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Más allá del avistamiento: Por qué nuestra curiosidad es el mayor riesgo ante la influenza aviar
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14:02 · Chile

Más allá del avistamiento: Por qué nuestra curiosidad es el mayor riesgo ante la influenza aviar

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La detección de casos de Influenza Aviar de Alta Patogenicidad (IAAP) en las regiones de Valparaíso y el Maule, reportados desde inicios de marzo de 2026, nos sitúa nuevamente ante un desafío que trasciende la sanidad animal. La reaparición del virus en especies silvestres como el cisne coscoroba y en aves de traspatio, no es solo una estadística técnica, es un recordatorio de la estrecha y, a veces, riesgosa convivencia que mantenemos con nuestro entorno natural. Desde la epidemiología veterinaria, observamos con especial atención la interfaz de riesgo que se genera en nuestras zonas rurales y humedales.

La proximidad de aves domésticas a reservorios silvestres actúa como un puente epidemiológico que puede comprometer tanto la biodiversidad local como la seguridad de los pequeños productores avícolas. Sin embargo, hay un factor determinante que suele pasar inadvertido: el comportamiento humano. Un aspecto crítico en la gestión de estos brotes es la gestión de nuestra propia curiosidad.

Ante el hallazgo de fauna silvestre afectada o con comportamientos erráticos, la tendencia natural de las personas suele ser acercarse para observar, intentar ayudar o incluso documentar el evento con sus teléfonos móviles. En epidemiología, sabemos que este contacto estrecho —aunque nazca de la preocupación o el asombro— es precisamente el factor que puede romper la barrera biológica entre especies. La prevención de contagios en humanos depende directamente de entender que un ave enferma no es un objeto de registro visual o de rescate doméstico, sino un riesgo sanitario que exige distancia física y el manejo exclusivo de personal especializado.

Bajo el enfoque de “Una Salud” (One Health), comprendemos que la salud de los ecosistemas está intrínsecamente ligada a la nuestra. Por ello, la respuesta a estos hallazgos requiere una sintonía fina entre la vigilancia de las autoridades, el rol preventivo de los municipios y, fundamentalmente, la responsabilidad ciudadana. La colaboración intersectorial es el camino para asegurar que una emergencia en la fauna silvestre no escale hacia las comunidades humanas.

¿Qué rol nos corresponde hoy? El de ser observadores conscientes. Si encontramos aves muertas o enfermas, el llamado es a la prudencia: evitar el contacto directo y dar aviso inmediato a las instituciones competentes (SAG).

Esta acción sencilla, pero responsable, es la herramienta más eficaz para que los equipos técnicos realicen su labor de manera segura y oportuna. Como academia, nuestro compromiso es seguir aportando claridad y conocimiento en momentos de incertidumbre. La influenza aviar es una realidad con la que debemos aprender a convivir, fortaleciendo nuestra capacidad de respuesta y, sobre todo, nuestra conciencia sobre la interdependencia que compartimos con el mundo animal.

Por Francisca Di Pillo Académica investigadora Facultad de Medicina Veterinaria y Agronomía Universidad de Las Américas.

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