Más allá de la guerra: la Pascua mantiene viva a Ucrania
En medio del ruido constante de misiles, destrucción y titulares de guerra, detenerse en la Pascua en Ucrania no es un gesto menor: es una forma de comprender qué es lo que, en última instancia, se está intentando preservar. Porque más allá del frente, hay una cultura profundamente arraigada en rituales, símbolos y prácticas que han sobrevivido a imperios, ocupaciones, hambrunas y regímenes represivos. Lee también...
Bucha: Cuatro años de la barbarie rusa y la búsqueda de justicia Miércoles 01 Abril, 2026 | 12:29 La Pascua, “Velykden” (Великдень), literalmente “el Gran Día”, es probablemente la festividad más importante del calendario religioso y cultural ucraniano. Su peso no es solo espiritual: es identitario, comunitario y, en muchos sentidos, político. Una tradición que antecede al cristianismo Aunque la Pascua es una celebración cristiana vinculada a la resurrección de Cristo, en Ucrania sus raíces son mucho más antiguas.
Antes de la cristianización de la Rus de Kyiv en el año 988, las comunidades eslavas ya celebraban la llegada de la primavera con rituales ligados a la fertilidad, el renacimiento de la naturaleza y el ciclo agrícola. Con la adopción del cristianismo, estas prácticas no desaparecieron, se resignificaron. El resultado es una de las características más distintivas de la cultura ucraniana, la superposición de capas simbólicas, donde lo pagano y lo cristiano conviven sin conflicto y se amalgaman a un perfil cultural.
El huevo, por ejemplo, ya era un símbolo de vida y renovación mucho antes del cristianismo. Con el tiempo, pasó a representar la tumba vacía y la resurrección. Este tipo de integración no es anecdótica, explica por qué muchas tradiciones pascuales ucranianas tienen una densidad simbólica que va más allá de lo religioso.
La Pascua no es un evento aislado, sino el punto culminante de un proceso. La Semana Santa está marcada por una combinación de ayuno, limpieza ritual y preparación doméstica. Durante la Cuaresma, especialmente en su fase final, se observa un ayuno estricto, se evita el consumo de carne, lácteos y, en muchos casos, incluso aceite.
Pero el ayuno no es solo alimentario, también implica introspección, reconciliación y orden espiritual. El Jueves Santo tiene un significado particular, es el día de la limpieza, la purificación. Las casas se ordenan profundamente, se lavan íconos, se ventilan espacios.
La lógica es clara, no se puede celebrar la resurrección sin antes purificar el entorno. El Viernes Santo es el día más solemne. No se cocina, no se celebra.
Es un día de duelo. Y luego llega el sábado, el momento de la transformación. Uno de los elementos más característicos de la Pascua ucraniana es la preparación de la canasta pascual, una canasta con alimentos que serán bendecidos en la iglesia durante la noche del sábado o la madrugada del domingo.
Cada elemento tiene un significado preciso: – Paska: un pan dulce alto y esponjoso, decorado con cruces o motivos religiosos. Representa a Cristo como el “pan de vida”. – Huevos decorados (pysanky y krashanky): símbolos de vida y resurrección.
– Embutidos y carnes: el fin del ayuno, la abundancia recuperada. – Manteca o queso: a menudo moldeados en forma de cordero, símbolo de sacrificio. – Sal: purificación y protección.
– Rábano picante (Khrín): amargura del sufrimiento que precede a la redención. La canasta se cubre con un paño bordado, “Rushnyk”, que también tiene carga simbólica y suele ser heredado o hecho a mano por la dueña de casa. Lo interesante aquí es que no se trata simplemente de comida, es una narrativa comestible.
Cada ingrediente cuenta una parte de la historia. Hablar de Pascua en Ucrania sin detenerse en los “Pysanky” sería superficial. No son simples huevos decorados, son una forma de arte ritual con siglos de historia.
La palabra Pysanka proviene del verbo “escribir” (Pysaty), lo cual ya marca una diferencia conceptual: no se “pintan” huevos, se “escriben”. La técnica es compleja. Se utiliza cera caliente para cubrir partes del huevo que se quieren preservar en el color vigente.
Luego se sumerge sucesivamente en distintos colores, tintas, de claro a oscuro. El resultado es un diseño multicolor con capas de significado. Cada símbolo tiene una intención: – Sol y estrellas: energía, eternidad.
– Triángulos: la Santísima Trinidad o elementos naturales. – Espigas: abundancia. – Ciervos o aves: vida y renovación.
Rojo: amor, vida. Negro: eternidad. Amarillo: luz, cosecha.
Históricamente, los “Pysanky” no eran simples elementos decorativos, sino que se los consideraba símbolos protectores. Se les atribuía un poder especial, alejaban el mal, aseguraban buenas cosechas y protegían el hogar. Este elemento es, en términos culturales, funcional dentro de un sistema de creencias.
La celebración central ocurre durante la noche del sábado al domingo. Las iglesias se llenan de fieles que llevan sus canastas para ser bendecidas. En muchas localidades, la liturgia incluye una procesión alrededor de la iglesia a medianoche, simbolizando el paso de la muerte a la vida.
Es un momento de fuerte carga emocional y comunitaria. En zonas rurales, las celebraciones incluyen cantos tradicionales (Hayivky) y juegos que combinan elementos religiosos y folclóricos. Después de semanas de ayuno, el primer bocado, generalmente un huevo bendecido, tiene un significado profundo.
No es solo el fin del sacrificio: es la renovación del ciclo. Pascua bajo el comunismo: la fe en la clandestinidad Uno de los aspectos menos explorados, pero más reveladores, es cómo estas tradiciones sobrevivieron durante el período soviético. Bajo el régimen de Moscú, durante la Unión Soviética, la religión fue sistemáticamente reprimida.
Iglesias cerradas, sacerdotes perseguidos, prácticas religiosas prohibidas o desincentivadas. Sin embargo, la Pascua no desapareció. Se replegó al ámbito privado.
Las familias seguían decorando huevos en secreto. Se horneaban Paskas sin hacerlo visible. Las canastas no siempre se llevaban a bendecir, pero el ritual doméstico persistía.
Este fenómeno es fundamental para entender la resiliencia cultural ucraniana: cuando una práctica se internaliza al nivel familiar, se vuelve mucho más difícil de erradicar. En algunos casos, las celebraciones se desplazaban a horarios o lugares no oficiales. En otros, se mantenían símbolos sin referencia explícita religiosa, como forma de adaptación.
La Pascua, en ese contexto, se transformó en algo más que una festividad: era una forma de resistencia silenciosa. La diáspora ucraniana, especialmente en países como Canadá, Estados Unidos, Brasil y Argentina, jugó un rol clave en la preservación y difusión de estas tradiciones. En ciudades con comunidades ucranianas activas, las iglesias, centros culturales y familias mantuvieron prácticas que incluso en Ucrania estaban siendo perseguidas y prohibidas.
Esto generó un fenómeno interesante, en algunos casos, la tradición “en el exterior” se volvió más conservadora o más “pura” que en el propio territorio. Hoy, con la guerra, este circuito vuelve a activarse, la cultura se convierte en puente, en narrativa alternativa frente a la simplificación mediática del conflicto. Desde 2014 y especialmente desde 2022, la celebración de Pascua en Ucrania ocurre bajo condiciones extraordinarias.
En ciudades cercanas al frente, las iglesias pueden funcionar con restricciones, los horarios se ajustan a toques de queda, y las reuniones masivas se limitan por seguridad. Sin embargo, la celebración no se cancela. Hay imágenes de soldados decorando huevos en trincheras, de familias celebrando en refugios, de sacerdotes bendiciendo canastas en zonas devastadas.
En contextos de guerra, las tradiciones cumplen una función crítica reforzando la identidad, sosteniendo la moral, y generando continuidad y pertenencia en medio del caos. Reducir la Pascua ucraniana a una celebración religiosa sería perder el foco, se trata de un sistema complejo donde convergen la historia precristiana, el cristianismo, prácticas familiares, la resistencia política y hasta las expresiones artísticas en cada elemento que componen su celebración. Y, sobre todo, es una ventana para entender cómo una sociedad construye continuidad a lo largo del tiempo.
Lee también... El mito del "mundo ruso" y la narrativa que justifica la expansión Martes 24 Marzo, 2026 | 16:35 En un contexto donde la narrativa dominante sobre Ucrania está mediada por la guerra, poner el foco en estas tradiciones permite ver no solo qué está en riesgo, sino aquello que está siendo activamente defendido. Hablar de Pascua en Ucrania hoy es, en sí mismo, un acto político en el sentido más amplio, implica desplazar la mirada desde la destrucción hacia la vida que persiste.
Mientras los titulares hablan de misiles, hay manos que siguen dibujando pysanky. Mientras se destruyen ciudades, hay hornos encendidos preparando Paska. Mientras se negocian territorios, hay familias que mantienen rituales que tienen más de mil años.
La Pascua, en este contexto, no es solo memoria: es presente activo. Y entenderla, en su profundidad y en su complejidad, es una forma más precisa de entender qué significa realmente Ucrania. No me queda mejor manera de terminar esta columna que compartiendo un saludo pascual tradicional ucraniano: “Христос воскрес!
” (Khrystos voskres! ) → “¡Cristo ha resucitado! ” Y su respuesta: “Воістину воскрес!
” (Voístynu voskres! ) → “¡En verdad ha resucitado! ” Alejandro Pundyk Lic.
en Administración, Universidad de Buenos Aires. Descendiente de ucranianos. Activista por Ucrania y traductor al español del libro Ecos de guerra.
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