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Naciones Unidas: la necesidad de volver a su espíritu fundacional
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01:06 · Chile

Naciones Unidas: la necesidad de volver a su espíritu fundacional

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Estimada futura Secretaria General de la Organización de Naciones Unidas: Me refiero a usted en género femenino, porque dicen que lo más probable es que por primera vez en la historia le toque a una mujer dirigir este organismo. Como preámbulo, déjeme decirle que no sé si felicitarla o compadecerla. Por un lado, estar a cargo de la primera institución que creó un marco básico moral y legal común entre países a nivel global es un honor.

Por otro, como usted bien sabe, hoy como nunca el rol de la ONU está puesto en duda, y ya no sólo por académicos, políticos y expertos, sino también por el “ciudadano común”; ése que siente que este organismo no podría estar más ajeno a sus intereses y ajetreos diarios. En el curso de menos de una semana, para darle un ejemplo concreto, una amiga cirujana y otra ingeniera, un primo jubilado y hasta mi madre nonagenaria me han comentado en distintos tonos que la ONU está acabada, que ya nadie cree en ella y que a los burócratas que la pueblan les quedan los días contados. Cuando lo que se discute en círculos especializados empieza a estar en boca de todos, es que algo pasa; algo que la próxima secretaria general de la ONU deberá abordar de frente.

En este contexto, me permito compartir con usted un par de reflexiones. A diferencia de los que dan a la ONU por agonizante o muerta y en medio de una crisis financiera aguda creo, al contrario, que está en un punto de inflexión histórico, y que está en sus manos darle nuevos aires y hacerla entrar en una nueva era. El contexto en que la ONU nació claramente ha cambiado (dos guerras mundiales frescas en la memoria de millones, un holocausto que obligó a crear la figura legal de “refugiado” en política internacional, tres cuartos del mundo saliendo de un pasado reciente de colonialismo e imperialismo y su transformación en nuevos estados dentro de un nuevo orden mundial).

El espíritu que la animó, sin embargo, sigue siendo el mismo, y es a ese espíritu al que espero que usted pueda apelar. Mantener la paz, respetar los derechos individuales básicos y fomentar la cooperación entre estados en las áreas donde remar separados sólo nos dificulta avanzar son tres principios alrededor de los cuales se formó la ONU. Le doy a continuación algunas razones de por qué hoy volver a estos principios se hace más necesario que nunca.

Cuando alguien se comporta como matón a nivel micro—por ejemplo, en el colegio o en el trabajo—, hay formas de lidiar con él. En el caso de los niños, se puede llamar a los padres y advertirles que, o sus retoños cambian de conducta o se largan; en el ambiente laboral, suficientes quejas pueden constituirse en causal de despido. En política internacional, en cambio, debemos coexistir con los matones y estos hacen difícil la paz.

Peor aún, cuando los matones son los líderes de países armados hasta los dientes, pareciera que rendirse ante sus caprichos es lo único que queda. Para esto fue creada la ONU: para que quienes quieren vivir en paz puedan reunirse, coordinarse y hacer causa común contra quienes no saben respetar a los demás. El objetivo inicial del Consejo de Seguridad fue ése, pero ha quedado claro que el diseño no es adecuado.

El Consejo de Seguridad debe representar todas las voces y no sólo aquéllas de los más poderosos. Éste debe ser reformado para que pueda efectivamente hacer el contrapeso a los matones del barrio planetario, en lugar de dar a éstos derecho a voto y veto. En cuanto al respeto de los derechos individuales básicos, tal vez su misión más urgente como Secretaria General será crear una institucionalidad que permita que los países en conjunto se hagan responsables de proteger los derechos individuales de todos, y no sólo de sus ciudadanos.

Actualmente, “la comunidad internacional” es quien supuestamente se hace cargo de ayudar a personas en situaciones extremas (como los refugiados o aquellos en situación de crisis humanitaria). Pero ante un aumento de la migración global, los países individuales se han hecho más mezquinos en lugar de menos; menos dispuestos a integrar, en lugar de más. Considerando que, como individuos, no podemos abstraernos del sistema político global que cubre toda la superficie terrestre (excluyendo la Antártica), lo mínimo que se puede pedir de vuelta es que el movimiento entre estados se facilite en lugar de dificultarse, sobre todo cuando hay derechos humanos básicos de por medio.

Por supuesto, para que esto funcione una ONU reformada necesita poner énfasis en la coordinación entre países, para repartirse tareas y no dejar a nadie sin alternativa o en los limbos de los campos de refugiados. ¿Sabía que el promedio de estadía en éstos son 15 años? ¿Se imagina cuántas vidas suspendidas y cuánta capacidad humana desperdiciada?

Si remar juntos en vez de separados es lo que se requiere para lograr una migración global ordenada en lugar de caótica, lo mismo se necesita para enfrentar ese desafío que ha pasado a segundo plano por culpa de nuevas guerras innecesarias, pero que sigue siendo más real y urgente que nunca. Cuando la ONU se fundó, no se hablaba de cambio climático ni de crisis de la biodiversidad. Junto con la Gran Aceleración económica, sin embargo, nuestro uso y abuso de la naturaleza aumentó exponencialmente.

La doctrina de Soberanía Permanente sobre los Recursos Naturales que se estableció en los años ’60, para asegurar el crecimiento de los países menos desarrollados, hoy ya no puede justificarse si se la sigue entendiendo primariamente como derecho a explotar. Como futura secretaria, la encarezco a que cree un marco para que los estados en conjunto se hagan guardianes responsables de la naturaleza planetaria y no sólo la que cabe en sus territorios. Las agencias de medio ambiente que ya funcionan son necesarias, pero no suficientes para asegurarnos de que a futuras generaciones de Homo Sapiens y otras especies les quede planeta para vivir.

La ONU se creó antes de que viéramos la tierra desde el espacio: una sola casa sin divisiones visibles, interconectada y funcionando como un todo. Al mismo tiempo, el espíritu que animó la creación de la ONU es afín a esa imagen, y hoy ha llegado la hora de tomársela en serio. Nuestro sistema político global es joven y está en ajuste, pero ésa no es razón para descartarlo por completo a la primera panne.

Al contrario, es razón para revisar aquellos principios que lo fundaron y que hoy, debidamente reinterpretados, darían lugar a una ONU más fuerte, más representativa, y más sensible a los desafíos que enfrentamos como planeta. ¡Buena suerte, futura Secretaria General!

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