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Menos impuestos, más dudas: economistas dudan que baja tributaria se traduzca en más inversión real
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06:10 · Chile

Menos impuestos, más dudas: economistas dudan que baja tributaria se traduzca en más inversión real

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El Presidente José Antonio Kast salió a jugarse su primera cadena nacional con una apuesta clara: crecimiento primero, lo demás después. Desde Cerro Castillo, el Mandatario presentó su “Ley de Reconstrucción y Desarrollo Económico y Social”, conocida como ley miscelánea, un paquete de más de 40 medidas donde el corazón no está en el alivio inmediato al bolsillo, sino en su conocida receta: menos impuestos, más inversión, más empleo. La arquitectura del plan no dejó mucho espacio a la duda.

Rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, reintegración total del sistema tributario, invariabilidad por hasta 25 años para grandes inversiones y una ofensiva contra la “permisología” para destrabar proyectos. Todo bajo una premisa que Kast repitió sin rodeos: el crecimiento es la base para financiar lo social. Pero ahí mismo se abre la discusión de fondo: ¿esas medidas realmente empujan la inversión y el crecimiento, o terminan beneficiando sobre todo a los grandes capitales?

Rebaja de impuestos: ¿motor o apuesta riesgosa? El exministro de Economía de Bachelet I, Alejandro Ferreiro, puso el dedo en la llaga. Si bien valoró el foco en empleo y reconstrucción –“ponen al país en un mejor pie para el crecimiento”–, advirtió que la estrategia fiscal tiene un talón de Aquiles.

“Concentrar los incentivos en rebajas tributarias sin compensaciones claras puede agudizar el déficit”, alertó. Y fue más allá: el crecimiento no alcanza a cubrir el costo de bajar impuestos. Según explicó, “en el largo plazo se recupera entre un 40% y 50% de lo que se deja de recaudar”.

En simple: la promesa de que menos impuestos se pagan solos con más crecimiento, para Ferreiro, no cuadra del todo. Además, cuestionó medidas como la eliminación de contribuciones, calificándola derechamente de “regresiva”, al beneficiar –dijo– a sectores de mayores ingresos más que a la clase media. La otra vereda: crecimiento como única salida En contraste, el también exministro de Economía Jorge Rodríguez Grossi ve el vaso medio lleno.

Para él, la rebaja del impuesto corporativo y la reintegración no son un regalo al gran capital, sino una palanca para reactivar la economía. Su argumento es directo: mejorar la rentabilidad de las inversiones incentiva contratación y termina impactando en empleo y bienestar. Eso sí, reconoce la gran incógnita: si el crecimiento alcanzará para compensar la menor recaudación.

“Depende de cuán atractivo sea Chile para inversionistas”, planteó, dejando abierta la duda clave del diseño: no hay garantías. Desde el mundo académico, el analista económico de la UNAB y OpenBBK Alejandro Urzúa baja el tono épico. A su juicio, el plan va en la dirección de destrabar inversión, pero sin milagros.

“No es una bala de plata”, resume. Puede empujar proyectos nuevos, sí, pero también –y probablemente en mayor medida– mejorar los números de inversiones que ya estaban en carpeta. Y sobre el punto más sensible –si beneficia al 1% más rico–, su diagnóstico es matizado: en una primera etapa, los beneficios tienden a concentrarse en quienes ya tienen capital, aunque el efecto final dependerá de si efectivamente se genera inversión adicional.

La defensa del paquete Desde el Gobierno y el mundo empresarial salieron rápidamente a cerrar filas tras la cadena nacional de José Antonio Kast, defendiendo la rebaja de impuestos y la reintegración tributaria como piezas clave para reactivar una economía que –según insisten– viene arrastrando más de una década de bajo crecimiento. El biministro Daniel Mas puso el tono: con “850 mil desempleados” y un crecimiento promedio del 2% en 12 años, aseguró que el país necesita un giro urgente. La receta, dijo, pasa por competitividad tributaria, menos trabas y certezas jurídicas para empujar la inversión y, con ello, el empleo.

“Vamos a volver a poner en marcha nuestra economía”, afirmó, defendiendo que el foco del plan está en generar “más y mejores trabajos”. El respaldo también llegó desde la industria. La ASIMET valoró especialmente la rebaja del impuesto corporativo y la reintegración del sistema, apuntando a un efecto concreto: más liquidez para invertir.

Su presidente, Fernando García, sostuvo que estas medidas pueden destrabar decisiones de inversión en sectores intensivos en capital –como la manufactura– al facilitar la reinversión de utilidades y financiar expansión productiva, automatización y modernización tecnológica. Eso sí, incluso desde el gremio ponen una nota de cautela: las rebajas tributarias, por sí solas, no garantizan un aumento sostenido de la inversión. El flanco político En el plano político, el oficialismo comenzó a alinearse.

El jefe de bancada de RN, Diego Schalper, confirmó el respaldo al proyecto, destacándolo como “un cambio de rumbo” que apunta a reactivar el país y generar nuevas oportunidades. Según dijo, el plan se ha ido acotando hacia medidas directamente vinculadas a crecimiento y reconstrucción, despejando resistencias iniciales de Chile Vamos. Por su parte, la jefa de la bancada de senadores RN e integrante de la Comisión de Hacienda, María José Gatica, reafirmó el punto señalando que “la farra del Frente Amplio tiene a Chile con resaca, por lo que hay que tomar medidas que reactiven la economía, así tendremos más empleo, menor tasa de interés, y mayor inversión”.

También desde la Comisión de Hacienda del Senado, la senadora socialista Paulina Vodanovic fue directa: a su juicio, el proyecto no trae sorpresas y confirma una orientación clara hacia aliviar la carga tributaria de las grandes empresas. “Aquí lo que se busca es rebajar el impuesto sin compensación”, cuestionó, advirtiendo que eso va en sentido contrario a una reforma tributaria tradicional, que apunta a recaudar más para financiar políticas públicas. La crítica no se quedó solo en lo técnico.

Vodanovic también apuntó a la forma: acusó falta de diálogo con la oposición, con sectores del propio oficialismo e incluso con el Consejo Fiscal Autónomo, que había recomendado construir un diagnóstico compartido. El resultado –según dijo– es un diseño en que “termina habiendo menos recursos para la gente que más necesita”. En paralelo, desde el Partido de la Gente –que puede ser clave para el destino del proyecto– el tono fue igual de duro, pero con foco en el bolsillo.

El jefe de bancada, Juan Marcelo Valenzuela, resumió el malestar sin matices: “Así no se puede”. El reproche apunta al corazón del debate: mientras el Gobierno apuesta a que la rebaja del impuesto corporativo genere efectos en el tiempo, el PDG acusa que no hay medidas concretas para la clase media hoy. “Permitía poner dinero en el bolsillo de la clase media, no en cuatro años más”, lanzó, criticando que se haya descartado su propuesta de un FUT mejorado.

La bancada también cuestionó la falta de alivios directos –como devolución de IVA en productos básicos– y advirtió que no entregará “cheques en blanco”. La diputada Flor Contreras fue clara: sin beneficios tangibles para la clase media regional, no habrá votos. En la misma línea, Fabián Ossandón puso el foco en la incertidumbre: “Esto es solo un anuncio”, dijo, a la espera de la “letra chica”.

Así, mientras el Ejecutivo empuja su tesis de que menos impuestos hoy traerán más crecimiento mañana, en el Congreso empieza a instalarse otra pregunta: si ese diseño alcanza para sostener apoyo político cuando los beneficios inmediatos no aparecen.

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