Minería, energía e IA: la oportunidad de Chile choca con permisos, costos y confianza
Chile está hace tiempo en el mapa grande de la inversión global por su minería. Pero la transición energética, la competencia por minerales críticos, la seguridad de suministro y la revolución de la inteligencia artificial nos han dado un nuevo protagonismo estratégico: somos un país con los recursos naturales necesarios, producción a escala y estabilidad. El punto de fondo es menos épico y más complejo: tener cobre, litio, sol y viento ya no alcanza.
Ese fue el eje de una nueva Cumbre El Semanal de El Mostrador, que reunió a Joaquín Villarino, presidente del Consejo Minero; Jaime Toledo, líder regional de Acciona; y Francisco Vildósola, gerente de Asuntos Públicos de Andes Iron. La conversación buscó salir del diagnóstico conocido –Chile tiene una oportunidad histórica– para entrar en la pregunta que importa: si el país tiene las condiciones institucionales, regulatorias, energéticas, ambientales y sociales para transformar esa oportunidad en proyectos concretos. Villarino partió desde el vaso medio lleno.
A su juicio, Chile está ante “un momento espectacular”, porque posee los recursos más demandados por fenómenos globales que llegaron para quedarse: descarbonización, electromovilidad, inteligencia artificial y salida de la pobreza. “Somos dueños de los recursos que están siendo más demandados por fenómenos globalmente acordados: disminución de emisiones, electromovilidad, mayor conectividad y salida de la pobreza”, afirmó. Y puso una cifra sobre la mesa: una cartera de inversiones mineras superior a US$ 100.
000 millones. Eso sí, el presidente del Consejo Minero también puso límites al entusiasmo. Chile sigue siendo atractivo por su capital humano, proveedores, infraestructura, cultura minera y marco jurídico, pero esa ventaja exige gestión.
“Nuestro sistema de permisos no es lo suficientemente eficiente ni entrega las respuestas que debería dar a estas alturas del debate”, advirtió. El problema, dijo, no es solo burocracia: también es capacidad estatal. “Los proyectos mineros son cada vez más sofisticados y requieren contrapartes estatales más sofisticadas.
Muchas veces esa sofisticación no se ha producido al otro lado”, señaló. Desde el mundo energético, Toledo coincidió en que Chile tiene atributos difíciles de replicar. Certeza jurídica, estabilidad institucional, bajo riesgo país relativo, radiación solar en el norte y vientos en el sur.
Su optimismo vino con una advertencia directa: la ventaja energética se puede perder si no se corrigen distorsiones regulatorias. “Los beneficios de la transición energética y de las energías limpias van a llegar a los clientes finales si se hacen ciertos cambios regulatorios que tienen que hacerse”, dijo. El problema, explicó, es que Chile sigue operando con un sistema de tarificación diseñado en 1982, pensado para una matriz hidráulica y térmica, no para una red con energía eólica, solar, geotermia y baterías.
Toledo puso números a la paradoja: el país bota cerca de 6 terawatts hora al año de energía limpia, equivalentes al consumo de 2 millones de hogares, mientras sigue quemando combustibles fósiles. “El año pasado importamos US$ 17. 000 millones en combustibles fósiles y quemamos cerca de US$ 47 millones diarios para producir energía, mientras botábamos energía limpia en el norte”, sostuvo.
Su apuesta es que el despliegue de baterías puede cambiar la ecuación, permitir contratos renovables 24/7 y desacoplar a la industria chilena de la volatilidad del petróleo y el gas. La discusión se volvió más áspera al entrar en costos eléctricos. Toledo apuntó a los servicios complementarios, despachos por seguridad y pagos asociados a centrales fósiles.
Según planteó, un contrato renovable con un minero podría costar US$ 40 o US$ 50 por megawatt hora, pero puede recibir hasta US$ 20 adicionales por cargos vinculados a operaciones forzadas de combustibles fósiles. “Hoy los servicios complementarios les cuestan a los consumidores finales US$ 460 millones al año. Si logramos bajar eso un tercio o la mitad, sería un ahorro muy importante y una ventaja competitiva para los consumidores de energía”, afirmó.
Villarino reforzó el punto desde la minería. Aunque el sector tiene cerca de 70% de su energía contratada con fuentes limpias, sus cuentas eléctricas siguen presionadas por cargos adicionales, servicios complementarios, PMGD y costos traspasados a clientes libres. “Las cuentas eléctricas del sector minero están infladas”, dijo.
Y agregó una frase que resume buena parte del debate: “A Chile le hace falta una discusión en serio sobre una reforma a nuestro sistema eléctrico. Hemos ido parchando el sistema a medida que se incorporan nuevas tecnologías”.
¿Te pareció importante esta noticia?
Compártela y mantén informado a Chile