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Movilización social y democracia en Chile
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10:52 · Chile

Movilización social y democracia en Chile

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Por Pablo Monje-Reyes En los últimos días, hemos asistido a una ofensiva retórica desde los sectores de ultraderecha en el Gobierno y el Parlamento, quienes han concentrado sus ataques en el Partido Comunista al acusarlo de promover la violencia política por el apoyo a movilizaciones en defensa de los derechos sociales adquiridos. Sin embargo, el fondo de esta acusación esconde una tesis peligrosa que busca igualar deliberadamente la movilización social con la violencia política para instalar la idea de que la protesta daña la democracia. Bajo esta lógica, la ultraderecha chilena parece conceptualizar una democracia meramente procedimental, donde el ejercicio de la ciudadanía se agota en el acto de delegar el poder cada cuatro años y la deliberación queda confinada exclusivamente a los muros del Parlamento.

Si bien el debate legislativo es legítimo, no es el único espacio de práctica democrática. Negar que los actores sociales organizados manifiesten su opinión en el espacio público es una postura conservadora que ignora las raíces mismas de la democracia moderna y de la libertad de expresión. Resulta paradójico que quienes hoy ostentan el poder ignoren que la democracia moderna se fundó, precisamente, sobre las movilizaciones sociales de la Francia de 1789, de hecho, sin la Revolución Francesa, las actuales voces conservadoras que hoy defienden una visión restrictiva de la democracia no tendrían ni siquiera derecho a voz ni voto.

La historia social y política es clara al demostrar que los derechos no se han ganado únicamente por la gestión o representación parlamentaria, sino por el empuje constante de quienes padecen las injusticias de quienes detentan el poder. Por ejemplo, la jornada laboral de ocho horas no fue una concesión gratuita de quienes tenían el poder, sino el resultado de la movilización de los trabajadores en Chicago en 1886, ocurrida dentro de esa misma democracia estadounidense que tanto admiran los sectores hoy están en el poder en Chile. De igual manera, el sufragio femenino en Chile solo fue posible en 1949 tras una larga lucha de movimientos de mujeres, un gran avance democratizador que este año cumple 77 años de haber sido logrado.

En síntesis, la democracia se nutre de la movilización social para alcanzar y consolidar tanto conquistas sociales como políticas. Criminalizar esta expresión es propio de sectores que buscan fabricar un enemigo interno para justificar la aniquilación de la disidencia bajo el pretexto de defender una democracia restringida. La historia demuestra que la movilización no es una amenaza, sino el motor fundamental que impide que los derechos sociales se vulneren o sean simplemente anulados por quienes ven en la movilización social un peligro para sus intereses de clase, eso es al fin de cuentas.

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