Mujeres trabajadoras organizadas: desafíos para los próximos cuatro años
El pasado 5 de marzo se realizó en Santiago el Congreso de Trabajadoras Organizadas, convocado por la Vicepresidencia de la Mujer de la Central Unitaria de Trabajadores(as) (CUT) y el Núcleo Milenio en Política Laboral, Vida Familiar y Colectiva (Labofam). La actividad reunió a más de 400 trabajadoras provenientes de ocho regiones del país, entre ellas numerosas dirigentas sindicales con amplia trayectoria en la defensa de los derechos laborales. El encuentro se desarrolló en la antesala de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y tuvo como eje la pregunta: ¿cuáles son los principales desafíos para las mujeres trabajadoras en los próximos cuatro años?
Las respuestas que emergieron del diálogo colectivo fueron diversas y convergieron en un diagnóstico compartido: los avances logrados en materia de derechos laborales y de igualdad de género siguen siendo frágiles y requieren ser defendidos activamente. En este sentido, uno de los consensos más reiterados durante la jornada fue la necesidad de no retroceder en las conquistas alcanzadas. La expresión “ni un paso atrás” apareció una y otra vez entre las intervenciones, configurando una especie de pacto tácito entre las participantes.
Este diagnóstico no es casual. Las políticas laborales con enfoque de género en Chile han sido históricamente el resultado de largos procesos de movilización social, negociación sindical y disputa política. Desde la ampliación de los derechos de maternidad hasta la reciente discusión sobre conciliación entre trabajo y vida familiar, cada avance ha estado acompañado de largas discusiones políticas.
En ese contexto, la eventual reconfiguración de las prioridades del Estado durante los próximos años abre interrogantes legítimas sobre la continuidad y profundización de estas políticas. Las intervenciones de las dirigentas sindicales y trabajadoras presentes en el encuentro permitieron identificar al menos tres dimensiones centrales de los desafíos que enfrentan las mujeres trabajadoras en el actual escenario político. La primera dimensión refiere al rol del Estado en la garantía de derechos laborales con perspectiva de género.
En el intercambio colectivo aparecieron con fuerza demandas históricas del movimiento sindical de mujeres: igualdad salarial, ampliación de los derechos materno-laborales, establecimiento de una sala cuna universal y fortalecimiento de las políticas de corresponsabilidad en el cuidado. Estas demandas responden a las condiciones concretas que enfrentan millones de mujeres trabajadoras, quienes continúan sosteniendo una doble o triple jornada entre trabajo remunerado y responsabilidades de cuidado no remuneradas. En Chile, la persistencia de brechas salariales de género y la sobrecarga de trabajo no remunerado evidencian que la inserción laboral femenina no ha ido necesariamente acompañada de una redistribución efectiva del cuidado.
Por ello, las participantes del congreso insistieron en que cualquier agenda laboral futura debe considerar de manera central la articulación entre trabajo productivo y reproductivo. En este marco, la expansión de la sala cuna universal, una deuda pendiente en este gobierno, y el fortalecimiento del postnatal parental fueron mencionados como medidas clave para avanzar hacia una mayor igualdad en el mercado laboral. Una segunda dimensión del debate se relaciona con la defensa de los derechos ya conquistados.
En el contexto de cambios políticos e institucionales, las trabajadoras manifestaron preocupación por posibles retrocesos en materia de derechos laborales y de género. Este temor se expresó en la reiterada consigna de proteger lo ganado y fortalecer los mecanismos institucionales que garantizan la igualdad. La historia del movimiento sindical y feminista en Chile demuestra que los derechos laborales no son irreversibles.
Por el contrario, su continuidad depende de la capacidad de organización colectiva y de la incidencia política de quienes los defienden. En este sentido, la advertencia de “no retroceder” refleja una lectura crítica del contexto actual y una reafirmación del rol del sindicalismo de mujeres en la defensa de los derechos laborales. La tercera dimensión, quizás la más significativa desde una perspectiva política, tiene que ver con los desafíos internos del propio movimiento de mujeres trabajadoras.
Más allá de las demandas dirigidas al Estado, las participantes del encuentro enfatizaron la necesidad de fortalecer las redes de solidaridad y organización entre mujeres. Palabras como “unirnos”, “avanzar juntas” y “salir a la calle” aparecieron reiteradamente en las intervenciones, evidenciando que la acción colectiva continúa siendo entendida como una herramienta fundamental para impulsar transformaciones sociales. Este llamado a la unidad no fue planteado únicamente como una estrategia táctica frente a un contexto político adverso.
Por el contrario, se presentó como una convicción profunda que reconoce el valor de la colaboración, la empatía y el apoyo mutuo entre mujeres trabajadoras. En un escenario marcado por la fragmentación del mundo laboral y la precarización de las condiciones de trabajo, fortalecer los vínculos organizativos se vuelve una condición clave para sostener y ampliar los derechos conquistados. En ese sentido, el congreso permitió visibilizar la vitalidad del sindicalismo desarrollado y liderado por mujeres en Chile.
Lejos de limitarse a la defensa de intereses sectoriales, las dirigentas presentes situaron sus demandas en un horizonte más amplio de justicia social e igualdad de género. La consigna histórica del movimiento feminista y sindical “mujeres unidas jamás serán vencidas” resonó durante la jornada como una declaración política que sintetiza la experiencia acumulada de décadas de organización colectiva. De cara a los próximos cuatro años, el desafío para las mujeres trabajadoras parece situarse en una doble estrategia: defender los avances alcanzados y, al mismo tiempo, continuar impulsando nuevas transformaciones.
Esto implica fortalecer el movimiento sindical con perspectiva de género y cuidados, ampliar las alianzas entre organizaciones sociales y sostener la incidencia política en la agenda pública.
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