Matcha: la bebida japonesa que pasó de tradición milenaria a fenómeno global
La industria del té ha estado en constante evolución en los últimos años. Durante mucho tiempo se percibió como una bebida tradicional, con poca innovación. Pero eso ha cambiado.
Hoy los consumidores están cada vez más informados y exigentes, buscando nuevas variedades, blends, orígenes e incluso formatos distintos de consumo. En ese contexto, pocas tendencias reflejan mejor este cambio que el auge del matcha. Como CEO de Adagio Teas Chile, empresa dedicada al té premium, he podido observar cómo este producto pasó en pocos años de ser prácticamente desconocido fuera de Japón a convertirse en una de las bebidas de mayor crecimiento en el mundo.
Y esa misma tendencia global empieza a instalarse en Chile. Durante siglos, el Matcha fue parte de una tradición profundamente japonesa. Se trata de un polvo verde obtenido de hojas de té cultivadas a la sombra y molidas lentamente en piedra, preparado en ceremonias donde cada gesto tiene significado.
Hoy ese producto ancestral se transformó en uno de los ingredientes más dinámicos de la industria global de alimentos y bebidas. El mercado mundial del Matcha superó los US$5 mil millones en 2025 y se proyecta que seguirá creciendo con fuerza durante la próxima década, impulsado por el auge de las bebidas funcionales y el interés por productos naturales, según estimaciones. Pero el crecimiento ha sido tan acelerado que incluso en el último tiempo ha comenzado a tensionar su propia producción.
Japón, principal productor mundial de Matcha premium, enfrenta una demanda internacional que en algunos momentos supera la oferta disponible. En zonas históricas de cultivo como Uji o Nishio, productores ya han advertido presiones en la cadena de suministro debido al aumento sostenido del consumo global, como reportó Time en un artículo recientemente publicado. La razón es simple: producir Matcha de calidad es un proceso lento y especializado.
Las plantas se cultivan a la sombra durante semanas para concentrar clorofila y aminoácidos; luego las hojas se procesan y finalmente se muelen en molinos de piedra que producen cantidades muy pequeñas por hora. No es una producción que pueda escalar rápidamente. En paralelo, el Matcha dejó de ser un producto de nicho.
Hoy aparece en cafeterías, pastelerías, heladerías y restaurantes en ciudades de todo el mundo. Su popularidad responde a varias tendencias: consumidores que buscan alternativas al café, interés por alimentos funcionales y una cultura gastronómica cada vez más abierta a ingredientes globales. Chile no está ajeno a este fenómeno.
En los últimos años comenzó a aparecer con mayor frecuencia en cartas de cafeterías, productos de repostería y tiendas especializadas. Lo que antes era un ingrediente poco conocido hoy empieza a instalarse como una alternativa habitual para muchos consumidores. Como ocurre con muchas tendencias globales, el desafío ahora es la calidad.
No todo lo que se vende como Matcha corresponde necesariamente al estándar que caracteriza a este producto en Japón, y la diferencia entre un Matcha auténtico y uno de baja calidad puede ser considerable. El desarrollo de esta categoría en Chile dependerá no solo del crecimiento del consumo, sino también de la educación del mercado y de una mayor valoración por el origen y los procesos detrás de este producto. Todo indica que estamos frente a una tendencia que recién comienza.
El Matcha ya dejó de ser una curiosidad gastronómica para convertirse en una industria global en expansión y, probablemente, en el inicio de una nueva etapa en la cultura del té.
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