuclear iraní ni el cambio de régimen figuran como objetivos oficiales, lo que plantea serias dudas sobre qué se pretende alcanzar realmente con esta agresión militar. El senador también advirtió que cualquier solicitud de autorización formal para la guerra fracasaría casi con toda seguridad en el Congreso, fundamentalmente porque, según sus palabras, «el pueblo estadounidense exigiría a sus miembros» que rechazaran una intervención carente de justificación sólida. Por su parte, el senador Richard Blumenthal abandonó las sesiones clasificadas «insatisfecho y enfadado».
En declaraciones a la prensa, afirmó que había sido una de las sesiones informativas sobre seguridad más frustrantes de su carrera legislativa. Blumenthal destacó especialmente la ausencia de un plan de salida: «Parece que nos encaminamos hacia el despliegue de tropas estadounidenses sobre el terreno en Irán para alcanzar cualquiera de los posibles objetivos». Esta perspectiva, según el senador, exige explicaciones mucho más claras de las que el Congreso y la ciudadanía han recibido hasta ahora.
Un grupo de senadores demócratas, entre los que se encuentran Elizabeth Warren y Chris Van Hollen, ha intensificado la presión para lograr una mayor rendición de cuentas pública. Los legisladores exigen no solo mejor información estratégica, sino también responsabilidad por los ataques que han causado graves daños a la población civil, como el ataque estadounidense confirmado contra una escuela primaria de niñas en Minab, Irán, donde perdieron la vida 160 menores. Mientras tanto, los esfuerzos parlamentarios por aprobar resoluciones sobre poderes bélicos que obliguen al presidente a solicitar una autorización formal del Congreso han fracasado hasta ahora, dejando a la administración un margen de actuación que muchos consideran excesivo.
El movimiento contra la guerra cobra fuerza en las calles Mientras en Washington se suceden las disputas políticas, en las calles de Estados Unidos, un movimiento ciudadano creciente exige el fin inmediato de la agresión. Desde que cayeron las primeras bombas sobre Teherán, la población ha seguido movilizándose, convencida de que no existe justificación alguna para la guerra. En los días inmediatamente posteriores a los primeros ataques aéreos combinados de Estados Unidos e Israel contra Irán, estallaron protestas de emergencia en numerosas ciudades.
Tras esta primera ola de manifestaciones, las acciones han continuado y están cobrando impulso a medida que la guerra se intensifica y sus consecuencias se hacen más visibles. Una coalición de organizaciones, entre las que se encontraban ANSWER, The Peoples Forum NYC, el Movimiento Juvenil Palestino y el Partido por el Socialismo y la Liberación, convocó el pasado 7 de marzo una jornada nacional de acción contra la guerra contra Irán. En ciudades grandes y pequeñas se organizaron protestas y concentraciones en las que los manifestantes coreaban consignas como «¡Basta ya de bombardear Irán!
» y «¡Dinero para el empleo y la educación! ». Los veteranos de guerra contrarios a la intervención se mostraron especialmente combativos en estas acciones.
Su presencia adquirió mayor relevancia después de que Brian McGinnis, veterano y activista contra la guerra, fuera agredido por la policía del Capitolio en Washington D. C. mientras protestaba contra la guerra contra Irán.
Según testigos presenciales, varios agentes le rompieron el brazo durante la agresión mientras gritaba «¡Nadie quiere luchar por Israel! » durante una reunión de la Subcomisión del Senado, consignó Peoples Dispatch. En una protesta celebrada en Chicago, el veterano Daniel Lakemacher dirigió un mensaje directo a los soldados estadounidenses que aún no han sido desplegados: «A todos aquellos que aún no han sido desplegados: ¡Ahora es el momento de resistir!
». Sus palabras, cargadas de la autoridad moral que confiere la experiencia en combate, resonaron con fuerza entre los asistentes. Al día siguiente, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, varias ciudades acogieron otra oleada de protestas contra la guerra.
Las manifestaciones pusieron especial énfasis en cómo las mujeres y los niños se están convirtiendo en víctimas directas del conflicto, además de ser los primeros en sufrir el desplazamiento forzoso y la devastación económica asociada a la guerra. Las mujeres iraní-estadounidenses alzaron su voz con particular intensidad en muchas de estas concentraciones. Hanieyh, una manifestante del área de la Bahía, resumió el sentir de muchos cuando declaró: «Esta guerra nos está costando alrededor de mil millones de dólares al día.
Es una locura». La precisión de su cálculo refleja el creciente conocimiento ciudadano sobre los costes reales del conflicto. Los organizadores de las protestas se han comprometido a mantener la movilización en las calles hasta que el coste humano y económico de la guerra resulte insostenible para quienes la decidieron.
Víctimas civiles y catástrofe humanitaria Desde los primeros días del conflicto, diversas organizaciones han denunciado la comisión de crímenes de guerra y violaciones del derecho internacional. Los informes que llegan desde Irán describen un panorama desolador de destrucción y sufrimiento. En un incidente particularmente grave, un submarino estadounidense torpedeó y hundió una fragata iraní indefensa, la «IRIS Dena», en aguas del océano Índico.
La embarcación regresaba a puerto después de participar como invitada en el ejercicio naval multinacional MILAN, organizado por la India. La gran mayoría de su tripulación, compuesta por 160 marineros, pereció en el ataque. Otro episodio tuvo como objetivo depósitos de combustible cercanos a Teherán.
Los bombardeos aéreos estadounidenses e israelíes provocaron incendios masivos de petróleo que ardieron durante días sin control. Testigos presenciales informaron de gigantescas nubes negras que cubrían la capital y de una «lluvia aceitosa» que caía sobre una ciudad de 10 millones de habitantes. Los científicos consultados advierten que la quema de petróleo a esta escala libera cantidades masivas de hidrocarburos, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, metales pesados y hollín a la atmósfera.
Cuando la lluvia se forma en un entorno tan contaminado, cae sobre la población como una «lluvia negra» tóxica y aceitosa, con consecuencias impredecibles para la salud pública a corto y largo plazo. La guerra alcanzó un punto de inflexión cuando uno de los primeros ataques acabó con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Seyed Ali Jamenei. Tal como había advertido repetidamente que haría si era atacado, Irán respondió con contundencia y lanzó ofensivas contra Israel, bases estadounidenses en toda Asia Occidental e instalaciones militares aliadas en Catar, Baréin, Kuwait, Irak, Jordania, Arabia Saudí y otros países de la región.
Según informaciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), Irán está ejecutando actualmente la cuadragésima oleada de ataques de represalia en el marco de la «Operación Promesa Verdadera 4». Esta continuidad en la respuesta militar sugiere que el conflicto está lejos de alcanzar su desenlace. El cuestionado recuento de bajas estadounidenses La agencia Reuters informó inicialmente que 150 soldados estadounidenses habían resultado heridos en estos ataques de represalia.
Esta cifra contrastaba notablemente con el informe preliminar del Pentágono, que hablaba de menos de una docena de militares heridos. Finalmente, el Departamento de Defensa revisó sus cifras y ahora reconoce oficialmente unos 140 heridos entre sus filas. En cuanto a las víctimas mortales, los medios occidentales han informado de 7 soldados estadounidenses fallecidos hasta ahora en los ataques de represalia iraníes.
Sin embargo, diversos críticos y analistas cuestionan abiertamente esta cifra, sugiriendo que el número real de bajas es probablemente superior, dada la magnitud y extensión del conflicto. El propio presidente estadounidense, admitió que las cifras pueden ir en aumento, «Lamentablemente, es probable que haya más antes de que esto termine. Así son las cosas» dijo.
Escalada en el extranjero, oposición en casa A medida que la guerra entra en su tercera semana, la brecha entre la política de la Casa Blanca y la opinión pública estadounidense continúa ensanchándose. Mientras la administración Trump insiste en que los bombardeos proseguirán «hasta que la misión esté cumplida», persiste la confusión sobre cuál es exactamente esa misión y, más importante aún, cuántas vidas, miles de millones de dólares y ciudades devastadas serán necesarios para alcanzarla. Una cosa está clara: la gran mayoría de la población estadounidense no está dispuesta a apoyar otra guerra interminable librada en su nombre.
El precedente de Vietnam, que marcó a toda una generación y transformó la percepción ciudadana sobre las intervenciones militares, parece hoy superado por un rechazo aún más inmediato y profundo. La pregunta que flota en el aire es si esta oposición récord será suficiente para detener la maquinaria bélica puesta en marcha por Trump.
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