Masacres escolares: el crimen en Argentina, las señales en las redes del tirador y el reflejo en Chile
Argentina todavía intenta procesar una masacre inédita en poco más de dos décadas: un estudiante de 15 años entró con una escopeta a la Escuela Nº40 “Mariano Moreno”, en el pequeño pueblo de San Cristóbal (Santa Fe), mató a su compañero Ian Cabrera (13) e hirió a otros dos. Fue casi en paralelo a una semana también violenta en Chile: al recordado crimen en Calama, donde un joven de 18 ultimó a la inspectora escolar, se sumó el ingreso armado de un chico de 15 en Curicó y otro adolescente apuñalado, también en Calama. Lee también...
Alumno entra armado a un colegio en Argentina y mata a tiros a un compañero Lunes 30 Marzo, 2026 | 10:26 La historia, que parece calcada de una de las tantas matanzas en Estados Unidos, ocurrió a primera hora de la mañana del 30 de marzo, cuando la rutina escolar todavía no había terminado de desplegarse, en pleno izamiento de la bandera. El alumno llevaba una escopeta calibre 12/70 de doble cañón, utilizada para la caza, oculta dentro de un estuche de guitarra. Disparó entre cuatro y cinco veces.
Mató a Ian Cabrera, de 13 años, con quien no tenía vínculo alguno -se cree que fue circunstancial que la bala lo alcanzara-, e hirió a otros dos chicos. La secuencia terminó cuando un asistente escolar se abalanzó sobre él y logró reducirlo. La reconstrucción judicial posterior señala que el ataque habría sido planeado.
De todos modos, el atacante es inimputable bajo la legislación vigente. Tal como explicó el ministro de Seguridad provincial, el joven de 15 años no puede recibir una pena carcelaria. La reforma de Javier Milei, que baja la edad de imputabilidad de 16 a 14 años, aprobada por el Congreso en febrero pasado, aún no entró en vigencia: será efectiva 180 días después de su publicación en el Boletín Oficial, es decir, recién el 5 de septiembre.
En consecuencia, el proceso judicial se orientará hacia medidas “curativas, tutelares y de resguardo”. Lee también... Doble triunfo de Milei: Congreso de Argentina aprueba reforma laboral y rebaja de edad penal a 14 años Sábado 28 Febrero, 2026 | 01:06 Episodios autolesivos y problemas psicológicos En diálogo con Aire de Santa Fe, la defensa reveló que el tirador atravesaba episodios autolesivos y estaba bajo tratamiento psicológico.
Habló de rasgos de introversión, de “autoatentados contra su vida” y de una situación familiar “compleja”, sin mayores detalles. El ministro de Educación provincial, José Goity, advirtió que el agresor “atravesaba una situación intrafamiliar muy compleja”, y descartó hechos de acoso o maltrato escolar, pese a testimonios de padres y alumnos que mencionaban situaciones de hostigamiento y aislamiento, además de un video viralizado en redes donde otros compañeros le patean la silla al tirador dentro del aula. El contraste entre el “buen y tranquilo alumno” que describían docentes y el que ejecutó el homicidio es, quizás, uno de los puntos más inquietantes.
No había alertas institucionales claras, ni intervenciones previas del sistema. Hay otro plano que tomó fuerza con el correr de los días referido al terreno digital. Perfiles en redes sociales atribuidos al joven de 15 años, revelados por Infobae, evidenciaron un consumo reiterado de contenido vinculado a tiradores escolares.
Referencias a casos como Columbine, Virginia Tech o la masacre en Serbia aparecen en videos, imágenes y estéticas replicadas. De las comunidades incels a una cultura global de la violencia, incluso con penetración en pequeños pueblos, que circula en formato de meme, TikTok o relato “épico”. Publicaciones en redes sociales del tirador | Infobae Crímenes escolares en ambos lados de la cordillera El caso argentino encontró, casi en simultáneo, un reflejo en Chile.
En Calama, un estudiante de 18 años, identificado como Hernán Meneses Laal, atacó el 27 de marzo con un arma blanca a la comunidad educativa del Instituto Obispo Silva Lezaeta. Mató a una inspectora y dejó cuatro heridos, entre ellos tres alumnos. La investigación avanzaba en determinar que el ataque había sido planificado durante al menos cuatro meses.
El joven se encerró en un baño, se vistió de negro, se colocó antiparras y salió armado con un cuchillo de doble filo de 30 centímetros. La secuencia de Calama guarda elementos que dialogan con Santa Fe, como la preparación previa, la elección del escenario escolar y la multiplicidad de víctimas, además del contenido en las redes sociales celebratorio de la violencia. También, otra vez, un trasfondo de salud mental: depresión severa, según los informes citados por La Tercera.
Según los investigadores, Meneses Laal tenía como objetivo matar a más personas y luego suicidarse. Habría dejado rastros de esa intención en escritos y contenidos digitales. Durante la semana, el fenómeno se “trasladó” a Curicó, aunque afortunadamente sin víctimas.
Un adolescente de 15 años fue detenido cuando intentaba ingresar armado al Colegio Polivalente Japón con un arma cargada. Y el último miércoles, otro episodio de violencia con arma blanca entre estudiantes en Calama dejó a un joven apuñalado. Dos estudiantes se enfrentaron en el exterior del recinto educativo y uno de ellos acuchilló al otro, de 15 años, para después fugarse.
Los dos antecedentes de masacres estudiantiles en Argentina El reciente episodio en Santa Fe trajo a la memoria colectiva la tragedia de Carmen de Patagones, al sur de la provincia de Buenos Aires, en 2004. En aquel entonces, Rafael “Juniors” Solich, de apenas 15 años, utilizó el arma reglamentaria de su padre, un integrante de una fuerza de seguridad, para abrir fuego contra sus compañeros, dejando un saldo de tres fallecidos y cinco heridos. No obstante, el primer gran antecedente de este siglo ocurrió en el 2000 con el caso de Javier Portillo, apodado despectivamente como “Pantriste” por su parecido con el personaje animado de Manuel García Ferré, el joven de 19 años reaccionó de forma letal tras años de padecer hostigamiento y burlas por su personalidad retraída.
Después de un episodio de maltrato, “Pantriste” regresó a su escuela con una pistola calibre 22 propiedad de su progenitor. El ataque terminó con la vida de Mauricio Salvador, de 16 años. Al igual que en elcaso de “Juniors”, el proceso concluyó con una declaración de inimputabilidad, aceptando el argumento de la defensa sobre el estado de alienación mental derivado del acoso sistemático.
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